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Entrevistas

Iván Poduje: rápido y furioso

19 agosto, 2020
Ivan Poduje

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Tiempo de lectura: 16 minutos

ARQUITECTO, URBANISTA, SOCIO DE LA OFICINA DE ESTUDIOS URBANOS ATISBA, NO SE LE VA NI UNA. SI TODOS HABLAN DE LA “CIUDAD DE LOS 15 MINUTOS”, LA FÓRMULA QUE HA DEFENDIDO LA ALCALDESA DE PARÍS, ANNE HIDALGO, ÉL SE ENCARGARÁ DE SUBRAYAR QUE SE TRATA DE UNA IDEA “VENDEDORA” Y “UTÓPICA”. SOSPECHA DE LA TAQUILLA Y DESECHA LA IDEA DE LA ARQUITECTURA COMO ARTE. CERO DADO A LA CORRECCIÓN, Y MENOS A AGACHAR EL MOÑO, NO TUVO PROBLEMAS EN RENUNCIAR AL QUE FUE SU ESPACIO ACADÉMICO EN LA UC DURANTE 17 AÑOS, CUANDO SE SINTIÓ DISCRIMINADO FRENTE AL TWIT QUE LANZÓ Y DECÍA “NUNCA MÁS SE SUPO DEL HAMBRE”, EN ALUSIÓN A LAS PROTESTAS EN DIVERSAS COMUNAS POR LA CRISIS SANITARIA. TAMPOCO TUVO CONFLICTO EN CUESTIONAR LA ACTITUD DEL RECTOR IGNACIO SÁNCHEZ DE SENTARSE EN LA VEREDA A CONVERSAR CON ALUMNOS DURANTE EL ESTALLIDO SOCIAL. EN UNOS DÍAS LANZARÁ SU LIBRO SIETE KABEZAS QUE, DICE, LO SALVÓ DE RAYARSE CUANDO VIO SANTIAGO DESTRUIDO.


Texto Rita Cox  Fotos Rodrigo Rozas

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52 años, no dice si es soltero, casado, separado, divorciado o viudo. Tampoco cuántos hijos tiene. Información clasificada. Arquitecto de la Universidad Católica de Valparaíso y magíster en Desarrollo Urbano de laUC de Santiago, se le sale de refilón que vive en el barrio El Golf y que mucho antes de que la crisis social le quitara el sueño, alguna vez se desveló buscando alguna fórmula milagrosa para evitar la calvicie. Tiempos pasados. Hoy, tras cinco meses de pandemia y varios sin salir de la casa, dice que ha subido de peso, que por nada del mundo – ni antes ni ahora- se metería a un gimnasio, y que se mantenía en forma caminado sin parar, recorriendo barrios, subiendo y bajando de estación en estación de metro. Su trabajo como urbanista y socio de la oficina de estudios Atisba lo obliga y, como es bueno para discutir y prefiere saber para ganar el punto, circula por aquí y por allá para que no se lo cuenten, sino sea él quien entregue la información. Solo, no hay red social que no domine y sacuda, como tampoco espacio informativo de donde no lo llamen. Y es que, aunque peleador, el sujeto maneja contenido y sabe del arte de entregarlo. Con Atisba no ha despegado el radar sobre la pandemia y ha publicado informes sobre terrenos estatales disponibles para levantar viviendas (y solucionar de una vez el impresentable hacinamiento) y el aumento de los campamentos en los últimos veinte años que son demoledores.
A la espera de que editorial Uqbar mande a imprenta su libro Siete Kabezas, conversamos por Zoom con Iván Poduje. Un domingo, que podría haber sido un martes, o un jueves o un viernes, porque en estos tiempos, todos los días son un poco iguales. Pero con Poduje hablamos y pelamos un domingo. 

¿Por qué de la arquitectura viraste al urbanismo?
A los urbanistas nos gustan los proyectos grandes y a mí en particular siempre me han gustado los proyectos grandes –quizás porque soy alto, no sé- y porque me interesa mucho el tema de la ciudad y encuentro que es un escenario más interesante que trabajar en un predio específico, como la arquitectura más tradicional.

