En exclusiva para Revista SML, Tommy Hilfiger y Lewis Hamilton nos cuentan sobre su cuarta colección colaborativa TommyXLewis, la cual se estrenó en el evento London Fashion Week el pasado 16 de febrero.

TOMMY HILFIGER

Esta es tu cuarta colección TommyXLewis co-diseñada con Lewis Hamilton. ¿Cómo ha evolucionado su proceso de colaboración desde sus inicios?

Ha sido increíble ver lo mucho que Lewis ha evolucionado en términos de diseño desde que comenzamos a trabajar juntos. Cada temporada, hemos traspasado más barreras. Para la temporada Primavera 2020, buscábamos pensar más allá y sobre el futuro. Fue importante para ambos pensar en qué impacta nuestro mensaje y lo que la colección dejaría en el largo plazo.

¿Qué es lo que más disfrutas de la colaboración con Lewis?

Amo la perspectiva fresca que Lewis aporta al proceso de diseño. Como un dedicado atleta e ícono del estilo callejero, Lewis nos ayuda a alcanzar nuevos fanáticos y a contar nuestra historia de marca a través de una mirada única.

La colección fue diseñada con la noción de “Moda para Todos” en mente. ¿Por qué esto es tan importante para ti?

Mi sueño siempre fue construir una marca de estilo de vida global con un espíritu inclusivo y una filosofía de moda democrática que cualquiera poda vestir. Centrándose en diseños que funcionen para todos ha sido un paso natural hacia confeccionar nuestra ropa más inclusiva y accesible.

¿Cuáles ítems dentro de la colección encuentras más versátiles para hombre y mujer?

Una de mis prendas favoritas es el chándal. Es tan versátil y puede dar el estilo deseado de una forma que funciona para todos. Es una prenda de ropa deportiva clásica que celebra una parte de nuestros mejores momentos de la cultura pop de los 90’s, actualizado con un fresco giro moderno.

¿Qué rol juega la sustentabilidad en el proceso de diseño?

Estamos en la misión de ser uno de los diseñadores sustentables líderes dentro de las marcas de Estilo de Vida así que la sustentabilidad es una parte importante del proceso de diseño. Lewis y yo fuimos capaces de llevar más allá la sustentabilidad de la colección Primavera 2020, usando más materiales conscientes y métodos de producción. Estamos orgullosos de decir que sobre el 75% de la colección Primavera 2020 presenta elementos sustentables.

¿Cómo esperas inspirar a los fanáticos con esta colección?

Espero que podamos inspirar a los fanáticos en intentar hacer un impacto positivo en el mundo en todo lo que hagan.

¿Qué significa lealtad para ti?

Lealtad significa permanecer verdadero a quien eres, en qué crees y para las personas a tu alrededor. Para mí esto significa lealtad a mi familia, amigos y las personas y fanáticos que han estado ahí mientras he ido construyendo mi marca. Esto también significa permanecer verdadero a las causas cercanas a mi corazón, incluyendo sustentabilidad, diversidad e inclusividad.

LEWIS HAMILTON

¿Cómo has crecido como diseñador desde tu primera colaboración de la colección TommyXLewis?

Desde un principio, Tommy me ha motivado a empujar las barreras como diseñador, y mi inspiración se volvió más personal y significativa cada temporada. Para Primavera 2020, fuimos directamente influenciados por mi estilo callejero personal y las causas que son más importantes para nosotros. La colección celebra la idea de “lealtad”, la cual he tatuado en mi brazo, así la colección Primavera 2020 se siente muy cerca de mi corazón.

¿Nos puedes contar por qué es tan importante para ti diseñar una colección que celebra la noción de “Moda para Todos”?

La Inclusividad siempre ha estado cercana a mi corazón, particularmente fui un extraño cuando comencé mi carrera como corredor. Tommy y yo creemos que la moda debe acercar a las personas y queremos transmitir esto a través de nuestra colección.

¿Qué palabras (3) usarías para describir la colección?

Moderno. Inclusivo. Fresco.

¿De dónde tomaste tu inspiración esta temporada?

Mi inspiración fue una mezcla de mirar hacia afuera y hacia adentro. Fui inspirado por la manera en que el mundo está cambiando, desde querer ser más sustentable al diseñar para todas las audiencias. También pensé sobre la manera en que estoy cambiando, reflejando en los estilos que desearía vestir yo mismo y los valores que son más importantes para mí.

¿Cuáles ítems dentro de la colección encuentras más versátiles para hombre y mujer?

El bomber reversible y la utility parka lucirían muy bien en cualquiera.

¿Cuál es la gran lección que has aprendido de Tommy?

Tommy me ha enseñado muchísimo sobre usar la moda para expresar tus valores. La lealtad ha sido siempre importante para mí, y al trabajar en esta colección con Tommy, he aprendido mucho sobre cómo puedes tomar un concepto y convertirlo en algo tangible, duradero e impactante.

¿Qué significa lealtad para ti?

Para mí, lealtad significa apoyo inquebrantable a través de los momentos altos y bajos, buenos y malos. Lealtad es velar por alguien o algo hasta el final. No estaría donde estoy sin mi familia, amigos, fanáticos y mi equipo apoyándome desde el día uno.

