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Entrevistas

SEBASTIÁN ERRÁZURIZ

UNA MENTE MARAVILLOSA

22 mayo, 2019
Sebastian Errazuriz

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UNO DE LOS ARTISTAS Y DISEÑADORES CHILENOS MÁS IMPORTANTES EN LA ESCENA INTERNACIONAL ENFRENTA SUS 41 AÑOS CON DOS NUEVOS DESAFÍOS: LA CREACIÓN DE UNA PLATAFORMA QUE BUSCA REVOLUCIONAR EL MUNDO DEL ARTE, Y SU DIFÍCIL APRENDIZAJE HACIA LA FELICIDAD.

Texto: Manuel Santelices  Fotos: Ari Maldonado

HACE UNAS SEMANAS, EL ARTISTA Y diseñador Sebastián Errázuriz inauguró una nueva obra en el Lower East Side de Nueva York con un cóctel y charla en la galería Richard Taittinger en Ludlow Street. Luego hizo una fiesta en la azotea del New Museum en el Bowery. Como era de esperarse en Errázuriz, un crea dor que pone pocos límites a los alcances de su imaginación y sus ambiciones, la instalación Blue Marble fue monumental no sólo en términos de tamaño (una pantalla led circular de casi 7 metros de alto), sino también técnicos, logísticos y tecnológicos. Decidido a crear una pausa en la ciudad, instaló la pantalla en un sitio vacío en la mitad de la calle y transmitió imágenes directamente de un satélite de la Nasa, las que, a través de un software especial, fueron proyectadas en tiempo casi real dando la oportunidad de observar la Tierra desde el universo y, quizás, de darnos cuenta de que “estamos todos juntos en esta pequeña roca”. Según dice, la idea se le ocurrió años atrás y por largo tiempo quedó guardada junto a tan tas otras ideas en su carpeta de cosas por hacer.

“Piensa que yo trabajo en alrededor de 40 pro yectos paralelamente. Para mí es como jugar en diferentes tableros de ajedrez. Doy por hecho que no hay que obsesionarse con terminar un tablero completo; es mucho mejor estudiar la siguiente movida y pasar al siguiente”.

Blue Marble no pasó a su etapa de ejecución hasta que, luego de dar una conferencia para líderes tech en Silicon Valley, uno de ellos se le acercó y le ofreció ayuda para sus proyectos. “Yo no lo pesqué mucho, porque me pasa muy seguido que se me acerca gente a ofrecerme cosas pero rara vez cumplen, o cuando se enteran de los costos asociados se espantan. En esta ocasión, en vez de asustarse, me dieron el vamos. Fue una de esas fortunas inesperadas; quizás calza con ese dicho que asegura que la suerte llega cuando uno está listo para recibirla”.

¿Cuál fue el presupuesto de la instalación?

Dos millones de dólares. Nadie podría decir que el éxito de Errázuriz es cuestión de suerte. Trabajólico, perfeccionista y poseedor de una increíble determinación, ha tenido triunfos desde muy temprano.

A los 28 años se convirtió en el segundo artista latinoamericano incluido en la historia de la venta de Importantes Piezas de Diseño de Sotheby’s; en 2007 fue elegido como uno de los mejores diseñadores emergentes por la prestigiosa revista I.D.; en 2010 se convirtió en “diseñador chileno del año”; y en 2011, según su propio sitio web, su trabajo fue el “más comentado de Design Miami Basel”. Todo eso, cuando apenas se empinaba por sobre los 30.

En los últimos años ha montado grandes muestras en el Carnegie Museum of Art enPittsburgh, en el Museum of Art and Design de Nueva York, y en CorpArtes, en Santiago, donde hace un tiempo presentó The beginning of the end (El comienzo del fin), donde hizo una reflexión bastante fatalista sobre la tecnología, sus titanes y su efecto futuro en la sociedad. La muestra llegará ahora a Nueva York, cuando se inaugure en mayo en la Elizabeth Collective, una galería instalada en lo que algún día fue el townhouse de Elizabeth Taylor en la calle 56. El artista está obsesionado con la tecnología. Un gran negocio. El arte ya no está funcionando, pensé, y me puse a reflexionar en qué cosas sí estaban provocando un cambio. Estaba en el hotel más tarde mirando hacia la bahía de Hong Kong y encontré la respuesta: la tecnología. Es lo único que ha hecho grandes quiebres en la historia reciente. Decidí que tenía que meterme en tecnología, porque las artes están perdiendo su relevancia. La saturación de imágenes es tal, que han perdido eficacia. Nuestra capacidad para conectar nos con ellas ya no es la misma”. 

