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Entrevistas

Francisco Bustamante, artista: caos, silencio y creación

20 noviembre, 2020

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VOLVIÓ HACE UN AÑO A CHILE DESPUÉS DE VARIOS EN NUEVA YORK. VOLVIÓ CASADO CON UN RUSO A ENCERRARSE EN SU CASA A PASOS DE LA ZONA CERO. UN ENCIERRO QUE, DICE, HA COINCIDIDO CON SU INTENCIÓN DE BAJAR LAS REVOLUCIONES Y CAPTURAR EL SILENCIO. GUARECIDO EN SU HOGAR DE GUSTO EXQUISITO, DE MEDITACIÓN DIARIA Y TRATO EDUCADO, A TRAVÉS DE SU TRABAJO ARTÍSTICO APARECE UN HOMBRE EN LLAMAS QUE NO LE TEME AL CORRER DE LA CONCIENCIA. EN LOS PRÓXIMOS MESES ESTRENARÁ SU PRIMER DOCUMENTAL. AQUÍ BUSTAMANTE EN PRIMERA PERSONA.


Texto: Rita Cox  Fotos: Pato Mardones

El artista Francisco Bustamante (48) vive en paz “en la cápsula” que es su precioso hogar en una casa estilo francés en calle Seminario, que encontró de busquilla hace 15 años, a pasos de lo que ha sido el escenario desde octubre de 2019 del caos callejero de las manifestaciones, las lacrimógenas, los heridos, el ruido. Nunca sospechó que su regreso a Chile, después de varios años en Nueva York y una estadía en Barcelona, sería así. Menos que el encierro producto de un barrio agitado se profundizaría por una pandemia.

Pero, casado hace cuatro años con el audio-visualista siberiano Pavel Loparev, tras una fachada llena de rayados, un barrio medio desarticulado y una tensa calma, Francisco Bustamante se concentra en lo suyo: buscar en los inciertos caminos del arte. Un arte que no es decorativo ni menos simplemente “lindo”. Las pinturas, dibujos y piezas cerámicas de Bustamante provocan incluso físicamente. Hasta ruborizan. Están cargadas de erotismo y brutalidad, de humanos -hombres, mujeres, mixturas- que están a pasos de ser también animales dominados por la carne. Sexos y falos; en colores pasteles de fama dulce están representadas las pulsiones que emergen del inconsciente de un hombre con reputación de elegante. Y es precisamente ese contrapunto lo más enigmático y atractivo de él. Tras ese camuflaje de hijo de diplomáticos, de dueño de casa que recibe maravillo, hay mucho fuego y laberintos.

Mientras sigue trabajando diariamente en su taller, en paralelo afina los detalles de su debut como documentalista, producto del seguimiento por más de un año que le realizó a una mujer en Nueva York: Laura, mujer mañosa, solitaria, identificable por su muleta, quien lo proveía de telas y quien lo capturó lo suficiente como para empujarlo a comprar una cámara sencilla y grabar por días y días. Un ejercicio impulsado también, se concluye, por el trabajo de su marido y de su propia disciplina: la de llevar una idea a lo concreto.

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40 AÑOS EN CHILE
“Es impresionante cómo ha volado el tiempo, pero sí, en 2021 se cumplen cuarenta años desde que llegué a Chile. Mis padres llegaron como diplomáticos desde Lima, donde nací. Yo debo haber tenido 8 años. Llegamos con mis hermanos; yo soy el quinto de siete. Recuerdo la sensación de novedad, de lo distinto, de los nuevos amigos, de la nueva vida, y de la nueva casa, del nuevo acento. Dejamos nuestra casa en Lima y nos instalamos en una casa en Candelaria Goyenechea; la residencia del embajador. Una casa linda de varios salones y un jardín grande”.

ARRAIGO Y DESARRAIGO
“Yo iba a nacer en Paraguay, porque en ese momento mis papás vivían ahí, pero finalmente nací en Lima y regresamos a Paraguay, de donde no tengo mucho recuerdo. Estuve hasta los 3 o 4 años allí. Antes, mis padres vivieron en Suiza. Nunca de niño me sentí desarraigado, tal vez porque estaba rodeado de hermanos. Esa es una sensación que he venido a sentir de adulto, aunque me siento absolutamente adoptado y querido por Chile. Me reconozco un feliz chileno y un feliz peruano. Sí me pasa que cuando miro hacia Lima, aparece una cierta nostalgia. Esa idea de pertenecer, pero que básicamente nunca fue, sino que se construyó de algunos recuerdos, visitas y de lo que escuchaba de Perú. Y cuando voy me siento internamente un local, pero claramente también soy un extranjero. Una visita”.

