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Entrevistas

¡Más cuentos que Moro!

5 enero, 2021

TODO SE ALÍNEA EN ESTE 2020. A 50 AÑOS QUE ABRIERA SU PRIMERA TIENDA DE DECORACIÓN EN PROVIDENCIA, EL RECONOCIDO DECORADOR LUIS FERNANDO MORO TOMÓ SUS DÍAS EN CONFINAMIENTO PARA REVIVIR SU VIDA Y CARRERA EN UNA ANTOLOGÍA DE CUENTOS QUE TITULÓ LOS CUENTOS DE MORO. TRABAJO QUE AUTOEDITÓ Y EN EL QUE REVISA SU INFANCIA, FAMILIA DE NUEVE HIJOS, SUS MESES EN PATRIA Y LIBERTAD, LOCOS PASOS DE BAILE EN UN CLUB VIÑAMARINO Y CÓMO PARTIÓ A ESTADOS UNIDOS A ESTUDIAR DISEÑO Y VOLVIÓ CON UN AMOR.


Texto: Lucy Willson  Fotos: Pato Mardones

Durante la pandemia el decorador se dedicó a “aligerar” su departamento frente al Club de Polo. Se quedaron sus figuras de madera, esculturas en piedra, obras de Bororo, Echazarreta y Cecilia Avendaño, piezas de alfarería, además de nuevos integrantes, como un colorido cuadro de Paloma Mami que lo animó en confinamiento.
Anfitrión y amante de la cocina (pasión que heredó de su madre), Moro planea recibir a sus nueve hijos -además de los de su actual señora, Mae- para celebrar las fiestas de fin de año.

Luis Fernando Moro (76) extiende una tela en la mesa que tiene frente al ventanal de su departamento que mira al cerro Manquehue, postal majestuosa que solo en estas últimas semanas incluye sonido con los jugadores que entrenan en el Club de Polo. El lienzo de 1×1 metro está lleno de dibujos a lápiz con escenas y personajes que este conocido decorador trazó a inicios de la pandemia. Esta es la primera vez que muestra este trabajo, guardado ya hace unos meses en su closet. Rosita Velasco, su vecina del tercer piso, le regaló la tela y le dijo: “Tienes que hacer algo o te vas a volver loco”. Ella sabía que él antes dibujaba, pero que había dejado de hacerlo hace años.
“La llené de dibujos bastante entretenidos. Hay muchas cosas: están momentos de mi vida, pechugas, las casas y hasta una persona estornudando por la pandemia. Otros personajes están bajo la lluvia porque seguramente ese día cayó agua. ¡Hay vida! Hay cosas que pasan. Hay muchas historias. ¡Está lleno de cahuín!”, comenta con risa y la vista puesta en esta espontánea obra que iba completando a diario frente al ventanal.
Un relato visual de lo que adelantaría en su siguiente proyecto en confinamiento, porque el lápiz tenía fecha de vencimiento para el inquieto profesional. “Después lo del dibujo era como hacer hora”.
Así esa tela abrió lo que hoy es Los cuentos de Moro, un libro que lanzó hace unas semanas -en fase 4 física y mental-, que recoge 22 pasajes de su biografía. Momentos emotivos como su infancia entre el internado y la Escuela Militar, el regaloneo de su nana Tato, aventuras en viajes, el inicio de la relación con su primera mujer -la estadounidense Belinda Winslow (compromiso anunciado en The New York Times compartiendo página con un aviso de nuevas colecciones en Bergdorf Goodman en octubre de 1967)-, las anécdotas en sus clases de Diseño en Washington, las tardes con su abuela en el Hotel O’Higgins, el paraíso eterno en Renaico con familia y amigos, la apertura en 1971 de su primera tienda en la calle Santa Magdalena, el vestuario que hizo para la ópera Aída en el Teatro Municipal, su paso por Patria y Libertad y huida de Chile en una avioneta cruzando la cordillera, el diseño de la Discotheque Gente, los 9 hijos que lo rodean (descendientes que van desde el medio siglo de vida a mellizos de 12 años), las noches locas y juveniles en la pista de baile en el viñamarino local La Rueda, la noche que salvó un Cristo de una iglesia de Valparaíso y salió cargando la cruz en primera página de Ercilla.
Son más de 200 páginas que vuelan y que hacen justicia a su espíritu, que también él pone por escrito: “Sí con todo. No ni llorando”.
Si alguien lo llega conocer superficialmente podría decir que Luis Fernando Moro es un ‘optimista crónico’.
“Obviamente uno tiene hoyos y también aciertos. Pero si te echas a morir no funciona.
Cuando escoges ser tu propio jefe -y no hay nadie a quién echarle la culpa- debes tener la fuerza necesaria para que al caerte ser capaz de pararte al tiro. De lo contrario, no funciona esta cuestión”, explica.
Al inicio de la conversación replicamos el mismo desafío de David Letterman a Kim Kardashian: nombrar a todos los integrantes de su familia inmediata. Con cuatro relaciones largas (tres matrimonios), nueve hijos, parejas de estos últimos y nietos no era tarea poca. Y lo logró.
De su matrimonio con Belinda Winslow son sus hijos Belinda, Juan Sebastián, Antonia y Andrea. Los que tuvo con su ex señora Ximena Peñafiel son Francisco, Josefina y Elisa. De su relación con Dharma Calvo son los mellizos Ema y Diego. Hoy casado con Magdalena Brzovic, no tiene más descendientes.
“He tenido una suerte genética, porque hay muchos de mi generación que están con un físico más deteriorado. Me he mantenido joven de espíritu y de físico”, explica su vital apariencia.