¿Qué puedes decir sobre los elementos sustentables de la colección?

Cada temporada, estamos incorporando más elementos sustentables dentro de nuestros diseños, y estoy realmente emocionado por lo que hemos conseguido esta temporada. Sobre el 75% de la colección presenta elementos sustentables, desde 100% algodón orgánico hasta mezclilla de bajo impacto de Sorona®.

¿Cuál es tu prenda favorita dentro de la colección?

Cada prenda dentro de la colección se siente especial para mí, pero como un amante de los animales, me siento especialmente bien vistiendo prendas de exterior que contienen Sorona® – una fuente renovable de fibra vegetal que es una alternativa sustentable más barata.

¿Cómo percibes la importancia de la moda en la auto-expresión?

La moda es el último recipiente para la auto-expresión. Cuando te vistes por la mañana, estas decidiendo quién quieres ser durante el día. A través de tu sentido del estilo, puedes reinventarte o experimentar con tu identidad.

¿Cómo esperas que esta colección inspire a los fanáticos de la marca? Quiero que los fanáticos caminen sintiéndose orgullosos de quiénes son y en lo que creen. Se leal a ambos y llegarás muy lejos.


Si alguien podía tener el derecho inapelable a incendiar la pradera, era ella. Pero no.

Por Pablo Mackenna / Fotografías: Sebastián Utreras.

A los 11 años conoció el dolor de la manera más terrible posible. Su padre, José Manuel Parada, sociólogo de la Vicaría de la Solidaridad, fue secuestrado junto a dos compañeros. 24 horas más tarde aparecerían sus cuerpos. Degollados. Uno de los últimos y más violentos de los miles de asesinatos de las fuerzas de represión del régimen militar. Así y todo el horror no le era ajeno. No alcanzó a conocer a su abuelo materno a quien hasta hoy la familia no le puede dar sepultura. Detenido desaparecido. Si alguien podía tener el derecho inapelable a incendiar la pradera, era ella. Pero no. Mucho se habla hoy de la necesidad de demostrar credenciales democráticas. Javiera Parada tiene un prontuario. 

Sin dejar de ser fiel a su ideario de izquierda ha condenado sin miramientos la dictadura de Maduro, el devenir de Cuba o la violencia en Chile, venga de donde venga. Y es capaz de sentarse y dialogar con quienes, para muchos, debiesen ser el enemigo. En un mundo polarizado por los dogmas, tiende puentes y oye al otro sin prejuzgar. ¿Cómo lo hace, cómo logro sublimar el odio y el fuego amigo? “Es la madera de mi familia. Siempre se respetó el diálogo. Y no se trata de mi, ni de mi biografía. Se trata de millones de chilenos que sueñan con un mundo más justo que es posible. Pero solo es posible si lo hacemos entre todos”, explica. Y con ello se gana los epítetos de su propio sector: traición, cocinería. Y vuelve a bailar con la fea. La política es sin llorar, me dice. Para mí que las lágrimas las enterró siendo una niña o que llora a escondidas. Definitivamente, otra madera. Probablemente la que se necesita para construir un nuevo país, que con la otra, solo se avivan las llamas.

¿Soñaste alguna vez con algo parecido a lo que estamos viviendo?

Me imaginé el 2012, cuando armamos la campaña Marca tu Voto que podíamos cambiar la constitución a través de una asamblea constituyente. Pero un movimiento social con la fuerza de este, acercando de golpe sueños postergados por tantos años de justicia social por un lado, y volver a ver los niveles de violencia que hemos vivido, con la brutalidad policial que pensamos habíamos dejado atrás, y con una destrucción tan sinsentido, la verdad que no.  

Si uno va a Wikipedia, aparece “Javiera Parada: actriz”. ¿Te representa?

Eso es lo que estudié. Aunque creo que hoy día soy más gestora cultural que actriz

¿Más que animal político?

Sí. Lo que pasa es que me ha tocado una vida, y desde muy temprano, que me ha llevado a participar de muchos movimientos y partidos políticos, como fue: “Marca tu Voto” en algún momento.

¿Sientes que es la vida la que te vuelve una y otra vez a tomar del cuello y llevarte a la política?

Totalmente. Una y otra vez. Y es que no dejo de tener un compromiso profundo con lo público y cuando creo que puedo aportar en algo me es muy difícil restarme. Esta vez fuimos un grupo que creíamos que era necesario llamar al diálogo y a la paz y terminamos entregando la carta al Presidente. Asunto que me costó críticas y del que no me arrepiento. Y ahora me interesa aportar en lo que pueda para el debate de la asamblea constituyente y la nueva constitución, que por lo demás lo vengo promoviendo desde el 2012.

En tu vida política te han llegado muchas puñaladas, de tu propio sector, con las decisiones que has tomado. ¿Duele?

La política es así y no siento que sea conmigo. Son opiniones. Y esto es sin llorar.

Está bien, pero los epítetos se pueden volver dolorosos cuando vienen de cercanos. Como la carta de Zurita en que apelando al dolor temprano de tu biografía, ocupa la imagen de una niñita con el vestido blanco, que se va llenado de sangre, todo esto por haberte sentado a dialogar con Piñera mientras los militares desfilaban por la calle…

Y es que sé que no es conmigo, sino con los que en ese minuto creímos que la solución pasaba por dialogar aunque los militares estuvieran en la calle. Habría preferido que me lo dijera directamente pero entiendo la sensibilidad de Raúl.  Y lo quiero igual.

