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Entrevistas

Pedro Cayuqueo: Mapuche Times

16 octubre, 2014

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Tiempo de lectura: 9 minutos

ES EL MAPUCHE DEL MOMENTO. EL QUE LEEMOS EN LOS DIARIOS O VEMOS EN PROGRAMAS COMO TOLERANCIA CERO. PERIODISTA, CREADOR DEL MAPUCHE TIMES, AUTOR DE TRES LIBROS, PREMIADO EN CHILE Y EN EL EXTRANJERO. PEDRO CAYUQUEO TIENE LA BANDERA MAPUCHE ESTAMPADA EN EL PECHO Y POR DONDE VA NO SE CANSA DE REPETIR PALABRAS COMO DESPOJO DE TIERRAS, DISCRIMINACIÓN Y JUSTICIA. PERO ESTÁ ABURRIDO. SU SUEÑO ES GUARDAR SU POLERA DE ACTIVISTA Y SUS GUANTES DE BOX INDÍGENAS, AUNQUE AÚN LE QUEDA UN LARGO CAMINO POR RECORRER. 

RECORDAMOS LA ENTREVISTA DE PEDRO CAYUQUEO REALIZADA PARA SML #3 Y QUE SIGUE VIGENTE HASTA LA ACTUALIDAD. 


Texto Isabel Eyzaguirre  Fotos Mat Mondaca

¿Por qué Nueva York puede tener un Times, Londres puede tener un Times y los mapuches no?, se preguntó Pedro Cayuqueo (38) en 2011 cuando bautizó como Mapuche Times a su propio diario. Convertido hoy en “la” voz no oficial de su pueblo, es un defensor acérrimo de su cultura y sus creencias. Pero no de la caricatura, que según él, los chilenos tenemos de los mapuches, sino del hombre moderno, de la nueva generación que, explica, es ultra potente y desconocida. “Hoy día hay mapuches antropólogos, ingenieros, otros que están en Sillicon Valley haciendo software en mapudungun para Google, hay un cantante lírico. Somos una generación muy orgullosa de sí misma”.

Hablar con Cayuqueo es una sorpresa de principio a fin. Está en Santiago invitado por la Universidad Católica a una conferencia sobre Periodismo y Desigualdad, donde viene a contar su experiencia justamente sombre Azkintuwe y Mapuche Times, ambos medios fundados y dirigidos por él. Sin duda alguna no es lo que el inconsciente colectivo reconoce como mapuche. Le gusta la ropa y las buenas marcas, es un incansable viajero y asiduo comprador de tecnología en todas sus formas y diseños, además se declara roquero de alma. Esto sin contar que colabora en medios tan diversos como The Clinic, La Tercera, Revista Caras, The Independent de Inglaterra o en El Siglo del Partido Comunista. Sin embargo, cuando habla de su infancia en una comunidad indígena, de su abuelo Alberto, de su lengua natal -el mapudungun-, del despojo de tierras, de la falta de oportunidades, queda claro que Pedro Cayuqueo es un mapuche y a mucha honra.

Periodista, egresado de la Universidad de La Frontera, ha realizado pasantías en comunicación y derechos indígenas en institutos y universidades de países como Dinamarca, Groenlandia, España, México, Bolivia y Canadá. En 2011 fue premiado por el Colegio de Periodistas de Chile y este 2013 recibió el Premio al Periodismo Iberoamericano “Samuel Chavkin”, otorgado por el North American Congress on Latin America y la Universidad de Nueva York. La misma que lo invitó a fines del mes pasado a presentar su último libro Esa ruca llamada Chile, el que además presentó en Nueva York, en la Cumbre Mundial de Pueblos Indígenas que organiza la ONU. Cayuqueo también es autor del libro Solo por ser indios y de La voz de los lonkos.

