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Reportajes

Guillermo Vilas: al revés y al derecho

20 noviembre, 2020

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Tiempo de lectura: 8 minutos

TRES VECES ENTREVISTÓ EL PERIODISTA MARIO CAVALLA A GUILLERMO VILAS, DE QUIEN EN ESTAS PÁGINAS HACE UN RETRATO A PROPÓSITO DEL INTERÉS QUE VUELVE A CAUSAR LA FIGURA DEL ARGENTINO TRAS EL ESTRENO DE DOCUMENTAL SERÁS LO QUE DEBAS SER O NO SERÁS NADA (NETFLIX). CAVALLA, QUE CUBRE TENIS DESDE 1991, ES CONSIDERADO EL HISTORIADOR DEL TENIS NACIONAL. ESCRIBIÓ DOS LIBROS CLAVE: LA HISTORIA DEL TENIS EN CHILE 1882-2006 Y GRANDES HISTORIAS DEL TENIS CHILENO (2014), EN COAUTORÍA CON RODRIGO HERNÁNDEZ.


Texto: Mario Cavalla L.  Fotos: Getty Images

Thomaz Koch, primera inspiración de Vilas. De él copió el look del cintillo y pelo largo.

En Argentina, y en la boca de millones de fanáticos del tenis, hoy el nombre de Guillermo Vilas es un apasionante tema de conversación.
La causa es el documental de Netflix – Serás lo que debas ser o no serás nada– estrenado hace un par de semanas, y cuyo hilo argumental es la investigación de doce años que hizo el periodista Eduardo Puppo para demostrarle a la ATP que el tenista sí fue número 1 del mundo por siete semanas entre 1975 y 1976. La realización ha devuelto la vigencia a un deportista de excepción, misterioso, carismático y fascinante; un héroe casi mitológico de los años 70 y 80 que salió del baúl de los recuerdos y que los nuevos seguidores del tenis comienzan a conocer.
Por más que las autoridades del tenis mundial se nieguen a reescribir la historia y sigan considerando que el jugador argentino solo fue número 2 del mundo, los resultados ratifican que se trata del tenista sudamericano más importante de la historia con 62 títulos, dos títulos en el Abierto de Australia, uno en Roland Garros y otro en el US Open, además del torneo de Maestros. Solo Wimbledon y la Copa Davis se negaron a su enorme carrera.

Ahora, ¿por qué Vilas fue tan importante?
El jugador nacido en Mar del Plata no inventó el tenis, pero en Argentina lo acercó a la gente. Antes de su aparición había setenta mil aficionados; en 1980 la cifra alcanzó los tres millones. Es decir, consiguió en menos de una década que el 10% de los habitantes jugara al tenis. Sus logros sembraron canchas de tenis por todo el país y los niños y adolescentes querían ser tenistas. A esa altura Vilas no era solo un tenista argentino que paseaba su prestigio por el mundo. Era una suerte de iluminado que hizo que una feligresía de todas las clases sociales disfrutara y amara el tenis.
Su padre, notario, quería que siguiera los estudios de Derecho, pero Vilas se le plantó muy firme de joven para decirle que había una luz en su camino que le indicaba que debía ser tenista y que haría todo lo posible por ser el mejor de todos. Así, contraviniendo el deseo familiar, se había transformado en lo que quería: una máquina de jugar al tenis, una imagen de esfuerzo y perseverancia, un ejemplo para la juventud, un orgullo argentino. En las redacciones de los diarios, la irrupción de Vilas obligó a tratar de otra forma un deporte que tradicionalmente había sido considerado de élite. Y así, por primera vez, las páginas dedicadas a la información deportiva de un tenista alternaban las primeras planas con el fútbol, la Fórmula Uno y el boxeo.

El 13 de septiembre de 1982 su relación
con Carolina de Mónaco terminó
abruptamente, luego de la trágica muerte
de la princesa Grace en un accidente
automovilístico, en el que milagrosamente
se salvó la otra princesa: Estefanía.
El tenista y la princesa mantuvieron un tórrido encuentro de varios días en una isla del Pacífico, imágenes que fueron un picnic para los paparazzi de la época.

