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Guia de Estilo

La pesca con mosca

10 enero, 2016

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Texto: Carlos Correa Fernández.     Fotos: Rodrigo Sandoval.

Tiempo atrás y mientras ordenaba mi equipo de pesca, un amigo me preguntó si los “bichos” que tenía en mis cajas eran moscas. Le dije que sí y le expliqué que con ellas imitaba los insectos de los que se alimentaban las truchas. O sea, me dijo, con tu caña lo que haces es dar “latigazos” en el aire intentado hacer “rebotar” la mosca en el agua. “¿Qué?”, le dije yo, “¿Latigazos? ¿Hacer “rebotar” la mosca en el agua?”; “sí”, me contestó, ya que él recordaba que alguna vez había visto a un pescador con una caña muy larga en su mano, con la que daba una especie de “latigazos” con la línea y con la cual hacía “rebotar” uno de estos bichos sobre el agua. O al menos, me dijo, eso era lo que le parecía haber visto y que con esa impresión se había quedado de lo que era la pesca con mosca. Le dije que esa era la percepción -equivocada, por cierto- que muchos tenían de la pesca con mosca, y le expliqué de qué se trataba realmente este deporte.

¿Qué es la pesca con mosca?

En términos muy simples, la pesca con mosca (o “fly fishing” en inglés) es una modalidad de pesca mediante la cual el pescador, haciendo uso de su observación, técnica y equipo adecuado, intenta engañar y atrapar un pez, utilizando para ello un señuelo artificial denominado “mosca”. Para ello, debe utilizar un equipo de pesca mosquero -diferente al equipo de pesca tradicional- que se compone, en primer término, de una caña mosquera que suele ser larga, delgada y de diferentes numeraciones dependiendo del tipo de aguas que se vayan a pescar; en segundo término, de un carrete mosquero que se utiliza principalmente para guardar la línea mosquera y dar la pelea con el pez; en tercer lugar, de una línea mosquera (también llamada “cola de ratón”), que podrá ser de flote (“floating”) o de hundimiento (“sinking”) dependiendo del tipo de moscas y aguas que elijamos pescar, línea que también presenta diferentes numeraciones acorde con la numeración de la caña; en cuarto lugar, de un “leader” que, básicamente, es un trozo nylon invisible cónico que viene en distintas resistencias y grosores, cuya parte más gruesa se ata a la línea mosquera y, su parte más delgada, a la mosca, sea directamente, o a través de un último trozo más pequeño de nylon invisible denominado “tippet”. Si además, nuestro destino son las frías aguas de nuestro sur, lo más probable es que tengamos que usar un “wader” (traje de vadeo hasta el pecho) para meternos y permanecer en el agua y así poder ganar metros en nuestros lanzamientos. A lo anterior, podemos sumar el uso de un chaleco de pesca, una chaqueta impermeable y anteojos, ojalá, polarizados. Habrán notado el uso de muchas palabras en idioma inglés, pero ello se debe al lugar de origen de este deporte y a que quienes lo practican han mantenido en el tiempo muchos términos originales sin utilizar traducciones forzadas.

Peces y moscas

Los peces que se pueden pescar con mosca son muchísimos, tanto de agua dulce como de agua salada, aunque en Chile, al menos, esta modalidad está mayoritariamente orientada a la pesca en agua dulce de truchas arcoíris y fario (y en menor medida, de salmones), principalmente, por su dificultad para engañarlas, su agresividad, su belleza, su tamaño, su pelea y por el entorno en el que habitan (principalmente en el sur de nuestro país). Ahora en cuanto a las moscas, lo que hacemos con ellas es precisamente imitar el alimento de las truchas. Así, dentro de la pesca con mosca, existen dos variantes: la pesca con mosca seca (o “dry fly”) y la pesca con mosca mojada (o “wet fly”). En la pesca con mosca seca, el pescador debe intentar imitar un insecto adulto alado que se posa delicadamente sobre el agua, principalmente para depositar sus minúsculos huevos y luego morir. Entre estos insectos, están los adultos de mayflies, de caddis, de stoneflies, y de matapiojos y libélulas, entre otros. Aquí me detengo para explicar que los “latigazos” que veía mi amigo al comienzo de este artículo, no eran otra cosa que los movimientos coordinados que hacía el pescador con su caña en conjunto con la línea mosquera para lograr dejar en forma delicada una mosca seca sobre el agua, nada más alejado de los “latigazos” y de hacer “rebotar” la mosca. También podemos pescar con mosca seca imitando insectos terrestres que, por la acción del viento, caen al agua, tales como saltamontes y escarabajos. Pero en este último caso, se debe dejar de lado la delicadeza en la presentación de la mosca, ya que lo que se necesita es hacer ruido y alboroto en la superficie del agua. Probablemente, una las mejores y más entretenidas salidas de pesca con mosca las he realizado con imitaciones de escarabajos en los productivos lagos de la zona de Cerro Castillo, al sur de Coyhaique, con los que he logrado atrapar preciosas y combativas truchas. Por su parte, en la pesca con mosca mojada, el pescador debe intentar imitar aquellos alimentos que se encuentran bajo la superficie del agua, tales como larvas y ninfas de insectos acuáticos, peces pequeños, páncoras, camarones y sanguijuelas, entre otros. En estos casos, debemos pescar ubicando nuestra mosca a media agua o cerca del fondo.

¿De qué están hechas las moscas?