Pero eso, ¿lo tenías claro ya tempranamente?
Sí, desde siempre. Siempre en la universidad me gustó más esa escala. Después trabajé algunos años en construcciones, en una constructora, y no me gustó. Y me fui metiendo en la escala grande y me encantó siempre.

Y esa escala,¿tiene que ver con tus ganas de ser partícipe de la conversación contingente, del debate?
Claro, como consecuencia, los proyectos tienen una implicancia mayor y tú tienes la oportunidad de transformarte en actor más grande y, además, participar en la agenda más activamente, en la discusión pública que si trabajara en la arquitectura más clásica, de edificio.

¿Por qué te interesa la política? ¿Por qué te interesa ser parte de la agenda de la actualidad?
Me interesa porque es la manera que tú tienes de hacer que las cosas ocurran, de influir en el poder, de influir en la toma de decisiones. Si no estás en el debate público, si es que no usas todos los canales para poder participar, no puedes influir. Esa es la motivación principal: influir para que las cosas se hagan. Considero que hay muchas cosas por hacer y que la gente lo está pasando mal.

Ya, pero esto es una consecuencia de un interés. ¿De dónde nace ese interés? Porque, bajo esa lógica, también podrías ser sacerdote.
Mi mamá siempre me traspasó la inquietud de interesarme por lo que le pasa al resto de la gente. Yo vivía en Vitacura cuando había campamentos y me pareció una cosa muy natural que existieran y de pronto los sacaron. Nunca entendí, hasta mucho tiempo después, cómo fue eso y las razones.

¿Católico practicante?
En algún momento fui mucho más católico que ahora.

Y de joven, ¿participabas en alguna parroquia o movimiento?
No, nunca. Nunca, jamás. Completamente independiente. Iba a misa sí, a veces. Después me alejé más. Pero nunca participé en ninguna cosa como pastoral.

En una entrevista de hace un tiempo en Capital, describías una imagen tuya, niño, acompañando a tu papá a su trabajo, en una fábrica textil en Renca. Ese contraste de paisajes Vitacura-Renca-Vitacura, ¿influyó en tu interés por el urbanismo?
Yo creo que sí. Siempre me impactaron los contrastes de la ciudad y, más grande, cuando la comencé a conocer más, el impacto fue mucho mayor.

¿Por qué optaste por Arquitectura? ¿Alguien o algo influyó en esa determinación?
Básicamente me gustaba dibujar, hasta el día de hoy me encanta. Quería ser artista y mi papá me dijo que como artista me iba a morir de hambre y me dijo “bueno, estudia otra cosa que te permita dibujar”. Lo que te dicen los viejos, y tenía toda la razón. Como pendejo pelotudo uno se resiste a eso, pero la arquitectura me permite seguir dibujando.

¿Qué desafíos impone el dibujo?
Dibujar, sobre todo el croquis, es poder representar en pocos trazos la realidad. Es el poder de la síntesis. El dibujo requiere rigor, y no es cualquier cosa. Es una abstracción de la realidad, o sea, como tú la ves te permite mostrar una manera particular de lo que ocurre. Ese es justamente el atractivo del dibujo, del croquis. Y tiene un componente matemático, porque a mí me gusta mucho la matemática.

¿Disfrutaste tu paso por la Escuela de Arquitectura?
Sí, fue intenso y lo disfruté. Dibujaba muchísimo. Era lo que más me gustaba. Había ramos más fomes y sí, siempre tuve resistencia como al gremio, digamos, al gremio de la arquitectura, al círculo.

¿Qué significa “gremio”? ¿La taquilla de la arquitectura?
Sí, a la taquilla. O sea, me carga la dimensión artística de la arquitectura.

¡Ufff! Ya entraste en terreno pedregoso. ¿Te parece snob esa dimensión?
No, pero la encuentro irrelevante. Un poco frívola. Encuentro que habla en un idioma chino.

