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Reportajes

Justicia para Carlos

20 noviembre, 2020

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Tiempo de lectura: 8 minutos

VUELVE THE CROWN REVIVIENDO LA TRAUMÁTICA RELACIÓN DEL PRÍNCIPE DE GALES CON DIANA. HISTORIA A LA QUE LOS ‘SÚBDITOS’ PARECEN DECIR “PASADO, PISADO”, DADA LA GRAN POPULARIDAD QUE TIENE HOY EL ASPIRANTE A LA CORONA. LA ENTREGA TOTAL A LA CRIANZA DE SUS HIJOS -ADORADOS EN EL MUNDO-, LA LUCHA POR LA MUJER DE SU VIDA Y UNA MIRADA ADELANTADA EN DÉCADAS PARA DETENER EL CAMBIO CLIMÁTICO, LO ALZAN A UN PERSONAJE TRIDIMENSIONAL Y MUCHO MÁS CERCANO QUE LA ETIQUETA DE ETERNO HEREDERO AL TRONO.


Texto: Lucy Willson  Fotos: Getty Images / Shutterstock

En contraste con su propia crianza, el heredero al trono se ha convertido en un padre cercano y cariñoso con sus hijos William y Harry, especialmente, tras la muerte de Diana.
Carlos en su amado jardín de Highgrove. Ese lugar resume su adelantada filosofía ambiental: “Mejor trabajar con la naturaleza que contra ella”.

Le tomó 48 pasos. Serenos 48 pasos para dar vuelta décadas de miradas inquisidoras que se posaban sobre él y cambiarlas por otras de admiración. Pasar de villano de los tabloides a estatus de héroe en una transmisión en vivo a nivel global. Esos 48 pasos fueron los que recorrió el príncipe Carlos de Inglaterra (72) llevando del brazo hacia el altar a Meghan Markle. La novia humillada por su padre que entró sola a la Iglesia y que encontró en el heredero a la Corona a un ‘salvador’ de último minuto. Pero ese 19 de mayo de 2018 el favor fue recíproco, ya que el septuagenario hijo de Isabel II consolidó con ese acto una popularidad que ya venía por años en alza. De hecho, la encuesta You Gov que se realizó en Reino Unido en enero, marzo y octubre lo pone en el podio con los integrantes de la realeza más queridos, tras su madre reina (que se disparó en las preferencias este año de crisis con su breve y potente frase “We will meet again”) y el matrimonio de William y Kate. Carlos hasta relegó a su ‘fugitivo’ hijo Harry en el ranking.
Esta renovada relación con súbditos explicó la sentida reacción de alarma cuando en marzo se informó que tenía coronavirus. Nadie quería un final dramático para él, el aspirante al trono más viejo en la historia británica. Obediente. Siempre a la espera.
Empatía que también se refleja en la pantalla con la exitosa serie The Crown, ni siquiera el reciente estreno de la cuarta temporada, donde se detalla su forzado noviazgo y mal matrimonio con Diana Spencer, le quita puntos de popularidad. Al contrario, desde antes la misma producción lo ‘arropaba’ con pasajes sobre su fría infancia marcada por el deber de una corona que llegará y, que a lo que va de 2020, todavía no aterriza en su cabeza.
Paradójicamente, desde la muerte de Diana -en 1997- este príncipe empezó a perder el miedo y ser visible en lo que le importa: sus hijos, el amor eterno por Camilla y el medioambiente. Por este último tema fue ridiculizado en su juventud, pero hoy es reconocido por voz de vanguardia.
Esta transparencia ya no le incomoda. El año pasado en un documental que celebraba 50 años de su investidura como príncipe de Gales, confesó en cámara con los ojos vidriosos que lloró cuando vio la entrevista en que su hijo William decía que su deseo era prolongar su legado agroambiental en el ducado de Cornwall, cuando su papá le traspasara ese título para tomar el mando como rey. No escondió sus palabras temblorosas de emoción. Desde que se distanciara de la fobia a los comentarios públicos para ir a buscar el cuerpo de Diana al aeropuerto y luego caminar detrás de su ataúd acompañando a sus hijos, su rol de padre ha sido estelar.