Es paradojal como a la luz de un mismo hecho, -el horror de lo que viviste en tu infancia- tu actitud pro dialogo y la condena a los excesos de tu propio sector sin renunciar a tu ideario de izquierda, son vistos, por unos como resilencia y por  otros como traición. Es como que la vida te volviera a golpear con tus muertes. ¿Cómo lo superas?

No solo yo sino muchos niños vivieron el horror de la dictadura. No me siento niña símbolo de nada. Si creo en el dialogo es porque fui criada así. Mis muertos estoy segura están conmigo. A nosotros nos criaron en el respeto al otro, como entender muy bien que lo que uno siempre tiene al frente son seres humanos, piensen igual o distinto que tú. Y lo que ocurrió en Chile durante la dictadura, es un horror que no podemos permitirnos que vuelva a pasar. Lamentablemente en este período, la indolencia que hemos visto por parte del Gobierno en materia de violación de derechos humanos, es muy preocupante porque es lo que uno dice: “bueno, se supone que nos habíamos puesto de acuerdo para que estas cuestiones no ocurran más”. Pero también soy muy consciente de que el golpe de Estado se dio por el deterioro del clima político y en eso yo creo que hay responsabilidades de todo el mundo, de unos más que otros, pero de todo el mundo. Y yo no quiero estar en esta pasada del lado de quienes colaboren con el deterioro del clima actual. Yo veo oportunidades maravillosas para que se produzca el cambio con que soñamos mucho tiempo. No voy a poner la carreta delante de los bueyes.

¿Cómo te ha tratado la calle?

Bien. Hay mucha gente que se me ha acercado para agradecerme los intentos de avanzar en paz y con diálogo. Gente que sufre hoy y que sufrió horrores en el pasado. De manera sincera y emocionada lo que es muy reconfortante. Así como hay muchos de mis compañeros que creen al igual que yo que este es el camino.

Me cuesta ponerme en tus zapatos. ¿No hubo algún momento de tu vida en que lo que primó fue la rabia?

Sí, sentir rabia es súper humano, lo que pasa es que yo creo que la política no se puede hacer desde la rabia ni desde la guata, la política hay que hacerlo desde la cabeza.

Pero, por ejemplo, cuando eras candidata a diputada, y luego de un incidente de manejo con alcohol, te dejaron fuera. ¿Sentiste que te trataban como a cualquiera?

No. Yo creo que me equivoqué, creo que la cagué, pero creo que en eso también jugó en algún lugar la incomodidad que yo le causaba a algunos dirigentes en Revolución Democrática, creo que no hubiera sido lo mismo si hubiera sido otra persona.

ME ACUERDO DE TODO

¿Cuál es tu recuerdo del día de la detención de tu papá?

Me acuerdo de todo. O sea, me acuerdo cuando me fue a dejar al colegio, entró a dejarme, me acuerdo que nos despedimos en la sala de clases…y luego el sonido de los helicópteros. Pero yo nunca pensé que lo habían secuestrado a él. Siempre pensé que como estaba Manuel Guerrero trabajando en el colegio y lo andaban buscando siendo dirigente sindical de los profesores…

¿Tú, a los 11 años ya manejabas todos esos datos, estabas tan politizada, que sabías que había un dirigente…?

Sí, por supuesto, porque era amigo de mi papá. Pero no fue hasta que llego mi mamá a buscarme que supe que se lo habían llevado. Y recuerdo que lo primero que le dije fue algo así como que me prometiera que a mi papá no le iba a pasar lo mismo que a mi abuelo. O sea, en ese momento, mi angustia más de que lo mataran, era que desapareciera, porque yo había visto a mi mamá sufrir toda la vida.

¿Tú ya sabías separar la desaparición, de la muerte con sepultura?

Sí, o sea, yo sabía que había gente desaparecida y que no sabíamos qué había pasado con ellos. Y eso me parecía una cuestión más terrible que la misma muerte.

¿Y cuándo supiste la verdad? 

Cuando mi mamá nos cuenta el sábado en la noche. A mi papá lo secuestraron el viernes en la mañana y el sábado aparecieron los cuerpos. Nos juntó a todos mis hermanos y nos contó. Y me acuerdo que al otro día, algo que me impactó mucho, era ir por la calle y leer la palabra “degollados” en los diarios, porque no sabía lo que era “degollado” y tuve que preguntar, eso fue un impacto muy grande. Y después me acuerdo del funeral, que había mucha, mucha gente. Y después tengo una nebulosa en mi cabeza, tengo como ese año borrado. 

¿Y dónde retomas la memoria?

Retomo la memoria como un año o dos años más tarde, cuando empiezo a interesarme por la política y entro a las juventudes comunistas.

Y en ese minuto ¿cuál es la sensación que primaba? ¿La recuperación de la democracia y el respeto por el otro, había rabia, había un enemigo con cara…?