EL PLACER DEL VIAJE
“Siempre me gustó muchísimo viajar. A los 16 o 17 años me fui a Estados Unidos por tres o cuatro meses a hacer un intercambio. Saliendo de la universidad me fui a Londres, donde viví tres años e hice una maestría. Después partí a Sudáfrica, durante un año, y luego hice una residencia en Beijing. Viví en Nueva York y también en Barcelona. Siempre he tenido la inquietud de conocer otros lugares, de saber qué pasa al otro lado, de ver qué me estoy perdiendo. Ver y conocer, no solo artes visuales. Ver todo lo que se pueda ver”,

EL FRANCISCO DE 1600
“Era muy claro mi interés por el arte, por todo lo relacionado a las artes visuales, el color, el dibujo. Simplemente fui creciendo con eso sin saber de dónde venía ese interés. Un día, por casualidad, estaba en la biblioteca de mi abuelo, que fue Presidente del Perú. Una biblioteca muy grande, llena de libros. Y encontré un libro sobre los orígenes de mi familia. Y ahí estaba: Francisco Bustamante, un pintor del 1600 y tanto. En mi familia no había otros artistas. Sí abogados o profesionales más tradicionales. Pero lo encontré a él y fue como ‘ya, de aquí vengo, de ahí debe ser’”.

MI ABUELO PRESIDENTE
“No tuve una relación muy cercana, porque él vivía en Lima y yo en Santiago, y tanto él –José Luis Bustamante como mi abuela, María Jesús– eran viejitos. Pero un verano, en el que a mi mamá la habían operado de la columna y no podía caminar, ella me pidió acompañar a mi papá a ver a mi abuelo, que no estaba bien. Todos mis hermanos habían partido de vacaciones y ese era mi plan también. Con una tremenda lata partí a Perú. Y fue realmente muy bueno, porque estaba solo mi papá, y justo llegué y mi abuelo murió. Fue muy bueno estar ahí y acompañarlo. Luego vinieron varias semanas de ceremonias públicas, con presidentes”.

MI PAPÁ
“Uso este anillo con el escudo de mi familia, que era de mi papá. Yo soy el menor de los tres hombres y él quiso dármelo. Mi papá conoció bastante algunas de mis pinturas y especialmente una muy icónica para mí que hice con mi propia sangre. Estaba en el primer año de la Escuela de Arte y terminé haciéndome unos cortes en los brazos para sacarme sangre. Es precisamente esa pintura la que más le gustó, aunque nunca supo que estaba hecha con mi sangre. Ya estaba bastante enfermo -él y mi mamá murieron- y me la compró. ‘¿Cómo me la vas a comprar? Quédatela’, le dije. Y él me respondió: ‘No, tú eres un artista’. Ahora esa pintura le tengo nuevamente yo. Ahí está en la escalera”.

EL OTRO VIAJE: EL RECONOCERSE ARTISTA
“Ha sido un viaje muy personal en el que le he hecho bastante caso al instinto. No tenía familiarmente ninguna referencia de artistas y cuando entré a la escuela de arte, todos venían cargados con algo que yo sentía que a mí me faltaba. Yo venía de un mundo nada que ver, pero estaban en mí esas ganas, ese interés y no hice más que hacerles caso, a veces con miedo, a veces sin tanto miedo. Cuando hay pasión y amor hacia algo que no puedes ni nombrar, sabes que va por ahí y sigues. Hay momentos de silencio o de vacío creativo, pero el trabajo se alimenta con el tiempo”.

SIN DEFINICIONES
“No tengo una línea definida y eso para mí es un plus. Siento que es un privilegio ir paseándome por distintas aguas y agradezco esa libertad. Puedo concentrar la energía en hacer, no sé, cerámica con un dejo decorativo o no decorativo; con un dejo figurativo u optar por algo más instintivo, visceral, más orgánico, relacionado con la naturaleza y otras veces es la figura humana. Paso por periodos de investigación que van variando. No hay un hilo conductor claro, sino que simplemente me hago caso. Evidentemente los viajes, las maestrías y los artistas que he conocido afuera y acá en Chile, todo ha sido un alimento para mi trabajo y para mi seguridad, ya que esencialmente soy una persona más bien insegura”.

