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Guia de Estilo

El arte de Vestir-se

8 septiembre, 2020
El arte de Vestir-se SML 31

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Tiempo de lectura: 5 minutos

SI UNO CIERRA LOS OJOS Y DICE SUS NOMBRES, SEGURAMENTE ANTES DE LAS OBRAS APARECEN SUS IMÁGENES. ASÍ DE POTENTES, ICONOGRÁFICOS Y LLENOS DE ESTILO SON ESTOS ARTISTAS.


Texto: Lucy Willson

EL CLOSET IMPECABLE DE PICASSO


No hay duda de que Pablo Picasso veía a la moda como una gran fuente de placer. Tanto como las mujeres, los paisajes sofisticados y los salones con cartas de platos sublimes y copas siempre llenas. El buen gusto de este pintor está registrado en todas las fotografías que existen. De la misma manera que usaba la clásica camiseta Breton (con sus 21 líneas por cada batalla de la Marina ganada por Napoleón) pasaba a coloridos zapatos de gamuza, sombreros y un traje de cotelé (como registra Mr. Porter). El cubista prestaba atención a los detalles y calidad de los materiales. Respetaba la factura. El sastre italiano Michel Sapone lo vistió durante 16 años, produciendo más de 100 chaquetas y 200 pares de pantalones; y cuando visitaba Inglaterra revisaba los trabajos de los sastres de Saville Row. De hecho, se sabe que tenía un traje de Anderson & Sheppard, cerca de la Royal Academy, como un fedora de Lock & Co. comprado en la capital inglesa. En cuanto accesorios, tenía un reloj Jaeger-LeCoultre Triple Date Moonphase y un Rolex GMT-Master.

WOODY ALLEN, ANTES QUE CARRIE BRADSHAW


Por décadas -antes de sus periplos con la cámara por Europa- Woody Allen ha sido uno de los embajadores del estilo de Nue- va York. No aquel de Wall Street o clubes con membresía. Desde su irrupción llamó la atención por su look despeinado, anteojos de marco grueso, pantalones de tela y cha- queta combinados con zapatillas o zapatos informales. Algo de ‘académico callejero’. Propuesta replicada -y cuidadosamente es- tudiada- que aterrizó, incluso, en Chile en rincones como el Drugstore y que apare- ce en pantalla, como queda establecido en uno de sus últimos alter egos: Timothée Chalamet en Un día lluvioso en Nueva York (2019). Y -antes del #MeToo- hasta pro- movido en 2012 cuando la marca de moda francesa Être Cécile lanzó una camiseta estampada con la frase “Escrito y dirigido por Woody Allen” usando su tipo de letra -y marca registrada- Windsor con un pre- cio de 130 dólares. Aunque esta proyección de descuidado ‘ratón de biblioteca’ no debe engañar, este director de cine es un aman- te de la moda, elemento importantísimo de sus películas, especialmente después de Annie Hall (1977), cuando le encomendó el vestuario de su novia/musa/protagonista Diane Keaton al emergente diseñador Ral- ph Lauren. Allí un ‘antes y después’ de la industria que llegó a las vitrinas del mun- do. Una apuesta andrógina, norteamerica- na y con guiños a divas cinemática como Marlene Dietrich y Katherine Hepburn. Y esa preocupación se mantiene intacta esta- bleciendo momentos sublimes (de la mano de su vestuarista de años Suzy Benzinger), como el de Cate Blanchett en Blue Jasmi- ne, quien no soltaba su bolso Birkin para no desmoronarse frente a nosotros.

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DAVID HOCKNEY, NERD CHIC

DAVID HOCKNEY, NERD CHIC


De la precariedad a una nueva geografía y la creación de una ‘marca’. Así fue el cami- no de la imagen para este platinado artista británico referente del pop de los años 60, que todavía remece los museos con sus co- loridas obras, especialmente las de piscinas californianas en su serie Splash. Su look de geek desgarbado con trajes elegantes en esos tonos audaces, que tan a menudo se en- cuentran en su trabajo, ha inspirado a mu- chos diseñadores, como a John Galliano (co- lección Homme 2012), Jonathan Saunders, Ossie Clark y Simon Porte Jacquemus –este último con su hockniano desfile 2019 para su décimo aniversario en un campo de lavan- da–, con su punto de máxima expresión en la pasarela 2013 de Burberry (Christopher Bailey), firma que hasta auspició su gran retrospectiva en el Tate en 2017. Pero po- cos podrían reconocer a este inglés antes de llegar a sus camisas Oxford, corbatas ama- rillas, cardigans, jockeys, pantalones sueltos, anteojos redondos Le Corbusier y zapatillas blancas -que lo podrían sumar fácilmente al elenco de The Big Bang Theory-, en sus días de ropa gris y pelo oscuro en el Yorkshire de posguerra. Pero, tal como él mismo dice en el documental Hockney (2013): “Cambiar el es- tilo o el tema no es un rechazo de lo que vino antes; es simplemente el acto de mirar alre- dedor de una esquina diferente”. Y así lo hizo, según relató el doctor e historiador Benjamin Wild en una charla en la Royal Academy. Su look de ropa colorida comprada en tiendas de segunda mano a las que iba por carencia con su padre, la transformó en propuesta. Lo mismo que los calcetines distintos en cada pie, que después los asoció a la poesía. Esta ‘persona’ se completó en la década del 60 en Estados Unidos. En ese país decoloró su pelo y lo hizo platinado con Clairol, también allí cambió sus lentes recetados en Gran Bretaña por los que vio en una óptica en un pueblo a orillas de la carretera. El joven Hockney que- ría presentarse “profesional” en este Nuevo Mundo y terminó como ícono fashion.

ERNEST HEMINGWAY

ERNEST HEMINGWAY, ALFA EN TODAS SUS VERSIONES


El ganador del Nobel es la definición de la masculinidad, listo para cualquier aventura o salir a cubrir una guerra en las condiciones que fueran. Pero eso no significaba renunciar a placeres como un buen puro o una botella reservada por años para ser abierta. Él, sin duda, se convirtió en un personaje paralelo a sus relatos con una imagen que lo acompañaba. Un hombre que no estaba diseñado para los salones, sino que para el aire libre: en tiempos de invierno, con un sweater de lana con cuello alto que lograba proyectar como el más chic de los abrigos; en Cuba con albas guayaberas y pantalones cortos iba mar adentro a pescar; descubriendo África con la más ondera chaqueta safari en verde oliva y sombrero en juego (a Ives Saint Laurent se le atribuye tomar esta inspiración e impulsar este estilo en el mundo urbano). De las pocas referencias de marcas a las que se le puede asociar está Abercrombie and Fitch, que en sus inicios no tenía nada que ver con el retail con el que lo conocemos, sino que con un mundo outdoor. Su familia ha entregado su nombre para que se desarrollen líneas de anteojos y zapatos con su nombre. Y Willis and Geiger, firma de moda masculina con cuarteles generales en Tokio y más de un siglo de vida todavía lo honra con una chaqueta: The Bush Jacket. Lo más relevante en Hemingway es que la ropa no era un disfraz. Verlo también era conocerlo. SML

ERNEST HEMINGWAY, ALFA EN TODAS SUS VERSIONES

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