Yo creo que la dictadura era un enemigo súper concreto y real. Y en esa época todos los que éramos jóvenes adolescentes, sentíamos la obligación de luchar en contra de eso. Como me imagino que hoy día los jóvenes que salen a marchar, sienten la obligación de salir a marchar.

Pero es distinto cuando el Estado, un ente represor y asesino, te ha tocado de manera tan cercano como matando a tu padre. Y ahí la pregunta es, en ese minuto: ¿quieres tomar las armas?

No, nunca quise yo tomar las armas, pero encontraba totalmente válido que hubiera gente que tomara las armas para combatir a la dictadura. Por supuesto que sí.

Desde antes de lo de tu padre te habías convertido en actriz y trabajabas en canal 7. ¿Como se conjugaba la vida política de tu familia con el trabajo en un canal dirigido por un militar?

 Yo empecé a hacer teatro a los siete años con mi abuelo, luego con Sonia Viveros en una compañía de teatro infantil y fue ahí cuando Vicente Sabatini fue a buscar a una niña para la próxima teleserie, y al parecer le gusté para un rol y mis papás dijeron que no. Pero más que una cuestión política, mis papás pensaban que era muy chica y que tenía que estudiar más que trabajar en la tele. No me acuerdo cómo me enteré yo de eso y hablé con ellos: “oye, supe que me seleccionaron para una teleserie y que ustedes dijeron que no. Y les quiero decir que deben confiar más en la educación que me dieron, porque yo creo que podría perfectamente hacerlo y sería bueno que la próxima vez me preguntaran” Y entré.

Bien precoz y determinada. ¿Qué pasó después de lo de tu padre?

No me volvieron a contratar. Volví a trabajar en televisión cuando ya había vuelto la democracia. De ahí me fui a Barcelona, estudié teatro y me dediqué.

Tu partida a Barcelona ¿qué tanto tiene de huída?

Más que una huida era una búsqueda de quién era yo más allá de mi historia. Más allá de la hija de José Manuel Parada. Y la verdad es que para mí esos años en Barcelona fueron muy sanadores, nadie me conocía y pude descubrir qué cuestiones había heredado como imposición de la figura pública y cuales eran características mías. Y sí, me sanó mucho vivir esos 13 años en Barcelona, actué con gente muy distinta, tuve un centro cultural durante cinco años con otros amigos, hacíamos fiestas, festivales de performance, serigrafía, etc. –una especie de Matucana 19 o el Trolley en Barcelona, festivales de música, festivales de performance. Viajé por Europa. Y fui muy libre. Fueron años importantes para darme cuenta de que  tengo una opinión sobre las cosas. Que siempre  estuvo allí.

¿Quién te ha sorprendido desde el oficialismo?

Desbordes; me imagino que como dirigente político, cuando hace las cosas, qué crédito van a tener para él, pero también creo que se dio cuenta que el país tenía que cambiar y decidió ponerse del lado correcto de la historia.  Cuando tienes un millón y medio de personas marchando en Santiago pese a la represión, o te haces el leso o te das cuenta de que Chile es un país que merece ser más redistributivo, que los trabajadores merecen mejores condiciones de vida

Tú eres contraria a la acusación constitucional…

Yo creo que la acusación constitucional al ex ministro del Interior, Andrés Chadwick, es razonable y tendrá que asumir las responsabilidades políticas que le toquen. Pero en estos momentos no ayuda poner en cuestión la figura del Presidente, quien debe asumir su responsabilidad gobernando.

¿Qué crees tú que hizo que tu sector se allanara a negociar las condiciones de un plebiscito y proceso para la constituyente?

El desborde de la violencia y la represión son elementos. La posibilidad de que los militares salieran a la calle estaba sobre la mesa aun cuando creo que personas un poco más sensatas como Blumel lo pararon. Pero hay más, el dólar se empinaba por sobre los 800 pesos y se podían desplomar los mercados. Ya estaban cerrando pequeñas empresas y pymes. Y cuando la economía se va al carajo son los más pobres y los trabajadores los que pagan. Había que dar una solución política. Y creo que con voluntad, ambos sectores estuvieron a la altura.

Una parte de la izquierda se sintió traicionada. Qué más gráfico que la pelea orgiástica en que terminó el Frente Amplio…

Lo del Frente Amplio es el resultante de la convivencia de dos almas. Hay quienes son más testimoniales, que creen que no hay que ceder en nada frente al enemigo, que el cielo no tiene matices. Y hay quienes creemos que la política es diálogo, que hay que transar mientras no se pierda el norte, y que con los pies bien puestos en la tierra te das cuenta de que hay oportunidades históricas para avanzar que pueden no repetirse y que no se pueden perder por puristas. Porque la gente no puede seguir esperando y quedarse finalmente con lo mismo y además en caos.

¿Qué le pasó al Frente Amplio, más allá de la pelea, cómo pasaron de ser los jóvenes idealistas que harían la política desde otro lugar, a no poder celebrar este movimiento como propio y ser vistos como más de lo mismo? ¿Es la política tradicional un monstruo grande que pisa fuerte y se roba tus sueños?

