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Entrevistas

Humberto Sichel, del drama al humor

20 noviembre, 2020

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Tiempo de lectura: 10 minutos

SOBRE LA MUERTE DE SU PADRE, CRECER DE GOLPE, CUIDAR Y SER CUIDADO, LA FAMILIA ELEGIDA QUE SON LOS AMIGOS, Y DE LO QUE SE HABLA Y HABLA DE NOCHE EN UN BAR, CONVERSARON JAVIER SANFELIÚ Y HUMBERTO SICHEL. EL DIRECTOR CREATIVO DE EMISOR PODCASTING Y EL PERIODISTA DE CHILEVISIÓN Y RADIO SONAR SON AMIGOS HACE MÁS DE VEINTE AÑOS. JUNTOS HAN ATRAVESADO VARIAS TORMENTAS Y DESVARIADO EN MÁS DE UNA FANTASÍA, COMO LA DE HACERSE MILLONARIOS DE UN DÍA PARA OTRO; COMO COMPRAR COLO-COLO O VIAJAR EN YATE A LO LEONARDO DICAPRIO. UNA CONVERSACIÓN CON BARULLO Y RUIDO DE COPAS.


Texto: Javier Sanfeliú  Fotos: Angel Esquerré  

No pocas personas han dicho que este es el año clave de Humberto Sichel, periodista, 39 años. Se han afianzado sus audiencias en televisión y radio; entre Chilevisión y radio Sonar. Pero Sichel es muchas cosas más que un periodista.
Alguna vez tuvo una banda con la que cantó cosas como La chica de humo, de Emmanuel. Junto a su hermano Leo tuvieron la sanguchería José Ramón, hasta que la pandemia los hizo desistir. Con su amigo Jaime Villareal tiene una pata en proyectos audiovisuales. Anima eventos, estudia guión con Gonzalo Maza y además un magister en comunicación estratégica en la PUC. Deportista, ansioso, algo hipocondríaco, con un sentido del humor a prueba de misiles, pero, por sobre todas las cosas amigo de sus amigos. Esta no es precisamente una entrevista. Es más bien una conversación con mi gran amigo y hermano Humberto “Toti” Sichel.

PERDER AL PADRE
El primer recuerdo de haber conversado contigo fue el día en que supe que había muerto tu padre. Estábamos en Iberoamericana Radio Chile y, como el mío había muerto unos años antes, bajé a darte un abrazo. Sabía lo que se sentía. ¿Qué te pasó desde ese día?
Me acuerdo. Sentí una muestra de cariño y así como la tuya, la de cientos de personas, porque estay como en una etapa de shock. Mi papá se murió un 21 de mayo de 2002, muy temprano, se murió como a las 11 de la mañana. Todo partió como a las 9. Muy joven se fue, tenía solo 48 años. El día antes estábamos preparándonos, porque íbamos a ir a pescar o a cazar –no me acuerdo muy bien- y se puso a llover. Ese día preferí no salir, uno siempre tiene carretes y todo, pero al otro día me iba a levantar temprano, así que me quedé en la casa. Comimos en el comedor de diario con mi papá y mis hermanos Leo y Anita. Conversamos, nos reímos, fue una comida súper grata. Y nos fuimos a acostar cada uno a su pieza. Al otro día, tipo 9 de la mañana, me desperté con un grito desgarrador, así de: “¡papá, papá!”.

¿Qué edad tenías?
Yo tenía 21 años, soy el mayor de los tres, y nos quedamos los cuatro; mi mamá viuda y nosotros sin un papá.

Y cuando te dijeron que se había muerto, ¿qué te pasó emocionalmente? Porque lo que me pasó a mí fue que dije: “OK, pasé de los pantalones cortos a los pantalones largos”. La perspectiva de que todo se movió a otro norte: hacerse hombre en serio.
Junto con mi mamá y mis hermanos nos abrazamos y empezamos todo el trámite que es súper frío. Este tipo de situaciones te dan esa mezcla horrible de la pena absoluta y lo pragmático, de que hay que ordenarse, llamar a la funeraria, hacer todos los trámites. Estaba acompañado de mucha gente y estaba en shock absoluto. Estás dentro del espectro de lo posible y lo imposible. Esto era lo imposible, pero estaba pasando.