Aunque obviamente Errázuriz continúa adelante con su trabajo en diseño y arte, desde hace tres años su foco esta ahí, en la tecnología. Junto a un equipo de tres ingenieros y dos diseñadores se encuentra desarrollando una plataforma virtual que, según explica, democratice la creación, producción y exhibición de arte. “Eso ocupa aproximadamente el 80 por cien to de mi tiempo. Sé que puedo seguir creando proyectos personales para siempre, pero desde hace un rato entendí que ahora me corresponde crear un lugar para que otros artistas puedan crear. Nadie sabe mucho al respecto y por el momento no hay grandes resultados visibles, pero pasé a convertirme en el director de una start-up. Ahora, cuando voy a la pega, me instalo en otra oficina y de adrede no me siento enmi escritorio rodeado de bocetos, sino frente a un gran computador. Estoy todo el día en reuniones, constantemente recalibrando lo que vamos generando y estudiando cambios tecnológicos de modo que podamos pegarle justo a la ola cuando sea el momento adecuado”. Por un tiempo cubrió los costos de esta nueva empresa de su propio bolsillo. Cuando recibió la primera inversión, le envió un mensaje de texto a su padre que decía simplemente “Leonardo who?”, refiriéndose a Da Vinci. “Como le dije a mi papá, si logro generar esta nueva plata forma donde todos los artistas creen, sería dar vida a la obra de arte más importante que pudiera concebir. Desde el punto de vista artístico es un desafío enorme, porque tengo que aprender un nuevo lenguaje. He tenido que aprender de negocios y de tecnología, porque debo tener la autoridad necesaria para sentarme con los ingenieros e indicarles qué están haciendo mal”.

EL VALOR DE UNO MISMO

Durante la inauguración de Blue Marble, Errázuriz actuó con el admirable aplomo que suele mostrar en público. Alto y atlético, amable y atento, tiene aparte de todos sus talentos una enorme capacidad para conectar con la gente en situaciones como estas, establecer conversaciones cortas pero sustantivas mientras a su alrededor alguien toma fotos o mozos pasan por su lado acarreando bandejas con copas de champagne. Astuto y profesional, es fácil sospechar que conoce bien el “who is who” en cualquier salón, y dedica su atención a los más importantes sin descuidar por ningún momento al resto.

Socialmente,podría decir uno, es un encantador. “El día de la inauguración estaba en ‘business mode’, preocupado de mirar a las cámaras, saludar a la gente, ser charming, pero no estaba gozándolo”, recuerda. “Hubo un momento en que apreté el botón, la instalación se encendió, todo el mundo aplaudió y me sentí feliz de haber logrado, una vez más, sacar un proyecto adelante y de que la visión que tenía en mente pudiera ser compartida. Pero mi cabeza ya no estaba ahí, mi corazón no estaba ahí.

Hace mucho rato ya que estoy concentrado en lo que viene hacia delante. Quería salir de ahí rápido, sentí que ya no tenía tiempo para seguir metido en eso”. La urgencia es un elemento fundamental en su trabajo, lo hace moverse hacia adelante con una rapidez que pocos comparten. Otro es la mortalidad, una certeza que lo hace repetir a menudo el mantra de que la vida es muy corta, que no hay tiempo que perder. “Desde muy chico he estado obsesionado con que la vida es corta, que se nos va por entre las manos corriendo entre una serie de rutinas y metas, o de necesidades inmediatas que son muy importantes. Son muy pocos los momentos en que logramos salir de esa locura y mirar las cosas con cierta distancia. O darnos cuenta de que nada de eso tiene sentido. O simplemente tener la valentía y claridad necesaria para hacer cambios”

¿Ahora, a los 41 años, sientes menos urgencia que antes?

No. Sigo con la misma urgencia. He detectado que de chico quizás no aprendí a calibrar mi valor como persona. Mi sensación de valor fue siempre puesta en lo que era capaz de crear, no en quien soy. 

He tratado de aprender a valorarme a mí mismo como amigo, como amante, como un tipo con el que querrías ir a tomarte una cerveza y conversar. Ahí hay un pequeño avance.

“ESTABA EN HONG KONG, DONDE HABÍA DISEÑADO EL LOUNGE VIP PARA ART BASEL, Y COMENCÉ A MIRAR A MI ALREDEDOR. OBSERVÉ LA RELACIÓN DE LA GENTE CON SUS TELÉFONOS, VI LA FERIA, Y ME PARECIÓ TODO UNA MIERDA, UNA BASURA, UNA GRAN VENTA DE POMADA DE ARTE QUE PRETENDE SER REACCIONARIO Y DESAFIANTE”.

Desde hace un tiempo en tu cuenta de Instagram estás usando tu elocuencia para hablar directamente a tus seguidores. ¿Es performance art u otra cosa?

Es algo que me sugirió una polola y mi studio manager, que me vieron un par de veces rabiar porque se me criticaba el abarcar muchas áreas o se dudaba de mi capacidad para hacer una sola cosa una y otra vez. Las dos me dijeron que la gente no entendía mi trabajo, que pensaban que simplemente se me ocurría una idea y la hacía. No veían la obsesión y el proceso que había detrás de cada cosa. Me dijeron que la gente tenía que escuchar directamente mis argumentos, que ahí iban a entender y dejarme tranquilo. Empecé a hacer pequeños videos de un minuto hablando directamente a la cámara.