HORARIO DE OFICINA
“La autodisciplina me ayuda mucho para enfrentar esa inseguridad. Tener un sistema, exigirme, me da tranquilidad. Me levanto a las 6.55 de la mañana, con Pavel meditamos 15 minutos, bajo a darle comida a los perros, saco a pasear a Lucio, hago gimnasia y después ya estoy listo para empezar a trabajar a las 10. Eso me da un orden. Me pasa que cuando viene a comer alguien o voy a comer donde alguien y me acuesto tarde, al otro día se me desarma todo. Me complica porque parece que tengo un ‘súper yo’ un poco exigente. Dado que puedo dedicarme sólo al arte, siento que debo responder a ese privilegio.

“No hay palabras para describir lo que hemos estado
viviendo en Chile y a nivel mundial. Momento de altos
y bajos, realmente un movimiento que no para. Por eso,
tal vez, he buscado la meditación y me tranquiliza estar
en esta casa, que la siento como una cápsula, aunque
una parte está muy cerca de Providencia, expuesta al
desastre, y los muros de la fachada están todos rayados,
pero eso no me importa”.
A Francisco Bustamante y su marido, el ruso Pavel Loparev, viven y trabajan en su casa en Seminario, Providencia. El pintor tiene su taller en el primer piso y el audiovisualista su escritorio en el segundo. Se comunican en inglés y algo de español. Pavel está en clases, avanzando en el idioma.

No puedo andar paveando. No puedo sentarme a ver lo qué tal vez podría hacer sobre una nueva tela. Eso es una estupidez. No creo en eso de la inspiración. A mí, lo que realmente me funciona es estar en el taller, con mi mesón de libros, con el computador, acudir a las referencias que, en mi caso, provienen de la niñez y de la vida, y que voy adecuando y se transforman o en pintura o en cerámica”.

MIS REFERENCIAS
“Fotografías, pinturas, culturas andinas, la herencia cuzqueña. Todo eso va pesando y va armando un poquito un piso sobre el que voy hilando nuevas cosas, nuevas interpretaciones, lecturas. A veces me funciona, otras veces siento que está un desastre”.

ADMIRACIÓN
“Recuerdo con mucho cariño y con mucha admiración a quien fuera director de la Escuela de Arte de la Finis Terrae: Eduardo García de la Sierra. Era un activo pintor que de repente se vio en este mundo de la dirección de una escuela de arte. Su apreciación, su modo de enseñanza – pensaba y sigo pensando- era muy libre. Nos permitía que operara el instinto. Esa libertad suya siempre me impresionó y me permitió darme cuenta de que tenía que hacerle caso al instinto y darme permiso”.

ESE MOMENTO SIN NOMBRE

“He tenido momentos muy especiales que generan un poco de taquicardia, algo incon- trolable, cargado de emoción. Una suerte de estado de conciencia distinto. Me ha pasado dos o tres veces en la vida y siempre trabajando, en el taller. No sé si ese momento se llamará de alguna forma. Son momentos que, diría, me han sucedido cuando ha sido especialmente difícil lograr ciertos resultados y, de repente, esa misma continuidad en el trabajo, cuando no sabes muy bien hacia dónde estás yendo, solo lo estás haciendo como una escritura automática, termina en que aparece algo, lo ves, ves cómo crece. Y ese es el estado mental que busco y busco y que casi nunca sucede. Como pintor la vida es un poco frustrante, porque uno sigue trabajando sin alcanzar eso que quieres. Es un frustrante positivo”.

VOLVER A CHILE
“Volví hace un año exactamente. En octubre de 2019. No llegamos a la casa, que estaba arrendada, sino a un departamentito en Merced con Mac-Iver, en medio de las marchas, las lacrimógenas, la gente perdiendo los ojos. Después vino la pandemia. No hay palabras para describir lo que hemos estado viviendo en Chile y a nivel mundial. Momento de altos y bajos, realmente un movimiento que no para. Por eso, tal vez, he buscado la meditación y me tranquiliza estar en esta casa, que la siento como una cápsula, aunque una parte está muy cerca de Providencia, expuesta al desastre, y los muros de la fachada están todos rayados, pero eso no me importa. Cuando las manifestaciones son muy fuertes, llega el perfume de las lacrimógenas y eso es tremendo. A veces debemos cerrar las persianas. Pero otro lado de la casa da a una plaza y es tranquilo. Nos sabemos adaptar”.