Considerado una voz influyente y reconocida dentro del mundo mapuche, se ha convertido en la cara visible o en el “vocero no oficial”, como se autodenomina, de su pueblo. Dice sin pelos en la lengua que quiere mapuches en el Congreso, que lucha por la igualdad, que siente que Chile “no nos pololea y eso que somos bien atractivos” y que son ellos los que están impulsando un cambio moderno en nuestra sociedad. Repite muchas veces palabras como oportunidad, discriminación y “ustedes los chilenos”, sin embargo con mucha suavidad, con un humor maravilloso y lo más importante, con un enorme conocimiento. Desde ahí nos compara con países como Nueva Zelanda, que pasó de un apartheid cultural y social a transformar la identidad maorí en la del país y es un ejemplo de integración en el mundo. Se pregunta varias veces a sí mismo, ¿Chile será capaz de hacer eso?

Pero Pedro va mucho más allá y tiene sueños en grande. Una vez un ministro le preguntó, ¿Cómo ves a los Mapuches en el 2500? “Los veo como los japoneses; ultra modernos, sofisticados, tecnologizados y con sus principios y valores tradicionales, con sus ceremonias, con sus ritos a la tierra, respeto a los ancestros, con educación tradicional, con la cosmovisión mapuche muy presente”, le respondió de inmediato. El ministro quedó mudo, no supo qué decir, sólo que jamás lo había pensado de esa forma. Ese es el mejor ejemplo de cómo Cayuqueo quiere que la cultura mapuche sea parte de la modernidad.

Esta notoriedad pública le ha traído críticas de su propio sector, pero él asegura con tranquilidad que es sólo es una voz dentro de un gran abanico de voces. “Hay celos porque yo tengo más presencia en los medios que los propios dirigentes. Pero soy bastante generoso en ese sentido, respaldo la agenda de ellos. Me tomo este rol público con mucha responsabilidad, porque somos tan pocos los mapuches que tenemos llegada en los medios, que siento que no puedo tomármelo de forma individual, tengo que cumplir un rol”.

En la portada de su nuevo libro “Esa ruca llamada Chile” aparece La Moneda con la bandera mapuche. ¿Ese es su sueño?
Mi sueño es que tenga que dejar de hablar de que soy mapuche. Me da lata andar con la bandera mapuche todo el día. Tengo una hermana que vive en Londres hace 15 años, ella me dice “tú y tu mapuchismo”, ¡hasta cursi lo encuentra!. Imagínate, me dice, yo tengo amigos acá que son árabes o nórdicos y a nadie le importa. Es más, si empezaras a tirar tu rollo étnico sería racismo, sería desubicado. Hay leyes en Londres que penalizan actitudes discriminatorias y racistas. Allá a nadie le importa que ella sea mapuche. Pensando en esto concluí que mi victoria final va a ser que yo deje de cumplir ese rol, cuando sea normal que alguien pueda ser mapuche, cuando podamos hablar mapudungun un rato. Cuando eso exista voy a guardar mi polera de activista y mis guantes de box indígenas.

Pero ha hablado de su sueño de tener un presidente mapuche, incluso ha señalado como ejemplo el caso de Obama.
Sí, pero en Chile hay un racismo y clasismo muy marcado y es sorprendente, porque si alguien debiera ser racista y clasista somos nosotros. Mi abuelo siempre decía, “qué es el chileno, es un tipo sin linaje, sin historia, sin tierra, los mapuches somos los verdaderos aristócratas de Chile”. Nicanor Parra dijo eso, nosotros somos los de sangre azul.

Hay sondeos que indican que 7 de cada 10 chilenos se mostró a favor de la demanda mapuche. Y que cerca del 80% de los chilenos considera que el Estado de Chile está en deuda con su pueblo. ¿Esperaba esas cifras tan alentadoras?
Chile está viviendo una revolución cultural, hay generaciones nuevas que no requieren informarse a través de La Tercera o El Mercurio, hay algunos que lo hacen por Twitter o Facebook o algún blog. En los grandes medios el mapuche no ha dejado de ser el indio rebelde problemático y conflictivo.

¿Donde siente que es más así?
En La Tercera, porque tiene un perfil empresarial más claro que El Mercurio. Y eso que yo colaboro ahí.