Yo creo que la política está en crisis en todo el mundo y no sólo en Chile. Y yo creo que en esa generación hay muy buenos políticos, que han hecho grandes cosas y que están comenzando su vida política. Y creo que en este momento estamos todos intentando aprender de lo ocurrido y poniéndonos de acuerdo en ciertas cuestiones mínimas para que nazca un Chile que está queriendo nacer. 

¿De todas las demandas sociales cuál es tu “desde”?

Salario mínimo, pensiones dignas, salud y educación. Hay cuestiones que no pueden ni deben ser reguladas por el mercado y que el Estado debe asegurar que sean un derecho para las personas, nazcan donde nazcan y tengan la condición económica que tengan. Luego hay que establecer una agenda anti-abuso de verdad, contra la colusión, contra la corrupción. Y por último dar señales desde la política, los altos sueldos, las prebendas. Cuando uno dice: “esto es un movimiento por la dignidad”, la dignidad no es solo económica, sino que de trato. Aquí en este país hemos vivido con chilenos de primera, segunda y de tercera categoría; y eso no es simplemente porque hay chilenos pobres, clase media, ricos y súper ricos; sino porque hay chilenos que se han sentido excluidos del desarrollo de este país con números que no dan cuenta de la desigualdad.

¿Ya, pero tú crees que se está viendo un cuestionamiento a la democracia, como la mejor solución, como la conocíamos?

Yo creo que estamos frente a una crisis de la democracia liberal que solo puede solucionarse con una nueva constitución, pluralista y representativa. Para que tengamos una política que no sea bloqueada cada vez que las mayorías quieren avanzar.

¿De qué particularidades de Chile tiene que hacerse cargo nuestra constitución? 

Bueno, creo que tiene que ser una constitución que, por ejemplo, descentralice el poder que impide el desarrollo de las regiones y de Chile.

Y tiene que solucionar el hiperpresidencialismo de Chile, que hace que todos los proyectos de ley que involucren presupuesto solo pueden ser iniciativa del Presidente. Creo que hay que avanzar hacia otros sistemas políticos, hay distintas propuestas, hay gente que dice que debería ser semipresidencial, otros que dicen que debe ser semiparlamentario; pero creo que hay que darle más poder al Congreso.

¿Tú crees que sea popular en este minuto decir que le vamos a entregar más poder al Congreso? Con el Congreso que tenemos…

Si es por lo que tenemos, entonces saquemos la figura del Presidente. No, ambos poderes deben estar más equiparados y al mismo tiempo regulados.

¿Quiénes deben estar presentes en la asamblea para que sea realmente representativa?

Primero tiene que haber cuota de mujeres electas, no candidatas. Segundo, tienen que haber escaños reservados para los pueblos indígenas. Tercero, hay que terminar con la prohibición, que está en esta constitución, de que los dirigentes sindicales no pueden ser candidatos. Cuarto, hay que bajar las exigencias para que los independientes puedan ser candidatos, porque hoy se necesita una cantidad de firmas muy alta.

¿Cuál para ti ha sido una mala experiencia de asamblea? 

La asamblea venezolana, por ejemplo, derivó en una mala experiencia. 

¿Y cómo evitas llegar a una experiencia como esa?

Es importante que la ley orgánica que va a regularla diga claramente –y lo dice el acuerdo que firmaron los políticos- que solo tiene como función hacer una constitución y una vez que se entrega la constitución para votar en plebiscito, se autodisuelve.  Segundo, creo que es súper importante poner un plazo de tiempo que sea súper definido. En el acuerdo que firmaron los políticos creo que el plazo es de ocho meses; no sirve de nada tener una asamblea que esté tres años discutiendo la constitución. Creo que esta decisión que tomaron en el acuerdo de que el quórum sea de 2/3 para decidir qué va dentro de la constitución y lo que no se logre en el acuerdo de 2/3 queda fuera de la constitución, también es una buena decisión, porque genera un incentivo para ponerse de acuerdo.

¿Por qué causas incomodidad?

Porque soy independiente, porque digo lo que pienso, porque soy poco dogmática y porque estoy, quizás, disponible a veces, a encontrarle razón a los otros.

¿No te han dado ganas como de armar el partido de los que no son dueños de la verdad absoluta?

No. Esto me lo han preguntado harto en la última semana. Irse de un partido es como separarse, divorciarse, uno tiene que hacer un luto e igual creo que es importante militar. Pasas una cantidad de tiempo grande con tus compañeros, vas a muchas reuniones y es una parte de tu vida que ocupa tiempo, energía. No es como que ando vitrineando nuevos partidos para irme o que tenga ganas de armar ahora un nuevo partido. Yo creo que las fuerzas políticas se van a reconfigurar después de este estallido. No creo que va a quedar todo igual ni que vamos a seguir haciendo política como hacíamos hace un mes y medio. 

Y si armaras un nuevo referente, ¿tomarías algo de la mirada del neoliberalismo?