Y hacerse cargo de tu mamá.
Sí, pero mi mamá tuvo una fuerza que nunca he visto en ella. Siempre la ha tenido, con nosotros fue siempre muy apañadora, nos acompañaba a todo, nos dejaba ser, nos impulsaba a hacer las cosas que quisiéramos. Pero en ese momento mi mamá agarró un rol heavy, que es un rol pragmático latero, con toda su pena y su duelo se hizo cargo de todo: del papeleo, de la pega de mi papá, de los negocios. Para mí fue inconscientemente asumir el rol de hermano grande, pero grande, ¿cachai? Como eso de ponerse los pantalones, de crecer, de que aquí hay algo que no se va a recuperar, que va a marcar nuestras vidas para siempre y que hay que hacerse cargo. Había que actuar. Perder al padre es algo inexplicable. De ahí en adelante fue un proceso largo, lento, borroso. Pero no íbamos a detenernos, lo importante era no dejar de caminar.

Humberto es así. Una persona de acción. Un motor que no para. Se hace cargo y va hacia adelante. Es difícil verlo quieto. Siempre está atento a cualquier tipo de oportunidad que se le cruce y que le provoque cierto entusiasmo y, en especial, goce. Es un humano muy bien orientado.

¿De ahí empiezas a ser una suerte de padre? ¿Aflora salir a cazar, esa masculinidad media perdida, pero que existe dentro de nosotros en momentos de crisis?
No sé si padre, pero tu rol es un rol más importante dentro del ecosistema familiar. En una mezcla entre shock, entre que sentía la pena y la protección de la familia también, apareció muy fuerte cuidar a mis hermanos y acompañar a mi mamá en lo que pudiera. Si lo pienso con distancia, no quería ser yo quien generara otro problema. Quería ayudar a que esa situación se pudiera llevar de la mejor manera.

Responsabilidades.
Responsabilidades, claro.

Por eso te digo que “padre”, como esa figura masculina.
Mi mamá fue súper importante en el proceso, porque a pesar del duelo y del dolor, ella tomó el bastión de llevar a la familia para adelante. Ella no se iba a caer en ese momento frente a sus hijos. Si se caía uno, nos caíamos todos. Ya no podía mirar para el lado y decir “esta responsabilidad recae en otras personas”. Las decisiones empezaron a pasar mucho por mí y por mi mamá y mis hermanos. Había, por primera vez, que tomar determinaciones que afectaban a los otros. Cuando uno es hijo, uno toma decisiones de hijo no más y si las cagai, están muchas veces tus papás para apoyarte. Eso ya no estaba.

Uno pasa de hijo a adulto en un par de días.
Yo sentía que ya me estaba transformado en un adulto, ya tenía responsabilidades, ya estudiaba y trabajaba desde el primer año de universidad. Pero la vida era esta nueva vida que se presentó, que era con otro tipo de decisiones. Decisiones de todo tipo; desde económicas hasta emocionales.

OTRA PATERNIDAD
Ninguno de los dos hemos sido papás biológicos, pero hemos tenido “hijastras” y niños muy cerca.
Me gusta que se refuerce el rol de la familia. Yo trato de hacer familias donde quiera que esté, y eso tiene que ver con mi polola (la periodista Macarena Pizarro) y sus hijas; con mi mamá y mis hermanos; con mis tíos o contigo; con mis hermanos elegidos, mi familia elegida, que son muchos amigos.

Los vínculos de la calle. La familia de la calle.
Los vínculos, cuidar a las personas que me quieren y yo demostrarles que las quiero de vuelta. Tratar de que el amor que te entregan tú lo des de vuelta ojalá multiplicado y viceversa. Y ahí yo creo que es súper importante esta figura, este concepto que uno tiene de “el padre”, que suena masculino, pero no lo es. Es simplemente humano, mamífero.

Eres bueno para buscar afecto, familia. Te sale fácil.
Yo busco, en determinadas personas, rasgos parentales. Por ejemplo, en papás de amigos, en familiares, en amigos. Busco cosas que quizás me las podría haber entregado mi papá. Está ese dicho “si la vida te entrega limones, haz limonada”. A mí me gusta hacer pisco sour. Si la vida me entrega limones, yo hago pisco sour; trato de buscarle la vuelta. Yo soy súper quejón, tú me conoces. Me quejo todo el día, pero al final soy súper agradecido.