“Después de Belinda, me casé con Ximena, con la que tengo una diferencia cercana a 25 años. Después está Dharma, la mamá de los mellizos, que era joven. Y mi actual señora, la Mae, tiene 48 años. Entonces, me relaciono con gente mucho menor que yo”.

Sus niños también lo mantienen vital
¡Además! Mañana parto con los mellizos el fin de semana a Requínoa y lo voy a pasar chancho. Tener hijos de 12 años te mantiene joven, lo mismo que estar en un trabajo que no me amarra a una oficina.

Nunca he estado en cama.

¿Y ‘bajoneado’?
No, fíjate. Me vas a creer que no.

¿Alguna cajita con ‘estrella verde’ en el velador?
No, no, no. Tomo algo para dormir, eso sí. Quetiapina, de 25 mg, porque muchas veces, tipo 4 de la mañana, se me prende la ampolleta.
No es que esconda algún bajón anímico. Por suerte no me pasa. Y he tenido situaciones complejas en la vida, como todos.

¿Una de esas veces fue la muerte de tu hermano?
Claro, el accidente de Felipe a dos días de Navidad. Un choque en que se mata él y un amigo. Yo tenía 30 y él 22. Entonces, esas cosas te derrumban. Obviamente fue durísimo y si me pongo a hablar de él por un rato más me ‘enredo’, me da pena.

¿Eran cercanos?
No, muy poco porque era ocho años mayor, estuve interno en el colegio y después, a los 19, me fui a Estados Unidos. Volví y me casé. De niño fui hijo único por mucho tiempo, así que no lo conocí mucho. Me pasa con él y con Gerardo (director de arte audiovisual), que vivió veintitantos años en Los Angeles, California.

Este decorador del Congreso de Valparaíso, con reconocimientos en infinitas ferias (Casa Matte, CASACOR, Casa FOA, por nombrar algunas recientes), ex presidente de la asociación de su sector nunca se imaginó que -con una familia numerosa, amistades y clientes- iba a estar tanto tiempo en soledad. Su señora Mae tiene su propia casa y se visitan. El libro lo conectó con los afectos de ayer y hoy. En la misma mesa que antes dibujaba, ahora ponía su computador.
“Tuve libertad. Cuando partí con el primer cuento me empecé a entretener. Estuve recordando cosas de la familia, de su composición. Después me puse a ordenarlos, pero de una forma que me tincó. Cuando me di cuenta de que lo estaba pasando bien, me daba lo mismo la hora. Y si estaba nublado o hacía frío, me quedaba en cama. Otras veces tomaba desayuno a las cinco de la mañana y escribía”.

Como decorador, ¿hizo lo que la mayoría en confinamiento y se puso a ordenar la casa?
Sí, me pasó un poco lo mismo. Mi casa pre encierro era distinta. De partida, había alfombras persas, había otro color. Existían otras formas, porque no estaba el sofá curvo de ahora. Me di cuenta de que, en realidad, la que venía mucho a verme era mi señora y nos sentábamos en el living. Allí cambié el mueble porque encontré que el actual era más íntimo. También eliminé algunos cuadros clásicos. Aliviané un poco. Saqué algunos adornos que fui heredando y que no me decían nada. ¡Chao no más!