OBSERVAR Y REPLICAR COMO NORMA
Dicho por él, la clave para mejorar en su carrera siempre estuvo en la repetición. Sentía que copiando ejemplos tomaba lo que necesitaba. Su primer referente fue el brasileño Thomaz Koch, de quien tomó el look del cintillo y pelo largo, lo mismo que del australiano Rod Laver de quien le llamó la atención su poderoso antebrazo izquierdo, notablemente más desarrollado que el derecho. Jugando horas extras en el frontón, Vilas no descansó hasta igualarlo. El excéntrico Vilas contó que un día estuvo frente al ídolo oceánico y huincha en mano midió ambos antebrazos. La satisfacción fue única: lo había superado en un centímetro. No era la única fijación: también lo seguía a todos lados para ver cómo entrenaba y qué comía. Su obsesión por mejorar no conocía límites.
Vilas vivió en carne propia la transición del tenis amateur al profesional, y la explosión mediática del deporte blanco que llevó el tenis a otras alturas y donde vivió su rivalidad más pura con el sueco Bjorn Borg y el estadounidense Jimmy Connors. Los tres dominarían ampliamente el segundo lustro de los 70. En lo tenístico introdujo el efecto top-spin junto a Borg y perpetuó de casualidad un golpe que lleva su nombre; la Gran Willy, un recurso que consiste en golpear la pelota por entremedio de las piernas, de espaldas a la red. Fue el primer tenista en recurrir a un psicólogo por no poder ganarle a Borg; también fue el precursor de los tenistas sudamericanos en fijar su residencia en el extranjero para tener más tiempo para entrenar y menos obligaciones sociales.
Y como quería ganarles a todos, estudiaba a sus rivales a fondo, para descubrir sus fisuras, llevaba consigo en sus viajes cuadernos donde escribía las tácticas (secretos que jamás mostró a nadie, solo a su hija que juega al tenis), y también grababa cassettes en su habitación del hotel para eternizar sus pensamientos. Desarrollaba en paralelos su pasión por la escritura. De esos tiempos surgió, por ejemplo, 125, un libro de poemas editado en 1974, y luego un par de publicaciones más como para confirmar que ese cuerpo musculoso también cultivaba la mente.

Hacia mediados de los 70 el look de los cintillos y pelo largo ya era una fuerte tendencia entre los fanáticos, lo mismo que la ropa deportiva. En esa época las marcas que auspiciaban a las gran- des estrellas eras las italianas Ellesse, FILA y Sergio Tacchini. Sus delicadas prendas de algodón y finos diseños empezaban a dejar atrás el riguroso blanco de las tenidas y se aventuraban en la incorporación del color en los atuendos de juego. Vilas y Borg fueron precursores en ese incipiente marketing deportivo.

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VILAS Y LOS CHILENOS
Durante la década de los 70, Guillermo Vilas fue un rival permanente para los jugadores chilenos, tanto en el tour como en las series de Copa Davis, donde libró grandes batallas y donde salió airoso la mayoría de las veces. Su piedra en el zapato fue Hans Gildemeister, con quien cayó en las dos ocasiones que se midieron por la competencia de países. Recordado es el triunfo del chileno en 1978, en el court del Estadio Nacional, el día en que el arrojo del jugador criollo patentó el apodo de “Biónico” que lo acompañaría el resto de su carrera. En la estadística total, Vilas lideró ocho triunfos contra dos, pero siempre reconocería el carácter aguerrido del tenista chileno. Con otro nacional, Marcelo Ríos, tuvo una relación distante, pero más que por algún enfrentamiento directo, por la odiosa comparación surgida en el ambiente de la prensa. El conflicto se remonta a 1998 cuando el chileno se consagró número uno del mundo. En la visita que Ríos hizo a Buenos Aires para jugar la Copa Davis, apenas unos días después del logro, un periodista local comparó sus triunfos con los del trasandino y entonces Ríos lanzó una de sus filosas frases: “Hace rato que me vienen comparando con Guillermo Vilas y para ser sincero no lo conozco mucho. Lo único que sé es que él fue número 2 y yo soy el 1 del mundo”. La declaración ofendió a la prensa transandina que contraatacó con fiereza el ninguneo hacia Vilas, restándole al Chino méritos a su carrera y generando una mala onda que hasta hoy persiste.