Buscas llenar el vacío con entusiasmo, cariño y sentido.
Sí y lo hago en todo. Por ejemplo, no soy papá biológico, mi polola tiene dos hijas increíbles que además tienen un muy buen papá. Trabajar en la relación con ellas es lo mejor.

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“Está ese dicho ‘si la vida te
entrega limones, haz limonada’.
A mí me gusta hacer pisco sour.
Si la vida me entrega limones,
yo hago pisco sour; trato de
buscarle la vuelta. Yo soy súper
quejón, tú me conoces. Me
quejo todo el día, pero al final
soy súper agradecido”.

HOMBRES EN UN BAR
Sichel es un hombre responsable, no falla nunca -o casi nunca- a deberes y compromisos. Creo conocer un solo error en su hoja de vida y fue porque le falló el despertador. Pero también, sin duda, la bohemia ocupa un lugar importante en su vida, porque no todo es trabajo. El momento del relax es el premio merecido. Por eso es un asiduo de parrillas, restoranes y bares, da lo mismo el horario. Ahí se expresa con fuerza lo que denomina el cuidado de la familia escogida.

Hablemos de bares, del carrete. ¿Qué te pasa con la noche, con los bares y con los amigos? Porque hay muchas amigas que de repente dicen: “y ¿qué hablan los hombres cuando van a los bares?” ¿Te acuerdas de que me apañaste cuando yo lloré en un bar lleno?
Sí poh.

Los hombres también lloramos en los bares.
En el Liguria, en la noche.

Sin embargo, se piensa que hablamos solo de mujeres, de fútbol.
Yo creo que a los bares uno va a aferrarse a distintas cosas, a estar con tus familias elegidas, a saber que no estás solo, a vomitar cosas. Vas a contar tus seguridades e inseguridades, y a relajarte. Sabes que en un bar puedes contarle a un amigo la misma historia diez veces e igual te vas a reír las diez veces. Creo que no hay mucha ciencia y por eso te digo que aferrarse, aferrarse a los afectos. A eso vas a los bares.

A los afectos.
Yo soy súper trabajólico, me encanta mi pega y me meto en ochenta proyectos y siempre, desde que me conocen mis amigos, estoy quejándome porque estoy lleno de cosas. La pega es importante, yo me desvivo por la pega, me encanta, pero la verdadera vida, la verdadera emocionalidad, está en lugares como un bar. Y tu casa también se transforma en un bar cuando van tus amigos. El concepto de “bar” no siempre tiene que ver con ir a un lugar y tomar y reírte. Tiene que ver también con ir a un lugar a encontrarte con otro y contarle las cosas y eso puede pasar en tu casa, puede pasar en cualquier lado.

“A los bares uno va a aferrarse a distintas
cosas, a estar con tus familias elegidas,
a saber que no estás solo, a vomitar
cosas. Vas a contar tus seguridades e
inseguridades, y a relajarte. Sabes que
en un bar puedes contarle a un amigo la
misma historia diez veces e igual te vas a
reír las diez veces”.

Sí, pero es un súper buen momento ese lugar, cuando uno sabe que se va a encontrar con gente que de verdad te importa.
Sí y es un lindo momento para desahogarte, para contarte cosas y para reírte. Pero también es un momento muy propicio para escuchar qué le pasa al otro, escuchar qué le gusta, qué quiere, qué piensa de cosas. Hoy en la mañana estuve con unos amigos y en diez minutos nos tomamos un café y nos pusimos al día. Eso es bonito, porque es cultivar la amistad. Cultivar la familia elegida. Para mí es muy importante.

Qué bonita es la palabra cultivar.
Yo creo mucho en el concepto de reciprocidad. Es lindo cuando cultivas la amistad y sientes que de vuelta también viene eso. Es gratificante.