¿Y quién te parece interesante en su discurso?
Alejandro Aravena. Alejandro Aravena es un tipo brillante.

¿Cuál es la brillantez de Alejandro Aravena? Parece una pregunta que sobra, dado su Pritzker y demases, pero prefiero pararme en la vereda de la sospecha y preguntarte.
La brillantez de Alejandro Aravena es, primero, haber orientado su talento, que lo tiene, a un problema social apremiante: la vivienda social chica y segregada, etc. Para mí ese es el talento que él tiene.

¿Eso lo hace brillante?
Yo creo que la forma en que lo resuelve, sí, claro. Es muy hábil para comunicar sus ideas, hábil para moverse, tiene buenas redes, y eso es parte también de la brillantez. No sacas nada con tener ideas y orientar tu foco en problemas, que a mí me consta que para él son relevantes, pero quedarte en el discurso. Tienes que influir en el poder y creo que él lo ha hecho bien en eso.

Pero la arquitectura no es un arte. Entonces, cuando se confunden esos planos y tú tienes arquitectos artistas, hablando en raro con un metalenguaje y metidos como en una élite, me parece completamente alejado de mi mundo, de mis prioridades, de mis temas.

Tiene talento para hacerse escuchar. Buen punto. Comentabas en una entrevista radial que los políticos escuchan poco a los arquitectos y urbanistas. 

Escuchan poco a los arquitectos y a los urbanistas, y encuentran que hablan leseras. A mí me lo han dicho directamente. Que hablan en chino. Porque el problema que tiene la arquitectura, la arquitectura tradicional que te enseñan en la escuela, es que es difícil que un gallo te explique por qué un proyecto es bueno o malo.

¿Ya?
Se complica. Pregúntale a un arquitecto “¿por qué tu proyecto es bueno o malo?”. Se va a complicar muchísimo, te va a empezar a hablar de cosas casi metafísicas y se va a enredar. Probablemente le va a gustar un proyecto que sea más parecido a las cosas que hacía Mies van der Rohe o que sea minimalista. Nunca le va a gustar la casa colonial chilena. Es muy raro.

¿Qué otras cosas te espantan del mundo de la arquitectura chilena?
No me gustan las bienales y estoy inscrito en el Colegio de Arquitectos, pero no voy nunca. Encuentro que tuvo una actitud lamentable en el estallido social. El 18 o 19 de octubre, después de que se habían destruido las primeras diez estaciones del metro, sacó un comunicado diciendo que si bien no apoyaba la violencia, podía entenderla por las inequidades del modelo.

“Esa carta era un desastre, un crimen después de la destrucción que vimos. Luego, tuvo una actitud muy blanda con toda la destrucción de las iglesias y de los edificios. Me parece muy decepcionante el Colegio de Arquitectos”, detalla Poduje con tono de desagrado.

¿Y las bienales?
Hace mucho tiempo que las bienales en Chile son una cosa cerrada que no influyen en nada, que no tienen ninguna relevancia. Han caído en la irrelevancia, porque no se discuten los temas que están ocurriendo o, si se discuten, se discuten con una agenda. Por ejemplo, la última bienal fue en Franklin, como en una feria libre, ondera. Hay una desconexión y un discurso que no le hace sentido a la gente ni a los actores que toman decisiones, porque es excéntrico y eso a mí no me hace ningún sentido.

Concluyo que desprecias todo lo que huela a arte y aún más arte conceptual.
No, para nada. Creo que la arquitectura y el arte son disciplinas distintas. Creo que el arte es absolutamente necesario. Soy un gran admirador de los buenos pintores, de los buenos escultores y de los buenos poetas. Pero la arquitectura no es un arte. Entonces, cuando se confunden esos planos y tú tienes arquitectos artistas, hablando en raro con un metalenguaje y metidos como en una élite, me parece completamente alejado de mi mundo, de mis prioridades, de mis temas.