¿Y qué pasaba luego de la limpieza visual
Me sentaba aquí con vista al Manquehue -que en el invierno hasta tenía nieve y que en los atardeceres tomaba un color rojo- y le daba vuelta a las cosas, a pensar. Ahí comenzaron a salir los cuentos, por esa cantidad de horas en modo reflexivo.

¿Qué pasó con el silencio?
Pasé muchas horas y días solo. En un inicio no estaba enredado, pero sí lateado.

¿Fue un tema la edad y ser parte del “grupo de riesgo”?
Nunca me he sentido de grupo de riesgo (se apura a interrumpir).

Pero no podía salir a la calle.
Se suponía. Pero salía a caminar cuando me daban los monos ¡y chao!

En ese periodo, ¿no le decían “Papá, cuídate”?
Los más conservadores. La verdad es que me cuido poniéndome mascarilla y manteniendo distancia en aglomeraciones.

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La firma de Moro apareció varias veces en Cartas de El Mercurio. Peleó desde esa tribuna contra el encierro obligatorio de aquellos sobre 70. También opinó sobre la agitación política.
“La pandemia es cruel y escribí al Mercurio por el lema ‘Quédese en casa’. No se pensaba que había hasta ocho personas viviendo en una pieza”.

El libro menciona algunas de sus mujeres, pero tangencialmente. Y cuando la gente habla de Luis Fernando Moro, también se lo asocia a un galán. Hay mucha “amiga” en las páginas, pero no escribe directamente del amor.
No sé… (hace una pausa). En uno de los cuentos en que mi hija me habla de la pasión y me pregunta cuál es la mía, en ese momento me quedo callado y casi sentí que yo no tenía “una pasión” (dice con fuerza). Ella me ayuda y dice: “Bueno, pero la decoración”. Y no. Ahí me quedé pensando cuál era mi mo- tor y me doy cuenta de que es la belleza. Y la belleza también tiene que ver con el amor.

“Vida, muerte y belleza hacen un trío”, enfatiza en el cuento Pianista y torero.
Las tres tienen una ‘amarra’: el amor. La belleza te emociona y, obviamente, la belleza femenina es una de las razones por las que he tenido tantas amistades mujeres.

Y todas sus mujeres han sido guapísimas.
Allí parte con una capa de belleza y después viene aquella que uno va encontrando cuando avanza más en la vida, las de belleza más profundas. Personas han dicho: “Yo solo me he acostado con mujeres bellas, pero he despertado con muchas mujeres feas”. Porque en la noche, al descubrirse, salen esas capas que a uno no le gustan. Uno se metió a la cama con la primera capa.

El amor tiene que ver con la belleza, pero es una belleza más tranquila y profunda. ¡Y es amor!

Llama la atención que hayas sido tan abierto para hablar de su etapa en Patria y Libertad, pero no del amor. ¿Había menos susto a los de PyL que a sus mujeres?
¡No, no! Pienso, sencillamente, que es un poco de respeto por con la persona que estoy hoy. Habría sido raro que me pusiera hablar de mis amores. Y pienso que (en el libro) fui bastante cuidadoso.

¿No hubo miedo al escribir de sus días en Patria y Libertad?
No, para nada.

¿Por qué desclasificar ese tema post estallido social?
Porque lo tengo en la cabeza nomás. También porque es un cuento increíble: cruzar la cordillera cuando no se podía era una situación adversa de clima y seguridad. Y fue parte de lo que uno vivió a esa edad. Hoy no sé si me jugaría esos números. Pero me lo jugué porque no quería estar en un país socialista con esas características: el socialismo de Allende. Hoy no excluiría a alguien por ser socialista.

¿Le pasó algo internamente, más allá de registrar su escape, al recordar la participación en ese grupo?
No.

Tangencialmente, también empatiza con el “otro bando”.
Es que lo siento.

¿Tuvo amigos asesinados en la dictadura
No. Supe de amigos de amigos, hermanas de primos. No fue gente de mi círculo más cercano. Sí siento que fueron circunstancias muy duras e injustas con mucha gente. Fue una cosa cruel y muy brutal, entonces, obvio que empatizo con ellos. Tampoco soy fanático de ningún lado. Sencillamente, estaba vi- viendo una vida (de la UP) en la que no veía ningún futuro. Yo decía: “Esto es un desastre y voy a hacer todo lo posible para que esto se acabe”. Así lo sentí y así participé.