El espiritismo, eso que hemos conversado tantas veces, invocar un buen ánimo, espíritu, tiene que ver con estar en comunión.
Yo creo mucho en que cuando uno entrega energía, de distintas maneras, desde una conversación o desde poner la oreja al otro, desde entregar cariño, etcétera, recibe de vuelta la misma energía. Finalmente, así de simple es el amor.

Se devuelve.
Obvio, si la vida es demasiado redonda y corta para que no sea así. No estamos para vivir ese tipo de desperdicios. Sin esa energía nos volvemos harinosos. Y somos demasiado elegantes para permitirnos eso.

LEOPARDO SICHEL
Una cosa que los hombres hacemos en bares es hablar de sueños recurrentes probables y también improbables. Desde que nos resulte un proyecto o un trabajo soñado, o de un día para otro volverse multimillonario inventando algo que te compre un jeque árabe y nunca más trabajar en nada que no nos parezca. Con Humberto hemos soñado en todos los tamaños y colores. Y vaya que disfrutamos.

Imagínate que de un día para otro tienes mil millones de dólares. ¿Qué harías con esos millones en tu bolsillo?
Gastármelos a diestra y siniestra. Haría barbaridades. Eso es lo que hay que hacer con la plata. ¡Si la plata es la plata! Y cuando tienes más, gastas más. Y cuando tienes menos, gastas menos.

¿Qué haría con un millón de dólares? Me compraría Colo-Colo. Es lo primero que haría.

¿Qué es Colo-Colo? (Nota del entrevistador: siempre le pregunto lo mismo y él responde lo mismo: Chile)
Chile. Y se lo regalaría a la gente. Eso haría. Por supuesto que eso es lo primero que te voy a decir, después viene la segunda derivada que es tratar de hacer el bien y ayudar a la mayor cantidad de gente que se pueda.

Ya, pero con el yate de DiCaprio y te irías a…
A todos lados. Y lo pintaría de leopardo.

Leopardo Sichel, una cosa así, en honor a Leo DiCaprio y a tu hermano Leo.
Mira, sí. Pero, así como tú me dices algo como una jugada loca total y arriesgada total, yo no entiendo a esos millonarios que tienen mil, dos mil millones de dólares, y que se jactan de que tienen la plata guardada y lo hacen solo para verla crecer. ¿Para qué? ¿Para morirse con la cuenta corriente llena de ceros? ¡Qué lata! ¡Qué fome!

Quizás tienen síndrome de Diógenes. O los hace sentir inmortales.
Y aunque lo fueran, qué fome. O sea, si vas a vivir harto, vive bien, pásalo bien. Si le pegaste el palo al gato, si tuviste un rajazo, diviértete y chorrea.

Sí, vivir bien.
Haría cuánta cosa estúpida se te pueda ocurrir. Si se te ocurre una, dímela. Tal vez nos pegamos un rajazo. Me encantan esas historias como del futbolista que arrienda un hotel en Europa, donde está jugando su equipo, e invita a todos los amigos. Cosas para contar toda la vida. ¿O qué vas a contarle a tus nietos? ¿Que tení la plata guardá en el banco? La vida se trata de historias y de cómo las atesoras y las cuentas después. Eso es todo.

Como también ayudar a demasiada gente cuando tienes esa potencia, esa energía hecha dinero.
Por supuesto que me encantaría hacerlo, pero no desde el asistencialismo, sino que generando fundaciones de todo tipo. Tener fondos para que otras personas se desarrollen. Hay demasiada gente bacán con ideas bacanes, que no las pueden hacer porque la desigualdad de oportunidades es aterradora. Entonces quizás la usaría para eso. Y, por cierto, me compraría Colo-Colo.

¿Y qué es Colo-Colo?, te pregunto de nuevo.
Chile. Llamaría a Marcelo Bielsa, le ofrecería un plan y después de determinado tiempo, cuando el equipo esté bien y la ilusión esté bien, se lo regalaría a los socios. No quisiera quedarme con el equipo. Quisiera entregarle alegría a la gente y que la gente administre el club y que siga siendo lo que siempre ha sido: el club más grande de Chile. No espero tu respuesta frente a eso. Fin, punto final. Lo cierto es que, si me forro, seríamos felices muchos a mil kilómetros a la redonda. Sería lindo, ¿no? SML

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