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¿Qué rol le cabe a las universidades en esa formación que cuestionas?
Toda la responsabilidad, porque el eje de la formación disciplinar de la arquitectura es el taller, una instancia donde al alumno lo sometes a un trabajo como de maestro-discípulo, como en la Grecia Antigua, como una onda renacentista con un maestro que cacha. Y, básicamente, para trabajar en temas plásticos y estéticos. Al alumno se le forma en esa discusión: “¿seré bueno o no’”; “¿seré bonito o no?”.

¿Cuál sería tu contrapropuesta?
Creo que la formación debiese tener muchos más cursos técnicos y que la evaluación del taller debiera ser 90% técnico y 10% estética. Hoy es al revés. Eso hace que las escuelas se hayan transformado en unos espacios como de resistencia, como que encuentran que está todo malo, pero no proponen nada. Desprecian el mercado inmobiliario y desprecian a la clase media. La mayoría de los profesores de arquitectura detestan los malls y les cargan los autos. Si hay algo que me molesta mucho más que el arquitecto artista, es el arquitecto elitista; el que no conoce su ciudad, que no conoce Maipú, ni La Cisterna ni San Bernardo; el que desprecia los gustos de la gente. El que va a La Vega como una cosa “chora” y al que encuentra “choro Valpo”. Para mí eso es el ícono de lo insoportable

ESCRIBIR Y CAMINAR O ENLOQUECER

Hace poco Las Condes fue liberada del confinamiento. ¿Has retomado tus caminatas? ¿Cuál fue la primera sensación?
Lo encontré espantoso, lo encontré como un fin de semana largo permanente, sin gente, sin ruido. Esta cuarentena ha sido terrible. Ahora, desde el privilegio, porque mis niños tienen un lugar amplio y, por el contrario, conozco muy bien el problema del hacinamiento. Por lo mismo, me parece que esta pandemia ha sido terrible.

La ciudad ya estaba herida desde el estallido del 18 octubre, tema de tu libro.
Sí. Me caminé el estallido completo, desde el 19 de octubre en adelante. Llegaba a mi casa después y era como llegar a otro mundo. No hay ninguna relación entre la precariedad que tienen otras comunas y la violencia del estallido y lo que se vio en Las Condes, lo que explica que tanto weón artista consideró que este estallido era como cool. Porque nunca recorrió ni vio lo que estaba pasando, creo yo. Es la única explicación que tengo, salvo que le guste la destrucción. La destrucción de la periferia fue veinte veces mayor a la de otros lugares.

¿Por qué se llama Siete Kabezas tu libro?
Siete cabezas, porque no hay una cabeza, hay como siete en este estallido. También para hacer un juego con el apocalipsis.

Muchas identidades y motivaciones en una misma primera línea.
Mucha gente distinta participando y gente que sentía que, por primera vez en la vida, la estaban considerando, la trataban de héroes. Tenían a todos los intelectuales, a los artistas, a los rostros, a todos estos tipos –digamos escribiéndole poemas. A Daniel Muñoz y a Rafa Cavada, que está pegado con Irak, sacándose fotos con ellos. Entonces, claro, cuando murió Mauricio Fredes, cuyo barrio conozco, está en El Castillo, en La Pintana, uno piensa que él nunca tuvo una opción de salir. O sea, nunca tuvo una opción en la vida de nada. Con eso la primera línea sí encontró una mística. Pero no es el driver principal del estallido.

No hay ninguna relación entre la precariedad que tienen otras comunas y la violencia del estallido y lo que se vio en Las Condes, lo que explica que tanto weón artista consideró que este estallido era como cool.

¿Un driver era hacer tambalear al gobierno de Piñera?
No, esa era para una de las cabezas. Mucho oportunismo. O sea, Boric jugando a ser como Martin Luther King, gritándole a los milicos; Giorgio Jackson como emocionado con las barras bravas. Esos tipos aprovecharon, usaron a la gente, usaron a la gente que lo estaba pasando mal, minimizaron la violencia y lo usa- ron para empujar su agenda.