¿Y qué pasa con la violencia mapuche?
Si existiera un periodismo serio que no se basa en partes policiales, quedarían en evidencia varias cosas. Una es que en La Araucanía hay menos violencia que en otras regiones, que estos hechos son aislados, que es la región con mayor turismo interno del país en los últimos tres años, según Sernatur.

¿Pero la gente que tiene campos tiene miedo de los ataques?
Yo no desconozco ni apruebo la violencia, sé que existe pero está acotada y tiene que ver casi con disputas entre vecinos, entre algunos dueños de fundos con comunidades aledañas con las cuales hay reclamaciones de tierra que vienen desde hace 60 años. Si sé que esas batallas son legales, que están documentadas y sobre las cuales el Estado y la autoridad política han actuado muy mal. La violencia existe, es real, pero no creo que haya terrorismo, hay delincuencia rural, hay una violencia rústica y artesanal. Y hay casos dramáticos como la muerte de los agricultores y de jóvenes mapuches también.

Ha dicho que la violencia es la negligencia de los políticos y la política. ¿Qué tendrían que hacer los políticos para que disminuyera la violencia?
Creo que el tema mapuche no es un tema relevante para Chile. Si el conflicto mapuche estuviera en Pudahuel se soluciona en un mes, pero está en el sur, lejos del ajedrez político capitalino, y se trata con una dualidad perversa que son políticas públicas de paternalismo para los que se portan bien y represión y cárcel para los que se portan mal. El trasfondo del conflicto tiene que ver con un pueblo, con derechos, terrenos despojados, reclamaciones pendientes en tribunales, donde hay títulos que dicen que la tierra era de la gente y que se corrieron
los cercos, eso nadie lo considera.

“Mi abuelo siempre decía, ‘qué es el chileno, es un tipo sin linaje, sin historia, sin tierra y los mapuches somos los verdaderos aristócratas de Chile’. Nicanor Parra dijo eso, nosotros somos los de sangre azul”.

Otras de las críticas que se hacen es que les han dado tierras, pero tampoco se trabajan.
La compra de tierra a comunidades comenzó el año 93 con la Ley Indígena. El primer fundo entregado por esta Ley fue a mi comunidad. Mi abuelo y mis tíos lo venían reclamando hace muchos años. Mi abuelo dejó su vida en tribunales reclamando las tierras que un dueño de fundo le había quitado, dueño de fundo que contaba con la amistad del comisario del pueblo, amigo del acalde, benefactor de la iglesia, etc. ¡Entonces imagínate a mi abuelo, yendo a caballo al pueblo, hablando mapudungun a pedir sus tierras! Murió de pena.

¿Y qué pasó con las tierras?
Mis tíos consiguieron que Conadi comprara el fundo para la comunidad. Ese fundo era agrícola. Me acuerdo cuando era niño veía los trigos de dos metros, las cosechas que hacían, maquinarias modernas, para mí era La Guerra de las Galaxias. Entregaron el fundo a 80 familias de la comunidad pero el dueño vendió las máquinas, las cosas de la casa patronal, no dejó nada, todo salió a remate y a nosotros nos entregaron sólo la tierra.

Pero el dueño vendió lo que le pertenecía. ¿Él lo había comprado?
Sí, pero nosotros pensamos qué hacemos ahora. El dueño tenía crédito y fondos públicos. Al mapuche no le dan créditos porque es tierra comunitaria, así que ni siquiera se puede hipotecar. Mi comunidad se repartió la tierra y cada uno cosechó papás o lechugas. Finalmente, apareció una persona de Forestal Mininco que quería arrendar. Ahora está lleno de pinos y es un fundo agrícola. La comunidad carece de dinero y de capacidad técnica para trabajar la tierra.

Entonces el tema no es la tierra…
Hay una caricatura del mapuche, gente de la tierra. Mapu no es tierra, es territorio. A mí no me interesa tener tierra, sino hacer gobierno en la región, que el mapudungun sea lengua oficial, que pueda ser presidente de la región mapuche, que tengamos diputados mapuches legislando a favor de la comunidad.

El Mapuche Times pretende mostrar la cultura mapuche. No es crítica social, denuncia o política. “Este diario le habla a quienes no nos conocen, para que nos miren de una forma más amigable”, explica Cayuqueo.