¿Sin guión?

Ni guión ni notas. Tomo el teléfono y hablo a la cámara. La respuesta ha sido muy buena. Pero lo otro interesante es que ya no me importa lo que el resto opine.

¿Antes te importaba mucho?

Como artista uno busca siempre conectar con la gente. Al mismo tiempo, para una persona como yo, súper autoexigente, súper duro conmigo mismo y muy competitivo, que genera una enorme cantidad de trabajo, el que un proyecto no sea entendido puede ser muy frustrante. Estoy seguro que les pasa a todos los artistas. Además, generar ese trabajo en múltiples áreas y que no sea entendido, es aún más frustrante. Pero creo que una de las cosas ricas de tener 41 años es haber creado un cuerpo de trabajo multidisciplinario que, te guste o no te guste, no puedes negar. Yo puedo caer bien o mal, pero hay muy poca gente que no me respeta. Pueden decir “Sebastián is an asshole” o “Sebastián is amazing”, pero fuck, lo respeto.

¿El respeto para ti es más importante que las simpatías?

El respeto es a lo mínimo que se puede aspirar. Estamos en un mundito como el de las artes donde las oportunidades son tan pocas y el sistema es tan competitivo, tan inseguro y arbitrario, donde hay tanta politiquería y suciedad, todo es tan corrupto, que se generan muchos celos, rabias y pelambres. Es desgastador tener que lidiar con eso de tus pares, y llega un punto en que dices, “Te puedo caer mal o bien, pero de que tengo tu respeto, lo tengo”. Eso aplana las cosas.

¿Sientes que has creado tu propio espacio mezclando disciplinas

No tenemos tiempo para pedir permiso ni dar reverencias a aquellos que tienen las llaves de las puertas de cada área. Es vital poder decir “Yo me dedico a lo mío y ya está”.

Yo no sé de nadie que haga la cantidad de disciplinas que hago yo, pero es en gran parte por el nivel de esfuerzo que pongo en mi trabajo, que es desgastador.

¿Cómo afecta todo esto a tu vida fuera del trabajo?

No tengo mucha vida fuera del trabajo. Estoy cada vez más huraño, cada vez más solo.

Dentro de la obsesión por saber más, paso una hora y media al día escuchando podcasts, probablemente leo otra hora, voy al gimnasio todos los días por 45 minutos porque hay que mantener el cuerpo, y así se me empieza a llenar el día. Por otro lado, cuando comienzas la mañana tomando desayuno y escuchando a dos científicos hablar sobre la idea de la conciencia, después cuesta ir a las 7 de la tarde con tu amigo a tomar un trago y hablar de fútbol. De alguna manera te empiezas a aislar. Te vas desacostumbrando a estar con gente, te haces más selectivo.

¿Qué papel tiene tu perrita Anita en todo esto?

Adquirí a Anita en un momento de máxima soledad, estaba muy pa’l gato. Y ha sido un alivio. La gente que me conoce me dice que me he ablandado, que yo era mucho más duro antes de tenerla.

¿Ves esto de trabajar todo el día y luego retraerte a tu soledad como algo sustentable o quieres cambiar?

Quiero cambiar. Este fin de semana pasado lo pasé completamente solo. No vi a nadie. Llegó el momento en que fue demasiado y me fui al restaurante de la esquina, pero fui con papel y lápiz. Sé que no es bueno y estoy tratando de evitarlo. Ahora voy a ir a ver a mi ex a Londres.

Estoy tratando de manejar ese lado y aprender a ser feliz. Pero para mí la felicidad nunca fue importante. Tu sensación de felicidad depende del día y, si estás muy preocupado de la satisfacción inmediata, es muy difícil pensar a nivel macro. Para mí la satisfacción estuvo siempre

relacionada con el propósito. Y en ese sentido siento que hoy me podría morir tranquilo, porque me he sacado la conchasumadre siempre.

Nunca arrugué. Nunca fui cobarde. Eso me da tranquilidad. Ahora lo que tengo que aprender es a ser un poco más feliz.

¿Tus características son familiares?, ¿tus hermanos son parecidos?

No, no. Con Esteban, Tomás y José Pablo tenemos en común que somos todos caballeros.

Yo creo que soy un caballero. Siempre estoy ahí para mi gente y si les preguntas a amigos en común, te dirán que tengo casi un código de honor. Todos somos exteriormente calma dos, compuestos y muy cultos. Yo soy el más histriónico y hablador. Pero desde chicos nos enseñaron a analizar y dar argumentos para nuestra posición.

Compartimos una cierta lógica de análisis. Pero yo llevo esa obsesión a nIveles más extremos, todos lo tienen claro. SML

“Siento que hoy me podría morir tranquilo. Nunca arrugué. Nunca fui cobarde. Eso me da tranquilidad”, dice el artista y diseñador chileno radicado en Nueva York.

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