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Comprensivo y guía, ha dejado a sus hijos ser felices. Y ellos no dejan de proclamarle su amor. En el reciente -y polémico- libro Battle of Brothers (La batalla de los hermanos), el biográfo Robert Lacey afirma que -sin imposición- logró que William volviera a la universidad cuando quiso desertar. Y cuando se reveló que el adolescente Harry estaba consumiendo marihuana, no tapó el problema, sino que lo acompañó en 2002 hasta la clínica de rehabilitación Featherstone Lodge para que viera las consecuencias de las adicciones.
Carlos también apoyó a sus hijos, sin intervenir, en la elección de sus esposas. Las recibió como el mejor de los suegros. Y no solo llevando a Meghan al altar, también manejando la partida de Harry de la Familia Real.
Tanto en Battle of Brothers como en Finding Freedom (Encontrando la libertad), el libro de Carolyn Durand y Omid Scobie -con clara influencia de los duques de Sussex- se afirma que el príncipe de Gales facilitó todo para que el pelirrojo partiera de manera cómoda. Incluso, The Times y otros medios ingleses, confirmaron que le aseguró anualmente parte de su propio dinero para que estuviera tranquilo en el exterior.
Obviamente Carlos no quería que se repitieran su historia.
William y Harry tempranamente vieron el amor profundo de su padre por Camilla Parker Bowles (73). Tras la muerte de Diana se llevaban bien con la controversial divorciada y demostraron abiertamente su afecto en 2005, cuando se casó con su padre, a 35 años de conocerse y flecharse.
Ante las cámaras, los veinteañeros príncipes mostraron su alegría al salir de la ceremonia lanzando confetti y hasta sorprendieron a la pareja decorando con globos el Bentley en que los novios partían de luna de miel, y escribieron en el costado del vehículo “Recién casados” y las famosas iniciales “C + C” (que Diana descubrió como código entre ellos).
En el documental de Amazon The Queen’s Diamond Decades (Las décadas de diamantes de la reina) se ve a Harry poniéndoles pícaras muecas a la pareja a través del vidrio del auto.
Carlos esperó hasta 2005 para formalizar con Camilla -de acuerdo con el libro The Firm, de la experta en realeza Penny Juror- porque quería que sus hijos estuvieran más adultos.

En su estilo clásico se atreve y sabe combinar como nadie los colores.
El futuro rey ama la moda y la sastreria clásica inglesa. Por eso habla en extenso en la última Vogue británica sobre ropa y su nueva aventura: una colección de ropa sustentable.

La revista Vanity Fair publicó un amplio reportaje sobre la pareja que tituló Carlos y Camilla, por fin juntos (disponible completo en inglés y gratis en los archivos de la web de ese medio). Ahí describe ese romance como “una de las grandes historias de amor del siglo XX”.
Un lazo genuino del que 1,2 millón de seguidores es testigo en la cuenta de Instagram de la pareja: @clarencehouse. A través de esa red social también se la ha conocido a ella. Su amor por los libros y el club de lectura en el que entrega sus recomendados, el modo elocuente con el que se expresa y un estilo sencillo que la aleja de la sombra glamorosa de Diana (a la que nunca ha pretendido empatar).
Los dos han tomado el aura de abuelos (ella cuenta con cinco nietos propios, de sus hijos Tom y Laura). Camilla reveló que al príncipe Carlos le gusta contarles historias fantásticas a los hijos de William. Así lo contó al Daily Mail: “A veces, cuando estamos con mi marido en Escocia, él les lee Harry Potter”.
No parece tan extraño, si se recuerda que él mismo lanzó en 1980 el libro infantil The Old Man of Lochnagar (El viejo de Lochnagar), que luego fue animación y hasta un ballet. El texto habla de un ermitaño de los riscos de Escocia que aprende que sus actos tienen consecuencias en el equilibrio de la naturaleza.
Ahora ya no usa una fábula para esa moraleja, sino que su cuenta en Instagram es la plataforma de sus demandas medioambientales. Es una pasión que han recogido sus hijos y nietos, y que lo han movilizado desde la juventud. Imposible no recordar la década del 80 cuando los tabloides lo ridiculizaban por su devoción a la rosas y huertos. El no perdió el entusiasmo, publicó varios libros de botánica y agronomía, mandó críticas cartas abiertas a las autoridades, y hoy Carlos mira la cámara de su iPad en videos que insisten en la importancia de la cadena de alimentos sustentables para el equilibrio natural y la economía de los pequeños agricultores, de los que siempre es vocero vip.
Y su mirada adelantada también la trasladó a los negocios. No solo con el manejo de sus tierras, sino que con una marca que puso en el supermercado. Antes de que fuera hipster, en 1990, el príncipe Carlos lanzó una línea propia de alimentos orgánicos: Duchy Originals, con millonarias ganancias que van a su fondo de caridad. Amante de los cocteles, este mes lanzó su propio gin con notas de hierbas cultivadas del jardín personal de Highgrove House en Gloucestershire: lavanda, salvia y tomillo.
La botella del Highgrove Organic Botanicals Gin rinde homenaje a los jardines ingleses (inspiración de Carlos) y está disponible en las tiendas y sitio web de Fortnum and Mason a 29 libras esterlinas. También el dinero irá a un fondo solidario.
A Carlos le atrae el matrimonio de materia prima y negocios asociados. En 2016 abrió en Escocia su propio restaurant, Rothesay Rooms, cuyo nombre es en honor al ducado que tiene en ese país. En ánimo de taberna, lo lanzó para entrenar en gastronomía sustentable a jóvenes cocineros.
El tono político que toman sus pasos y declaraciones en torno al cambio climático no cae bien a los políticos, que ven que el futuro rey no mantiene una actitud neutra en asuntos que pueden ser controvertidos. A él no le importa, hace bastante rato se acostumbra a correr los límites. Fue un gran tema cuando se vio en problemas con incansables cartas a Tony Blair y sus ministros en las que defendía varios problemas en torno al cambio climático. El respetado biógrafo Richard Fitzwilliams repara en que si toma el trono asumirá una actitud más protocolar y asegura que su popularidad crecerá mucho más “porque él ha estado en este rol por más tiempo que cualquier otra persona en nuestra historia”.
Su ascenso parece estar más cerca de lo que se piensa. Fuentes palaciegas revelaron al diario Daily Mail que Isabel II tenía planeado abdicar en abril de 2021, para su cumpleaños 95. Hito que estaría pensando postergar por la pandemia y la imposibilidad de hacer una ceremonia de coronación para Carlos. Habrá que esperar. ¿Y él? No parece tener ningún apuro.