LA MÚSICA: NO TAN BIEN COMO EN EL TENIS
Es sabido que a la obsesión de Vilas con el tenis siempre sumó un abanico de intereses donde la música era de sus predilecciones. Era fanático de Luis Alberto Spinetta. Tras conocerlo y hacerse amigo (es el padrino de su hijo músico, Dante Spinetta), incluso logró que el artista le musicalizara unos poemas. Vilas, por su parte, utilizó sus influencias para que Spinetta grabara un disco en inglés en Estados Unidos. El disco Only love can sustain fue grabado en 1978 y editado en 1980. No tuvo mucha repercusión, pero entregó una perla: “Children of the bells”, un poema con letra de Vilas. Pasaría una década hasta que el tenis- ta volviera a la música, esta vez con su disco propio Milnuevenoventa, donde además canta y explora un estilo más cercano a la música electrónica. ¿Cómo le fue al disco? En una entrevista televisiva de hace unos años, Vilas reconoció que iba a las disquerías y compraba todas las copias disponibles, con el propósito de hacerle creer a la empresa discográfica que el disco se estaba vendiendo. En 1992 formó un grupo llamado Dr. Silva integrado por dos exmiembros de Plus, un grupo de hard rock de los años 70.

Vilas y su familia se radicaron en 2016 en Mónaco, definitivamente. En la imagen con su mujer Phiang y sus tres hijas: Andalin, Lalindao y Antila. Solo falta el pequeño Guillermo.

CINCO MESES CON CAROLINA DE MÓNACO
La vida sentimental de Guillermo Vilas estuvo marcada por la inconstancia. Aventuras por decenas, pero pocas relaciones estables. Ninguna mujer podía distraer demasiado el objetivo deportivo que había planificado. Aún así, tuvo varias parejas reconocidas del mundo de la televisión y del modelaje. Pero fue el 11 de abril de 1982 cuando Vilas fue portada de todos los diarios y revistas del planeta. En plena Guerra de Las Malvinas ganó el Abierto de Montecarlo y esa misma noche, en una fiesta en la discoteca Jimmy Z, inició su relación con la princesa Carolina de Mónaco. El idilio duró apenas cinco meses porque no tenía la aprobación de la familia real. A los padres de Carolina, el príncipe Rainiero y la princesa Grace, no les gustaba el romance de su hija, quien se había separado recientemente del playboy francés Phillipe Junot, su anterior marido. El 13 de septiembre de 1982, la relación terminó abruptamente luego de la trágica muerte de la princesa Grace en un accidente automovilístico, en el que milagrosamente se salvó la otra princesa: Estefanía. El nuevo escenario llevó a Carolina a una vida más cercana a su padre y a cumplir el rol de primera dama de Mónaco. Guillermo y Carolina se alejaron y la relación quedó para la historia como uno de los romances más envidiados.
Después de la separación, Vilas tuvo una vida amorosa agitada hasta que la tailandesa Phiangphathu Khumueang se cruzó en su vida.
En 2000, el tenista viajó a Tailandia para buscar un poco de paz. Una tarde, mientras paseaba por el shopping más importante de Bangkok, le llamó la atención una muchacha que lucía un vestido blanco. Cuando se conocieron, él tenía 47 años y ella 17. El flechazo fue total. Según el propio Vilas, aquel día se enamoró perdidamente de Phiang. “La primera vez que nos vimos me dijo que yo era un buen hombre y eso me desarmó. Porque toda mi vida había querido ser una buena persona”, confesó Guillermo tiempo después. En 2016 se casaron en Argentina, un hito que revalidó la unión, pues ya estaban casados en la embajada tailandesa de Buenos Aires desde 2005.
Hoy Vilas tiene 68 años y su esposa, Phiang, 30 menos que él y juntos tuvieron cuatro hijos: Andanin (17), Lalindao (10), Intila y Guillermo (3). Las últimas fotos publicadas de Vilas en su cuenta de Instagram evidencian el deterioro físico que producto del implacable Alzheimer que arrastra, pero que la familia no ha reconocido públicamente. Desde su rincón, el bueno de Vilas seguramente buscará la estrategia para darle pelea a este nuevo contrincante.
Como siempre. SML

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