Rolex, una genialidad en cinco letras

Un nombre corto y fácilmente pronunciable en todos los idiomas fue lo que Hans Wilsdorf tenía en mente para dar vida a la prestigiosa compañía relojera.

El 2 de julio de 1908, Hans Wilsdorf presenta y registra oficialmente la marca “Rolex” en Suiza. Un golpe maestro que iba a condicionar todo el éxito futuro de su compañía.

El fundador de Rolex era una persona muy avanzada a su tiempo en materia de propiedad intelectual. Con sus tres consonantes y sus dos vocales, la palabra «Rolex» realmente responde de forma destacable a todos los criterios que, todavía hoy, conforman el éxito de una marca. Wilsdorf quería un nombre:  corto, de cinco letras como máximo; fácilmente pronunciable en todos los idiomas; que suene bien al oído; fácil de memorizar; que se inscriba con armonía sobre la esfera y el movimiento del reloj.

En 1913, se produjo la presentación y registro oficial de la marca «Rolex» en el plano internacional. Hoy día, la marca «Rolex» está registrada en todo el mundo. Una vez protegida su marca, a Hans Wilsdorf le quedaba otro gran reto por delante: convencer a los comerciantes de que incluyesen el nombre «Rolex» en sus relojes.

Efectivamente, en aquella época, cada distribuidor —joyero o relojero— deseaba que su propio nombre figurase en las esferas y no quería que el público conociese al proveedor o al fabricante. Por tanto, Hans Wilsdorf procedió paso a paso: «Para empezar, hice incluir el nombre “Rolex” en un reloj de cada caja de seis, esperando que ese único reloj pasase desapercibido y se vendiese igualmente a pesar de llevar el nombre. Poco a poco, me fui atreviendo a incluir el nombre en dos piezas y, después de varios años, en tres piezas», relata el precursor en sus escritos.

En 1926, año del lanzamiento del Oyster, el reloj hermético de Rolex, Hans Wilsdorf toma la decisión de no volver a producir nunca más un reloj que no lleve la marca «Rolex» en la esfera, la caja y el movimiento. «Rolex» se convierte, desde entonces, en una marca imprescindible.