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En marzo de 2009 el príncipe Carlos fue elegido por la revista masculina Esquire UK como el hombre mejor vestido del mundo. Lo llamaron un “icono de estilo, sin importar de qué lado del océano (se mire)”. La publicación alabó su “juego con colores brillantes, coquetear con la moda y poner en marcha tendencias tan fácilmente como cualquier Gucci o Prada moderno”. La publicación lo definió como imagen viva del estilo inglés clásico, con trajes hechos a la medida para él por Anderson y Sheppard, Gieves y Hawkes en la famosa calle londinense Saville Row, además de contar en su armario con camisas personalizadas Budd y Turnbull &Asser.
En el libro Rebel Prince: The Power, Passion and Defiance of Prince Charles (El príncipe rebelde: el poder, la pasión y el desafío del príncipe Carlos), el autor Tom Bower afirma que es un amante de la moda. Y Sally Bedell Smith, en su biografía Prince Charles: The Passions and Paradoxes of an Improbable Life (Príncipe Carlos: las pasiones y paradojas de una vida improbable) detalla así su look: “Siempre está vestido con un traje cruzado, sin solapas de bolsillo, pañuelo ondeando en el bolsillo superior, flor en el ojal y camisas Turnbull & Asser con francés puños”. Hasta pediría que le planchen los cordones de sus zapatos.
Pero faltaba la propia descripción del aludido. Y este mes -adelantando la sesión que hizo para el número de diciembre de la revista Vogue UK, el principe Carlos hizo un inédito Live por Instagram con Edward Enninful para hablar así de sus gustos fashion y moda sustentable. En la conversación virtual bromeó afirmando que la forma en que se viste era “como si el tiempo se hubiera detenido”, además de enfatizar que le gusta reparar prendas y accesorios en lugar de botarlos.
“Me preocupan los detalles y las combinaciones de colores. Tengo suerte porque puedo encontrar personas maravillosas, creadores brillantes de las cosas que aprecio y, por eso, trato de mantenerlas por más tiempo”, especificó. Contó que de niño le encantaba llevar sus zapatos a los maestros de Escocia y ver cómo les sacaban las suelas para cambiarlas.
Carlos tuvo este Live con Enninful para promover el trabajo de los estudiantes de un proyecto que él cofundó: Modern Artisan. Estos jóvenes están a punto de lanzar una colección de moda con la sustentabilidad como núcleo de la iniciativa. Y añadió que ahora exige a las compañías que lo visten y promueven como cliente que tienen que usar textiles con ese mismo espíritu medioambiental. SML

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