Hoy, al prender las noticias y ver el estallido, ¿remueve algo?, ¿lo asocia con esos días?, ¿le parece justo?
El estallido como tal me parece acertado. Y siempre lo he hablado con mis hijos, porque nos toca tener una medicina, educación y justicia privilegiada. En Chile se da una enorme diferencia entre aquel que nace en una población y otro de un sector protegido. Así como el libro relata de pasajes personales, también habla de diseño, su tienda, y los clientes. Hay un Chile conservador en el que parte y su ímpetu en el que quería marcar su ojo que no tenía prejucio.
“Hoy se nos agrandó el mundo y también se nos agrandó la cabeza. O sea, cuando viajé por primera vez a Estados Unidos quedé sorprendido por lo que vi en el aeropuerto de Miami, ya que aquí antes trabajábamos con solo tres colores: beige, arena, café y, quizás, otro tono. Vivíamos en una cosa muy monótona. Ahora nadie tiene miedo a pintar cosas de colores. La evolución ha sido gigante en los últimos 50 años. He visto cambiar el mundo en cuanto a diseño y a la valorización de donde uno vive, porque antes un living era para abrirlo el Año Nuevo, la Pascua o para un bautizo. Hoy uno pone la televisión en un living, habitas el living, lo ocupan los niños, entran los perros.

“Obviamente me siento y me veo más viejo, pero por dentro podría tener 40 años. Me siento con la misma energía y ganas de que si tuviera cuarenta”, asegura Luis Fernando Moro. Una energía que se mantiene en los 22 cuentos de su libro biográfico.
Anfitrión y amante de la cocina (pasión que heredó de su madre), Moro planea recibir a sus nueve hijos -además de los de su actual señora, Mae- para celebrar las fiestas de fin de año.

¿Planeas para 2021 celebrar los 50 años de la apertura de la tienda de Santa Magdalena?
No soy mucho de esos símbolos. Ni de Año Nuevo o de Pascua -quizás tenga que ver con el accidente de Felipe-. Pero desde antes no era de eventos por aniversarios. Obviamente me siento y me veo más viejo, pero por dentro podría tener 40 años. Me siento con la misma energía y ganas de que si tuviera 40.

¿Y cómo debe ser una casa en la era del home office?
Uno tiene que ubicarse en un lugar que trabaje cómoda y eficientemente. Actualmente, en una casa relativamente chica no es fácil si tú trabajas, también tu señora y los niños están con home schooling. Entonces, la casa se transforma en un área de trabajo general.

Entonces, ¿cómo se plantea esa casa 2021?
No requiere ser demasiado audaz, más bien debe ser natural. Antes las cocinas eran para las nanas y la gente no entraba, en cambio hoy es un gran tema comer rico con algo hecho por uno, armar recetas sanas, que existan personas veganas. Por lo tanto, el área de cocina debe estar conectada al resto de una casa para que la persona que prepara algo participe con el resto. La casa dejo de ser seccionada, excepto para dormir.

¿Algún consejo estético en la era del covid-19?
Cuando alguien se cambia de casa hoy tiendo a preguntar “¿por qué te mudas?”. Si lo haces solo porque sí hay una cierta frivolidad.

¿Hay que mirarse al espejo más que ver vitrinas?
Claro. Revisar cuántos somos. Y si soy solo, cómo vivo. En una familia ver qué están haciendo mis hijos, cómo lo pasamos mejor, cuándo convivimos todos juntos. Pero que algo esté de moda, que sea verde o blanco… ¡me importa un carajo! Ya he dejado la pala- bra decoración, más bien hablo de ambientar.

¿Algún premio que lo emocione?
He tenido reconocimiento en la mayoría de las ferias. Pero hay cosas que más quieres. Por ejemplo, para mí fue hacer la Discotheque Gente ¡fue entretenidísimo!

¿Por qué?
Era un proyectazo que se inaugurço en 1982. Le dije a mi viejo: “Me saqué una pega para hacer una discotheque”. Y él me respondió: “No sé si es tan bueno que usted haga una boite” (ríe). Y Gente fue muy distinto a lo que había por su tecnología, espacio, por su locura. Fue más entretenido que realizar el Congreso, donde hice el salón plenario con una propuesta para 450 sillones uniendo diseño y eficiencia. Fue súper rico por el honor, pero después de realizado muere, ¿te fijas? Y Gente duró vivo mucho tiempo porque uno podía ir varias veces y ver a la gente muerta de risa.

Y tenía más conexión con su personalidad.
¡Obvio! SML

*Título: Los cuentos de Moro
Precio: $ 15.000 (incluido envío)
Encargos y consultas: loscuentosdemoro@moro.cl

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