Estallido o pandemia. ¿Qué te ha golpeado más?
El estallido, por lejos. Por lejos. Me cambió la vida, por lo que vi. Cuando vi el metro de Los Quillayes, en La Florida, que estaba siendo destruido, que lo estaban quemando, sentí que estaba viviendo una pesadilla. Decidí usar el libro y mis caminatas como psicoterapia para no rayarme. Como una manera de soportar lo que le estaban haciendo a la ciudad, a los monumentos, a todo. Es muy fuerte ser testigo de la completa enajenación con, además, un componente político de idealización de la violencia y una cosa media artística de por medio. Terrible; y yo creo que eso polarizó al país de manera irreversible. Por su puesto que, como en la pandemia, los más pobres fueron los que pagarán más caro.

De la COP25 y Greta Thunberg pasamos en unos días a la completa oscuridad.
No quiero sonar petulante, pero siempre me cargó este discurso progre buena onda, con el cambio climático y la Greta, porque yo tenía absolutamente claro, dado que trabajo en comunas clase media y sectores populares, que la cosa estaba así. Hace veinte años ya escribí en columnas sobre la segregación y la inequidad. No me convencen los ambientalistas de maceteros, los que piensan en la bici. El cambio climático es un problema ineludible y no hay cómo negarlo. Pero que Greta sea como el nuevo mesías…, eso siempre me ha parecido extraño. Todos pueden caer ante la seducción que eso genera.

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Llega la crisis social y cambia el eje de la conversación. De hablar de la COP25 pasamos a hablar de pobreza y eso se ha extremado en pandemia. ¿No revela eso un arribismo de los discursos, de pretender camuflar lo que somos?: un país pobre y desigual.
No, yo no tengo esa visión.

¿No?
Hay que ponernos en el contexto de Latinoamérica. El avance de Chile, desde la recuperación de la democracia, es tan gigantesco en cultura sanitaria, mortalidad, desarrollo humano, infraestructura, y yo me siento orgulloso de eso. Ahora, ¿qué es lo que ocurrió que nos quedamos pegados? Nos dormimos en los laureles, nos creímos el cuento –sin duda- y una parte de la elite se desconectó hace rato de la gente, sin duda, también.

¿El fracaso de la política?
Está la política y también están los empresarios de Casa Piedra que se niegan a conectarse con la gente y a compartir valores y a hacer proyectos más inclusivos.

Pero parece que esta pandemia ha sido también un buen zamarrón para esa élite empresarial. Sea por la razón que sea, la CMPC inyectó plata en la investigación de una vacuna, Bernardo Larraín debate con Matamala sobre las grietas de Chile y así varios.
Sí. Yo creo que hay un tema generacional. El discurso que tiene Patricio Donoso, Bernardo Larraín, el Solari chico, es muy distinto al que tienen los viejos. Es evidente. Yo creo que esa generación tiene que luego tomarse el poder y en algunas empresas en donde ya esa gene- ración manda hay un cambio. Y hay una resistencia de los más viejos que creen que ellos dan la pega, que ellos cumplen las normas y que las culpas son del Estado, porque no fija buenas normas. En la industria de la construcción eso pasa mucho. Cuando pasó lo de las torres de Estación Central, hubo mucho viejo que decía “pero si nosotros hacemos lo que el plan regulador dice y le damos casa a la gente”. ¡Déjate de joder! Ellos son los que influyeron para que esas normas fueran laxas y la gente se va a dar cuenta de que están matando el principal patrimonio de las personas con esos espantosos departamentos.

Me cuesta entender tu domicilio político. Laguista y luego asesor de Piñera. Suena confuso.
Mi raíz cultural está en la Concertación, no en la Nueva Mayoría. Y el Presidente Piñera no es un político de derecha, en mi opinión, como sí existen de derecha dura. Al menos en lo que me tocó interactuar con él, que fue en temas de los proyectos, no en lo político, vi una genuina preocupación por mejorar el estándar de la gente, con otro lenguaje a lo mejor. Por otra parte, por mi pega tengo que trabajar con el poder para implementar los cambios, entonces he trabajado con alcaldes cercanos al Frente Amplio, tengo la peor opinión del Frente Amplio, de sus líderes, y tengo una gran admiración por la gestión que hizo la alcaldesa de Pedro Aguirre Cerda, comunista.