Principalmente de plumas, pieles, pelos de animales y materiales sintéticos, con los que se “viste” un anzuelo. A la confección de moscas se le denomina atado. Las moscas se pueden comprar o bien se pueden atar para uso propio. Y aquí se abre un mundo aparte para el mosquero: el mundo del atado de moscas o “fly tying”. Literatura y artículos relacionados con el atado de moscas hay por miles y, en lo que a Chile respecta, recomiendo el libro Manual de confección de moscas del guía y atador chileno Reinaldo Ovando.

¿Qué mosca usar?

Ahora, no es llegar y pescar con cualquier mosca en cualquier tipo de agua. Para saber qué tipo específico de mosca debo usar, requiero conocer, básicamente, los tipos de insectos que se encuentren presentes en el río o lago que estamos visitando, para así poder elegir la o las moscas que imiten de la manera más fiel a dichos insectos, en su tamaño, forma y color. Pero no sólo eso, también es importante que el pescador observe y analice las aguas que va a pescar, para que pueda determinar su estructura y profundidad (pozones, correntadas, remolinos, piedras, palos, vegetación acuática, etc.). Es lo que en lenguaje mosquero se conoce como “leer el agua”. Estos aspectos, sumados a las condiciones climáticas (viento, lluvia, sol, nubes, frío, calor), a la diversidad de los equipos mosqueros existentes, a la multiplicidad de moscas inventadas y por inventar y a la diversidad de lugares y aguas que podemos visitar, hacen que la pesca con mosca sea una disciplina en la que uno nunca termina de aprender y que impone desafíos día a día, lo que la hace más entretenida aún. Pero no es para asustarse, la velocidad del aprendizaje dependerá de cada persona. En este sentido, quisiera destacar, especialmente, que hoy en día son muchos los niños y jóvenes que están aprendiendo a pescar con mosca, siendo muy fácil el enseñarles técnicas básicas que con el correr del tiempo se van mejorando; basta un equipo mosquero básico, algunas moscas y tener las ganas. Se trata, sin duda, de una disciplina sana, en permanente contacto con la naturaleza y mucho más fácil de practicar de lo que parece. De hecho, mi acercamiento a la pesca con mosca ocurrió cuando era niño, gracias a mi padre, que un día en plenas vacaciones de verano, me llevó a la barra del Río Pescado, en el Lago Llanquihue, a mirar cómo un par de mosqueros atrapaban unas truchas enormes. Era fines de los años 70. Hoy el Río Pescado es sólo un recuerdo de lo que fue, pero tenemos la esperanza que recupere el sitial y fama que lo hizo mundialmente conocido.

Guía de Estilo Revista SML #9

“Catch and Release”

Otra faceta no menos importante de la pesca con mosca es la práctica de lo que se denomina “catch and release” o pesca con devolución, que no es otra cosa que pescar un pez, sacarle rápidamente la mosca de la boca y devolverlo vivo al agua, para que se pueda reproducir y para que otros pescadores puedan el día de mañana volver a pescarlo, como de hecho ocurre. Cuando se pesca con mosca es muchísimo más fácil poder retirarle el anzuelo al pez (la mosca tiene un solo anzuelo), a diferencia de la pesca tradicional en la que, en ocasiones, se utilizan señuelos con uno o más anzuelos triples. En lo personal, representa la verdadera actitud deportiva tras el pescador. La pesca con devolución, practicada cada vez por más pescadores (incluidos aquellos que pescan de la manera tradicional) puede, sin duda alguna, ayudar de manera considerable a mitigar la depredación que hoy en día sufren nuestros ríos y lagos.

Lugares destacados

Finalmente, no quisiera terminar, sin antes compartir con ustedes algunos de los mejores lugares de Chile, que a mi juicio, son destinos obligados para practicar la pesca con mosca de truchas. Nuestro sur es privilegiado; sus paisajes naturales, bosques, volcanes, ríos y lagos son únicos y objeto de constante envidia por parte de todos los extranjeros que nos visitan, y, especialmente, de los que vienen a pescar con mosca. En cada río y lago encontramos truchas, pero hay algunos que suelen ser mejores que otros. Así, en la zona comprendida entre Valdivia y Puerto Montt, recomiendo visitar los ríos Enco, Calcurrupe, Rahue, Petrohué, Maullín y Puelo, y los lagos Ranco, Puyehue, Rupanco, Llanquihue y Todos Los Santos. Por su parte, en la zona de Coyhaique y sus alrededores recomiendo los ríos Figueroa, Cisnes, Simpson, Paloma, Baker y Cochrane, y los lagos Elizalde, Frío, Pollux, Castor, General Carrera, Cochrane y las lagunas del sector de Cerro Castillo. Finalmente, en la zona de Punta Arenas y Tierra del Fuego, los elegidos son los ríos San Juan, Penitente, Serrano, Grande y Rasmussen, y los lagos Parrillar, Blanco, Deseado, Despreciado y Fagnano. Sin perjuicio de los lugares señalados, existen muchos otros de altísima calidad para la pesca. Recomiendo de todas formas leer el libro Los 20 mejores lugares para pescar con mosca en Chile, de la colección Guías Revista Domingo de Ediciones El Mercurio, de los autores Luis Goycoolea y Rodrigo Sandoval. Para terminar, quiero dejarlos invitados a practicar este apasionante deporte; atrévanse, es más fácil de lo que parece, y de seguro los cautivará.

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