Los Cayuqueo de Nueva Imperial

Pedro Cayuqueo es el menor de 3 hermanos. Dos mujeres mayores, por lo que dice que sufrió el bullying femenino desde su infancia. Su padre murió en un accidente de auto cuando tenía 4 años, por lo que su abuelo Alberto, un hombre muy estricto, un aristócrata mapuche apegado a las tradiciones, fue fundamental en su educación. Su niñez la vivió en la comunidad de su madre en el campo, cerca de Nueva Imperial, un lugar donde hubo mucho movimiento político, donde surgieron grandes dirigentes, donde se vivían las ceremonias, los guillatunes, había machis que curaban las enfermedades; su abuelo jamás pisó un hospital. Sin embargo, una vez le preguntaron al machi qué hacía cuando se enfermaba. Voy al hospital, contestó. Pedro confiesa que sus recuerdos tienen mucho que ver con estas historias, aunque inmediatamente aclara que no hay que idealizarlas, “no somos los hobbit”, asegura. A medida que fue creciendo sintió la presión de su familia para que los hermanos estudiaran, que fueran profesionales, fue así como se decidió por el Periodismo. Al poco tiempo y con más herramientas, junto a un grupo de compañeros, se aburrieron de ver cómo se trataba el tema mapuche en la prensa local. “Éramos la crónica policial, el dato curioso o el merkén más picante”, señala. Esa caricatura los hastió a tal punto que el 2003 fundaron el Azkintuwe, estableciendo una red de colaboradores en lo que fue el territorio mapuche antiguo; de Buenos Aires al Sur y de Santiago al Sur. Rápidamente el periódico se transformó en el espacio de los liderazgos mapuches. “Era muy político, de mucha denuncia y el equipo después de 8 años estaba agotado de ser un diario activista”.
Fue ahí cuando se decidió a dar un salto y creó el Mapuche Times.
Es curioso que quien le hizo hacer el click fue su madre; una mujer de campo, común y corriente, muy culta y lectora. No obstante cada vez que Pedro le llevaba el Azkintuwe, ella lo hojeaba y lo dejaba en un rincón. Actitud muy distinta de lo que hacía con otros medios. Pedro la observaba y pensaba “algo estamos haciendo mal”. De a poco su madre le fue dando señales, le instó a hablar de gastronomía mapuche, de tradiciones y tantos otros temas, pero no hubo respuesta. “Un día me dijo: yo leo tu diario y termino deprimida, porque todo es malo, los presos, la huelga, el apaleo, no lo puedo leer”.
Pedro oyó el mensaje y ahí fundó un medio que lo que no tiene es crónica policial, “es una mirada más integral de lo que es la sociedad mapuche y le habla a las otras personas, a quienes no nos conocen o a quienes sí, pero para que nos miren de una forma más amigable”, explica.
Se nota que Cayuqueo vibra con su profesión y que ésta ha sido su herramienta más potente para difundir las tradiciones de un pueblo que él considera olvidado. Quiere integración, pero sin perder la magia de los ritos. Sin ir más lejos su única hija de 9 años se llama Amancay, nombre de una flor de la Patagonia, amarilla con puntos rojos. Cuenta la leyenda que Amancay es una flor tan hermosa que cada vez que quieren arrancarla alguien se pincha y por eso los puntitos rojos de sangre. “Espero que con mi hija pase lo mismo”, comenta medio en broma, medio en serio. En estos detalles se nota el peso de la tradición de una cultura sobre sus espaldas. Sin embargo, después explica “soy separado, muy amigo de mi ex pareja, tanto que al principio nos íbamos juntos de vacaciones para que la niña no tuviera conflictos. Eso hasta que se emparejó y él no es tan moderno como yo”. La dualidad de Cayuqueo.
Pedro no mira hacia el futuro, es un vividor del presente, declara que no confía en ningún gobierno y cree que la integración está en manos de esta nueva sociedad. Esta donde se siente cómodo, esta donde ya da qué hablar. SML

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