Además de ser el poder, ¿hay un gesto o lenguaje común que identifiques en Lagos y Piñera?
Son distintos. Son líderes distintos y el punto en común que tienen, y va a sonar súper siútico y lo voy a decir como lo diría Piñera, es que sienten un profundo afecto por el país.

¿Y compartes ese afecto con ellos
Absolutamente.

Qué raro querer el país, lo encuentro lo más raro que hay. Suena como de Los Huasos Quincheros.
No, porque el país es una construcción men- tal y simbólica. Para algunos será ultra facho decir que uno quiere su país. Bueno, a mí me importa un carajo. Yo tengo en mi bloqueador de pantalla una bandera de Chile.

¿Por qué tanto desprecio hacia el Frente Amplio?
Básicamente no le han ganado a nadie, aunque estén convencidos de que sí. Se suben a un pedestal a basurear a Lagos, a Aylwin, a todos mis líderes. Culturalmente, lo que han hecho estos gallos, es basurear a toda esta gente que yo respeto, que hicieron cosas, a diferencia de ellos que no han hecho nada. Ellos son como un one hit wonder. Sólo tienen un hit.

Como Natalie Imbruglia o Martika
¡Un one hit wonder que van a seguir cantando hasta que sean viejos!

¿Cuál es ese hit?
La gratuidad. La gratuidad universitaria. Ya. Pero mi viejo estudió en el Instituto Nacional, entonces también hay una cuestión personal con estos tipos, con Winter y compañía: minimizaron a los violentos que destruyeron el colegio de mi papá y el colegio de sus amigos. Yo tengo un tema absolutamente personal con ese tipo de política.

Destruyeron una cultura, ¿dices?
Claro. O sea, primero basurearon a toda una generación de políticos que yo respeto y son mis líderes. Y han tenido una actitud ambivalente, coqueta, con la violencia, perjudican- do al liceo que generaba movilidad social en Chile.

Del alcalde Jadue dijiste en El Mercurio que era antisemita y en otros lados que es un mal alcalde. Dejemos pasar el primer punto, bastante evidente. ¿No te parece un acierto su farmacia popular?
Es un buen one hit wonder. Creo que la farmacia popular fue una genialidad y se quedó pegado. Después le puso “popular” a cualquier cosa, porque la “universidad popular” no existe y la “librería popular”…, las bibliotecas existen hace mucho tiempo. Si a eso sumamos el estado de sus veredas, la regulación, el deterioro, la basura, el tráfico, es un desastre. Como arquitecto me parece que su comuna está en un estado impresentable. Por escribir eso en una columna, en una modesta columna, sentí la ira de él, de su matonesca actitud y de su partido.

No son pocos los políticos que en el último mes han comentado en medios que andan con escolta debido a amenazas. Así están los ánimos. ¿Te han intimidado?
No, pero me dijeron que no me apareciera por Recoleta.

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HUÉRFANO POLÍTICO Y CERO FE EN OCTUBRE

Sin Concertación, ¿eres un huérfano político?
No puedo ser de derecha. Viví los tiempos de Pinochet y eso culturalmente te marca, pero conozco gente de Evópoli, por ejemplo, con quien pensamos bastante parecido, o gente joven de RN. Y lo mismo en lenguaje político, gente de la DC. Lamentablemente en mi sector, que es la Concertación, a los viejos les dio una crisis como de la mediana edad. Como que se chasconean, cambiaron el auto y se pusieron medios patéticos.

Y en medio de todo eso, no crees en el plebiscito de octubre.
No, yo no creo en ese plebiscito. No creo en la forma en que se gestó. Creo que se gestó con una pistola en la mesa y, por lo tanto, no voy a votar en ese plebiscito. No le doy legitimidad a lo que ocurrió ahí.