Nada. O sea, no es que no lo respete, pero yo no comparto las soluciones de la derecha. Yo me considero una persona progresista, bastante liberal y creo que hay un montón de cuestiones que no pueden estar al arbitrio del mercado y que el Estado tiene un rol que jugar importante. Creo en un buen Estado más que un Estado más grande, creo que hay cuestiones que el Estado tiene que asegurarse que sucedan. Eso no significa que las tengas que proveer todas. Podría ser que para tener un mejor sistema de salud, haya que encontrar un sistema mixto donde hallan servicios públicos, servicios privados y servicios que quizás sean provistos por cooperativas de médicos; pero el Estado tiene que asegurar la calidad de todo eso. Y al mismo tiempo el Estado tiene que fomentar el desarrollo de nuevos sectores económicos. Y eso se hace de la mano del sistema privado, pero del acompañamiento de las políticas públicas. Eso creo que es una gran diferencia entre la derecha y yo. Yo creo en lo que alguna vez fueron las políticas industriales. Y eso no lo hace el mercado por sí solo, menos en Chile que tenemos una clase empresarial bastante conservadora, no sólo en lo moral, sino que también en lo económico.

¿Crees que todo este proceso nos va a empujar realmente al futuro, un futuro más justo?

Hay que ponerle mucho trabajo para que esto se transforme en lo que está pidiendo la gente, que son condiciones dignas de vida. Y hay que hacerlo con cautela. Que si no se hacen bien las cosas, haya una regresión democrática y terminemos con un Bolsonaro de presidente. Y eso podría ocurrir, y por eso creo que es tan importante cuidar el ambiente político que paren las violaciones a los derechos humanos. Por eso es tan importante que todos los sectores políticos estén disponibles para trabajar juntos, para impulsar la agenda social, para impulsar la agenda anti-abusos, para impulsar el proceso constituyente. Creo que tenemos una gran oportunidad que requiere de mucha generosidad de los actores, que requiere tajantemente de justicia para que no haya impunidad –que fue lo que ocurrió en la dictadura- y de mucha voluntad de todos los actores involucrados. Y por momentos he tenido el temor de que no estemos a la altura de tanta  responsabilidad.

Así como le temes al efecto Bolsonaro, ¿no le temes al populismo que puede terminar diezmando al país? 

A ver, yo creo que este país puede distribuir muy bien su riqueza. Desde que gastamos una cantidad de plata en Fuerzas Armadas que no es necesario, etc. Y definitivamente podemos hacer un esfuerzo de redistribución mucho mejor. Pero insisto que para dar respuesta a todas las demandas que están presentes hoy en el movimiento, se necesita un nuevo tipo de economía, o sea, este país como está, ya no da más. O sea, no es por nada que hemos estado dejando de crecer como crecíamos antes y eso necesita de incentivos de parte del Estado y de una clase empresarial que esté dispuesta a innovar, a probar, investigar y arriesgar. Los países del Asia que saltaron al desarrollo en los últimos 30 años, lo hicieron gracias a pactos de desarrollo que ocurrieron…

Ya, pero aquí hay un problema, que las cosas vienen aparejadas. Lo que estamos haciendo es pegar un salto gigante y absolutamente necesario en la base social. Que tenía que hacerse, pero la economía que va a sostener eso, tú no la puedes modificar de un día para otro para pegarse el salto.

No, por supuesto, obvio que no. Por eso digo que este es un proceso que va a ser largo.

¿Crees que la gente entiende que de aquí a seis meses no van a tener todo lo que están pidiendo?

Creo que la gente es súper inteligente y que entiende mucho más de economía que lo que uno cree. Si de alguna manera han logrado sobrevivir ganando $350.000 todo este tiempo tienen más que claro que las cosas cuestan.

Pero ¿tienes miedo de que la calle movilizada obligue al Gobierno a dar más de lo que realmente puede, y eso en algún minuto produzca un verdadero quiebre en la economía, que produzca una regresión?

No, yo no creo que lo que está ocurriendo en la calle pueda paralizar la economía. Creo sí que es urgente que la actividad económica vuelva a funcionar. O sea, que los negocios puedan abrir hasta la hora en que cerraban, que la gente pueda volver normalmente a sus trabajos y que no se tengan que ir temprano porque se demoran tres horas en volver…

Cabe la pregunta de cajón: ¿cómo se desactiva la violencia extrema de grupúsculos que no son sensibles ni a anuncios, ni a constituyentes?

Yo creo que mientras antes estén las demandas sociales y las demandas que tienen que ver con la agenda anti-abuso que es lo que tienen a la gente movilizadas todavía- y por lo tanto la gente entiende que ya no es necesario movilizarse porque se cumplieron por lo menos los objetivos básicos, quedan los violentistas aislados.

¿Qué señales claras faltan ya para ordenar el país? 

Yo creo que es urgente, pero urgente -obvio que no se puede hacer mañana- reformar Carabineros de Chile y las Fuerzas Armadas…

Yo les cambiaría hasta el color. Les pondría pantalón corto, celeste…

Eso hicieron en España después del franquismo, le cambiaron el color al uniforme; era gris y le decían “los grises”, se los cambiaron, pero además hicieron una reforma. En Nueva York, en los ’80, que era una policía totalmente corrupta, reformaron el cuerpo de policía; se demoraron 10 años y no es algo que se hace de un momento a otro. Pero Chile tiene que hacer eso, necesitamos instituciones policiales que sean respetadas por su pueblo y hoy día, de verdad, es que la gente no siente ningún respeto por Carabineros, y esta represión excesiva y la violación a los derechos humanos en el último mes, no han ayudado en nada a eso. Yo creo que es imperativo formar o refundar una nueva fuerza policial nacida en democracia, con estándares de derechos humanos elevados, etc. Creo que eso había que hacerlo hace muchos años y hoy estamos pagando las consecuencias de que el mundo político no se haya puesto de acuerdo en eso y lo haya hecho. Y bueno, la evidencia es terrible. 