ENCIERRO Y SILENCIO
“Siempre fui un salidor salvaje. De ir a todas las reuniones, a todas las fiestas, a todas las comidas. Pero cuando me instalé en 2012 en Nueva York, me di una voltereta de 180 grados. En la ciudad que nunca duerme me fui para dentro. Me encapsulé en el taller, trabajé, fue un tiempo de mucha reflexión, de mirar, también de exponer. Eso se ha mantenido de alguna manera durante mi regreso a Chile. Tal vez por la edad. Tal vez porque el silencio siempre me ha gustado. Con la pandemia ha sido la experiencia del silencio dentro de la casa, porque en el barrio no pasaba nada durante meses. Se escuchaban los pajaritos en la mañana; era como mágico. Esa es la parte más linda y más bella de la temporada dolorosa de la pandemia”

MI CASA Y LA BELLEZA
“Me es importante vivir en un espacio en el que convivan ciertos grados de belleza y de comodidad. Me gusta esta casa con altura, que es lo que busqué, y también poder tener un patio que pueda llenar de plantas. Me importa mirar un lugar y encontrar el placer visual. Creo que mi casa refleja eso. Y me gustan estos muebles antiguos heredados de mis abuelos, de mi familia, que conviven con arte contemporáneo. Esta casa tiene un peso importante por su arquitectura y su cosa clasicona, entonces me parece que el contrapunto que le agrego es subir y bajar cuadros desde el taller y colgarlos y cambiarlos, sin estrictez. Si tengo que clavetear y se clavetea no más”.

“No puedo andar paveando. No puedo sentarme a ver qué tal vez podría hacer sobre una nueva tela.
Eso es una estupidez.
No creo en eso de la inspiración.
A mí, lo que realmente me
funciona es estar en el taller,
con mi mesón de libros, con
el computador, acudir a las referencias que, en mi caso provienen de la niñez y de la vida, y que voy adecuando y se transforman o en pintura o en cerámica”.
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OCIO: TIEMPO DE CREACIÓN
“Para mí el tiempo para pensar y el ocio son fundamentales y protagónicos. Le debo mucho a esa supuesta inactividad en los resultados que luego tengo en mi trabajo. Ese ocio es un tiempo de creación al que hay que prestarle atención y no autocastigarse con el cuento de que ́no estás haciendo suficiente’. Por el contrario, ese es un espacio que hay que cuidar, fomentar y agradecer”.

MI VIDA DE CASADO
“Llevamos cuatro años casados y seis juntos. Nuestra relación comenzó en Nueva York y cuando cumplimos el segundo aniversario tenía 40 y tantos y, aunque no tuve antes la idea de casarme, vivía con la persona con la que me proyectaba y sentía un nivel de admiración tremendo y una claridad. Enamorado. Estos meses de pandemia han sido una prueba estar 24/7 juntos. Con altos y bajos como todo el mundo. Somos los dos bastante tranquilos, Pasha está bien ocupado en su rincón de la casa trabajando, con sus proyectos e intereses. Y hay un espacio que compartimos, que nos alimenta a los dos. La curiosidad por el otro es muy importante”.

EL AMOR
“Fue muy curioso que, en Nueva York, con todas esas alternativas de gente que vive ahí, entablar una relación; enganchar con alguien que estaba de visita y que al día siguiente o subsiguiente partió a Moscú. Fue un día y medio que lo vi y decidimos volver a encontrarnos en un lugar intermedio: Portugal. Cuando estaba viajando hacia allá me di cuenta de que tal vez era una tontera, si no lo conocía. Un ruso de Siberia, donde el diablo perdió el poncho. Pero aquí estamos. No sé cómo explicar, pero me impresionó su personalidad, su manera de ver las cosas, muy normal, muy tranquilo, con mucha distancia. Pareciera ser una persona que flotara, a pesar de estar muy enganchado con la realidad”.

EROTISMO
“En mi trabajo intento ser libre, que fluya lo que deba salir. En lo erótico me parece interesante dejar salir como ese inconsciente que corre, pero también me importan el humor y la ironía. La sexualidad es un tema que me interesa, más allá de si se arma o no un discurso gay. Me provoca curiosidad; lo mismo que la violencia y la belleza. Hay también una suerte de caos en mi cabeza y en mi proceso creativo; un desorden y cantidad generosa de imágenes e intereses entremezclados que concluyen en un trabajo concreto. Desde el desastre todo se concreta en un cierto orden”. SML

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