¿No vas a ir siquiera a las urnas?
Tal vez voy y dibujo algo en el voto o me voy, como lo hice para la votación de Guillier-Piñera, fuera de Santiago, con suficientes kilómetros de distancia para no ir a votar. Porque, además, no creo que una nueva constitución vaya a resolver ninguno de los problemas serios que tenemos ahora. Es más, creo que está generando una expectativa que es muy peligrosa.

Pero en términos simbólicos, para ti, que eres un ex concertacionista, hay un tema relevante: terminar con la Constitución de Pinochet y de Guzmán. ¿No te moviliza ese argumento?
Sí, puede ser, pero es que el país se está jugando tantas cosas. Estamos tan endebles, que poner todas las fichas en una nueva Constitución me parece una locura. Creo que es mucho más importante las 500 lucas a la clase media, construir cuarenta mil viviendas, arreglar el Transantiago maldito, construir rápido el metro. Esos, que son mis temas, me parecen mucho más importantes que la constitución. No estoy quitándole valor al voto, sólo no voy a votar no más. Me da lo mismo el apruebo, el rechazo y todo ese cuento.

Que la carta al diario, que la trifulca en Twitter, que la radio y la tele. ¿Vale la pena estar en todas y en todo?
Te digo altiro que sí. En el momento en que vivimos son importantes las convicciones y hay que pelearlas. Creo que la estrategia de ser amarillo y esconder la cabeza no sirve para el momento actual. Eso hace que a veces me salga de revoluciones. El ambiente de la red, del debate, está muy crispado, entonces cuesta mantener el temple. Pero creo que hay que estar en todos los espacios. En Instagram, en Twitter, en los diarios o en la tele.

Me canso de pensarlo.
Tengo pila. Pero, además, con mi oficina estamos poniendo temas. Hemos sacado seis reportes Covid, estamos haciendo propuestas para varias regiones; entonces estamos en una pega que tiene un com- ponente, no sé si llamarlo técnico, pero sí disciplinar. Eso me permite mirar y criticar lo que está ocurriendo y si veo un error, hablar sobre eso.

¿A quién lees?
Me encanta Carlos Peña.

¿No te parece un poquito sádico o cruel ¿Era necesaria esa columna sobre Blumel, por ejemplo?
Yo creo que cuando uno está en política y tiene ese nivel de poder que tuvo el ex ministro Blumel, como diría Allamand, es completamente sin llorar.

¡Pero pucha que llora Allamand!
Bueno sí, no sé si llora, pero lo que te quiero decir es que probablemente Blumel no quiso ser ministro del Interior, debió haber dicho “no”. A mí no me gusta cuando Peña habla mal del Presidente. Creo que no corresponde.

O sea, lo tiene de casero.
Sí. Pero tiene muy bien detectado el problema que estamos experimentando como país. También me gusta mucho como escribe Silvia Eyzaguirre.

Es provocadora.
Provocadora como buena columnista, pero sin caer en el “matamalismo”: escribir para polarizar.

Matamala es el más leído de La Tercera todos los domingos. ¿Por qué te carga Matamala?
No me carga Matamala, no he dicho que me cargue. Él es un personaje, creo que es un tipo que escribe muy bien. En general, creo que su evolución ha sido más hacia –probablemente- generar debate, es muy influyente, y polariza en exceso la discusión. Ese es mi cuestionamiento con él. Es un periodista bastante serio y riguroso.

¿Y del mundo de las ideas fuera de lo estrictamente político?
Warnken es un tipo fundamental para los tiempos que vivimos. Alfredo Jocelyn- Holt es un académico puro y sin temor a nada. Su libro La Escuela Tomada es extraordinario. Matías Rivas me gusta mucho, también es, no sé si es un intelectual, pero tiene una columna, Reyes De La Moralina, que tengo guardada y leo regularmente. La he leído durante meses una y otra vez. SML

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