¿Qué se hace con todos los detenidos por desmanes? Son muchos.

Tienen que ser procesados. Hay cuestiones que no se pueden hacer, no se pueden saquear las tiendas, no se pueden quemar buses; esa gente tendrá que cumplir con lo que dice la ley.

¿Qué pasa con el principio de que somos seres con deberes y derechos?

Yo creo que las chilenas y los chilenos eso lo sabemos muy bien. Yo creo que la gente, y parte del enojo también tiene que ver con eso, ha trabajado todo lo que le han dicho que trabaje, ha estudiado porque si le dijeron que si estudiaban en la universidad, iba a tener un futuro mejor, pagan sus impuestos; o sea, han hecho todo lo que han debido hacer y aun así no llegan a fin de mes. Entonces sienten que se los pichulean y aún así sienten que si la gente rica o los políticos cometen un delito, no es tan terrible y terminan yendo a clases de ética…

En un mundo de acciones y señales. Las acciones toman tiempo, pero las señales no. Si tú fueras gobierno en este minuto ¿cual sería la primera medida que tomarías para dar señales de un cambio?

La agenda anti-abuso y corrupción, porque la sensación de la gente de ser abusado no es simplemente porque le pagan mal, sino porque se los culean todo el rato y a costo cero. Y segundo bajarse los sueldos. Que fue planteado por Jackson y boric hace cinco años. Y desde esa época, al igual que el Partido Comunista, entregan la mitad del sueldo.

¡Pero al partido! La gente no lo ve como una gran diferencia. Platita para los amigos del partido.

Lo importante es que cobren menos. Y lo último, creo que es imprescindible que hayan señales claras en derechos humanos, yo creo que hay que destituir al General Director de Carabineros, alguien tiene que asumir la responsabilidad de lo que ha ocurrido; no puede ser que haya más de 200 personas con daños en los ojos, que haya un número importante de muertos por la acción policial. Basta con las comparaciones con la represión en otros países. Lamentablemente aquí la derecha apoyó durante 17 años una dictadura y por lo tanto tienen que dar credenciales democráticas y de derechos humanos mucho más que el resto, y es algo con lo que van a tener que vivir, hasta que prueben lo contrario. 

Te ha tocado estar afuera, ¿cómo se está viendo Chile desde afuera?

Está la gente muy preocupada por el tema de los derechos humanos, por un lado y por otro lado hay mucha gente inspirada por las movilizaciones Se ve una cuestión muy esperanzadora, como este gran movimiento que ha logrado remecer a la política y cambiar asuntos que no resistían más 

Trabajaste con Bachelet, quien estuvo lejos de lograr lo que la calle está logrando hoy. ¿Cómo ves su gestión?

Creo que el gobierno de la Presidenta Bachelet fue el gobierno más transformador que ha habido desde la UP. Intentó hacer reformas estructurales que avanzaran en los límites de lo posible con el pacto económico al que se llegó en la transición. Y yo creo que ahora ella está cumpliendo un rol importante en su labor de alta comisionada. La nueva constitución es vital. Cuando nosotros en 2013 estábamos trabajando para la asamblea constituyente, veíamos que muchas de las cuestiones que estaban en la discusión pública, requerían de un cambio constitucional para poder avanzar.

La nueva constitución, no va a solucionar todos los problemas, pero nos va a dar un espacio distinto para generar la política y ponerla más cerca y al servicio de las grandes transformaciones que necesitamos. Se ha criticado mucho a la clase política por tener que esperar a este estallido para sumarse a las demandas pero probablemente los cambios sí hubiesen encontrado su camino de no haber existido tantas ataduras y candados impuestos por una constitución escrita al servicio de aquellos que justamente le temían al cambio, más que al demonio. 

¿Te das cuenta que para mucha gente, con tu acitud dialogante y tu irrestricto apego a la democracia, representas una esperanza?

Yo tengo la esperanza de que este país explote de justicia y dedicarme al arte y al teatro. Que me viene bien la ficción. 

Ahí tienes la ficción. Creer que puedes arrancarte. Y que no se te ven las lágrimas. Naciste para esto. Y aquí vas a seguir. Con todos tus muertos. SML


Hace diez años aparecía Correr el tupido velo, el extraordinario libro con el que debutaría Pilar Donoso en la literatura; una obra en la que abordaba las fisuras en la historia de su padre, el escritor José Donoso, y la tragedia de su propia existencia. la crítica fue entusiasta, pero se leyó de manera morbosa y sin resaltar su valor literario, indiscutible. A eso se suman dudas persistentes: ¿y si Pilar no se hubiese quitado la vida a los 44 años? ¿cuánta genialidad fina le seguiríamos leyendo? Podríamos aventurar  que probablemente habría opacado a su padre, y que él sería hoy más bien conocido como el padre de Pilar Donoso.

