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Reportajes

HALSTON

8 junio, 2021

Texto: Nina Mackenna Fotos: Getty Images

Para caer en la devoción que ha despertado la supercomentada miniserie Halston, sobre la historia del insigne diseñador caído en desgracia que puede verse en Netflix, no hay que ser un fanático de la moda. Cuenta con ingredientes ganadores. Pero todo lo que posee de fascinante la fabulosa producción, lo tiene también de injusta con la imagen y el legado del gran creador de moda norteamericano.

Entretenida para todos los gustos y en todas las formas posibles, la miniserie está situada en las décadas más excitantes de la segunda mitad del siglo XX: los locos años 70 y los temibles 80. Y la traspasa a una fórmula imbatible: un estilo de vida pomposo y desbordado, locaciones fabulosas, ropa increíble, gente linda, súper fiestas, sexo, cocaína, cahuines por doquier, talento, belleza, muchos dólares y música leve, de esa que se van las patitas solas. Todo está ahí, metido en una licuadora mortal en la que si se aprietan las teclas equivocadas todo se puede ir al infierno. Y Halston las apretó todas. 

El diseñador y la belleza de todos los tiempos; actriz, modelo y amiga de Halston, Marisa Berenson.

“Entre sus innumerables conquistas profesionales tiene el mérito de haber puesto en el mapa mundial la moda norteamericana, la simplicidad y confort leídas como virtud; es el creador del minimalismo en la moda”.

Contexto
Nacido como Roy Halston Frowick (1932-1990) en Des Moines, Iowa, su vida está inserta en ese exacto momento del siglo pasado, breve y desenfrenado, en que casi todos los temores que hoy nos acechan y son un tema ya internalizado hace mucho, aun no lo eran; estaban en la puerta del horno: fantasmas como el sida o el daño que producen drogas como la cocaína eran apenas una sospecha para algunos o una conspiración de conservadores y lateros, para otros. La vida nocturna y los placeres mundanos, en ese ambiente, se vivían en una relativa ignorancia de lo que estaba por venir y que, de un segundo a otro, sería capaz de dejar las vidas upside down. Se parece mucho a la relajada ignorancia pre-pandemia. La serie tiene ese encanto angustioso; ayuda a recordar que había una vez una época en que nos era dado divertirnos sin culpa. 

En el retrato netflixiano de Halston se juntan, como suele suceder en las entregas del exitosísimo productor Ryan Murphy, todos los clichés con los que se insiste en representar al hombre homosexual de esa época: desenfrenado y lascivo, catador de cuerpos, promiscuo, refinado en extremo, histérico, gastador sin limites, entregado a los lujos más absurdos y a las atracciones más perversas. Y es ahí mismo donde esta serie se pierde y no consigue dibujar al genio, visionario, gran diseñador, adicto al trabajo, obsesivo, detallista y poseedor de un gusto bien extraordinario, que fue Halston.

Sus orígenes siempre fueron esquivos a su propio relato, no le gustaba desarrollar mucho sobre el pasado, demasiado común para sus pretensiones. Siempre se especuló que conscientemente articuló un modo de hablar -una especie de acento internacional- y se creó un personaje, misterioso, estiloso y elegante.  Sabemos que de niño hacía sombreros para su mamá, costumbre que le acompañó por mucho tiempo, luego serían sus amigas. Sus estudios formales partieron en Indiana y continuaron con Arte en Chicago. A fines de los años 50 se muda a Nueva York y en la década de los 60 comienza su rápida y temprana popularidad. Se convierte en el sombrerero estrella de la exclusiva tienda Bergdorf Goodman, donde le llegara la máxima amplificación del eco de su ya instalada buena fama gracias al diseño llamado pillbox hat para Jacqueline Kennedy (dicen que no era fácil dado el tamaño de su cabeza), creado especialmente para la presentación del nuevo presidente de EE.UU., su marido, en 1961. El modelo se replicó por todas partes. 

Ya a comienzo de los 70 tenía su propia boutique en Madison Avenue, donde arrasaba con sus líneas de ready to wear y alta costura. 

De ahí en adelante una larga y azarosa carrera llena de aciertos -como la incorporación de la tela llamada ultrasuede con la que vistió a casi a todo el mundo, diseños con su marca de todo tipo de accesorios; perfumes, alianzas, uniformes para la tripulación de la aerolínea Braniff, y un sinfín de etc. que terminó mal para él. Todo eso se encuentra en la miniserie.  Pero para completar la idea sobre este monumental personaje de la historia norteamericana es mandatorio ver dos interesantísimos documentales que existen en torno a su genio. Ambos terminan de completar lo que la apuesta de Netflix ha desdibujado: la estatura de Halston.

Tanto en Halston (2019), de Frédéric Tcheng, como en Ultrasuede: In Search of Halston (2010) de Withney Sudler-Smith (eso sí, hay que hacerse de paciencia para tolerar al egocéntrico Sudler-Smith y sus looks), hablan sus amistades entrañables. Ahí están Liza Minnelli, Marisa Berenson, Elsa Peretti, Joel Schumacher, Pat Cleveland y otras modelos -conocidas en su época como las halsonettes (la horda de mujeres despampanantes que rodeaban y escoltaban al diseñador a donde quiera que fuera)-, además de  personajes ligados a la cultura y a la moda, como Bob Colacello, Angelica Huston, Stephen Burrows, entre muchos más.

Si la miniserie retrata a un Halston cortoplacista, dado a las fiestas, elusivo de sus responsabilidades laborales, sin visión de negocios futuros, un pusilánime y carente de auténtico talento que se deja inspirar por los demás, los documentales nos muestran el otro cariz de su aguzado ingenio, infinito talento, generosidad a toda prueba, su determinación y una amplia visión de la moda, el marketing y la cultura. 

Conocidos eran su destreza con la tijera y profundo conocimiento de las telas, de las cuales entendía sus posibilidades y limitaciones y a las que, de un solo gesto, cortaba al bies (ángulo de 45 grados), convirtiendo un trozo de seda en el vestido más glamoroso jamás visto. 

La verdad es que Halston inventó un estilo, el minimalismo en la moda.  Quitó la estructura en los vestidos realzando la figura femenina a su máxima expresión de sensualidad y simpleza. Puso a Estados Unidos en el mapa mundial de la moda, creando el estilo norteamericano, el casual chic, que fue imitado y celebrado por los diseñadores europeos de la época. Trabajaba con modelos afrodescendientes, quienes eran verdaderas musas para él. Nadie lo hacía en esa época. 

En cualquiera de las fuentes que podamos ver sobre Halston queda bien claro que la apertura de la disco de las discos, el Studio 54, junto con la venta de su propia marca -sumado a algunas infames alianzas comerciales hechas con ella- fueron un detonante para su autodestrucción. Pero eso de ninguna manera consigue ensombrecer ni su inmenso legado ni el hecho indesmentible de haber sido un deslumbrante, extremadamente talentoso y visionario agente de cambio en la moda. SML

Otros hitos
1968 Halston deja Bergdorf Goodman para instalarse solo.

1973 Norton Simon compra Halston.

1975 Lanza su primer perfume con la botella con forma de lágrima diseñada por Elsa Peretti.

1976 Diseñó el uniforme de la delegación de EE.UU. para los Juego Olímpicos.

1977 Abre el Studio 54 y empieza su lento y constante camino a la perdición. 

1981 Norton Simon crea la alianza con JC Penney.

1983 Carl Epstein se convierte en su nuevo corporate manager y la decadencia de su marca y persona toman un vuelo que sólo parará con su muerte.

1990 Muere en San Francisco, a los 57 años.

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