Por Diego Zúñiga / Fotografía. Centro de Documentación e Informaciones CDI – Grupo Copesa S.A.

Pilar Donoso nació en Madrid en 1967 y fue adoptada por José Donoso y María del Pilar Serrano cuando tenía tres meses. Ellos la fueron a buscar a las Inclusa de Madrid, hogar de acogida donde vivía, y se la llevaron a Pollensa, en la isla de Mallorca, donde pasarían esos primeros meses juntos. Pilar, entonces, acompañaría la vida nómade de sus padres y viviría en ciudades de España y Estados Unidos, hasta que en los ‘80 se radican en Chile. Aquí, estudia Psicología y Relaciones Públicas (ella misma contaría que no terminó ninguna de las dos), y trabaja organizando seminarios para empresas, colabora con algunos medios escritos, y es relacionadora pública de Hermès. Se hace cargo de sus padres -ya mayores-, pero también intenta hacer su vida: se casa con Cristóbal Donoso, su primo, y tienen tres hijos (dos mujeres y un hombre). 

Cuando muere José Donoso, en diciembre de 1996, ella sabe que tendrá que encargarse de su legado, que no eran sólo los casi veinte libros que publicó -entre novelas, cuentos y artículos periodísticos-, sino también los 64 tomos en los que escribió, con un lápiz Bic negro y pésima letra, sus diarios de vida, inéditos hasta el momento en que ella, Pilar, decide leerlos y hacer algo con ellos. Ese algo será Correr el tupido velo. Ahí comienza su corta carrera en las letras y el martirio que sería su vida en adelante. 

Un libro en el que Pilar Donoso revisa los diarios de vida de su padre y, a partir de ellos, construye una suerte de biografía, en la que inevitablemente termina repasando su propia existencia en un ejercicio conmovedor y descarnado.

Cuando apareció Correr el tupido velo, en diciembre de 2009, el libro fue leído -cómo no- desde el morbo, desde la curiosidad biográfica, desde la figura totémica e inevitable de José Donoso. 

Las reseñas, que fueron muchas y elogiosas y firmadas por varios de los amigos de Donoso, como Mario Vargas Llosa y Jorge Edwards, apuntaron a una lectura bastante referencial del libro: se obsesionaron con los fragmentos del diario que seleccionó Pilar Donoso y sucumbieron ante la emotividad de un texto devastador, pero cuyos méritos literarios -importantísimos- no fueron resaltados como lo merecía. 

En otras palabras: lo que importaba -en esas lecturas- era el padre, sus diarios, su vida, los chismes, los pasajes incómodos, los secretos develados. Eso y no la literatura. Eso y no la escritura de Pilar Donoso, que fue quien construyó un artefacto literario ambicioso, híbrido, que va muchísimo más allá del simple testimonio y el cotorreo. 

Hoy, cuando han pasado casi diez años desde su publicación, y acaba de llegar a librerías una nueva edición de Correr el tupido velo (Alfaguara), lo que ha sobrevivido es esto: una obra llena de pliegues y recovecos de sentido, un libro que resiste una y muchas lecturas, un trabajo que se puede leer como una novela, pero también como una biografía y sobre todo como un objeto inédito; construido con materiales documentales -diarios y cartas- que le permiten indagar en el horror que esconde toda familia chilena. 

La escritora Pilar Donoso en su casa de la comuna de Providencia.

Eso:

Una novela sobre la familia chilena.

Una biografía sobre un escritor desbordado.

Una carta desgarradora de una hija adoptiva a un padre.

Una autobiografía involuntaria. 

Fueron años de trabajo, unos siete al menos, los que dedicó Pilar Donoso a escribir. Cuando ya había revisado buena parte de los diarios de su padre, cuando ya había terminado y revisado un primero capítulo, decidió compartirlo con la editora Cecilia García-Huidobro, quien la acompañaría durante buena parte del proceso de escritura y quien firma el prólogo que abre esta nueva edición del libro. 

“La lectura de las primeras páginas del texto me deslumbró por completo”, recuerda García-Huidobro, quien conoció al padre de Pilar y trabajó con él en la recopilación de sus artículos periodísticos. Era, entonces, una interlocutora ideal, quien fue leyendo capítulo a capítulo el manuscrito. 

Fue un proceso largo. García-Huidobro rememora que “Pilar interrumpió la escritura cuatro o cinco años, lo fue demorando. Ella se sentía muy sola con respecto de la escritura, sabía que estaba en un campo minado en lo que estaba haciendo, y yo fui principalmente un apoyo literario”. 

Lo que estaba haciendo era enfrentarse a los fantasmas de una familia que en sus textualidades -diarios, cartas y escritos íntimos- iba a mostrar todas sus grietas. Y sus secretos: la homosexualidad del padre, el alcoholismo de la madre, la avaricia y muchas de las miserias humanas que conforman a cualquier familia. Pero, además, Pilar iba a indagar en su origen, el origen de una hija cuya relación con su padre adoptivo siempre fue compleja, intensa, llena de silencios que se iban a explicar, muchos de ellos, en los diarios que revisaría para construir este libro. 

En un momento importante, escribe: “mi padre me enseñó a mirar, a observar, a escuchar a través del dolor y de las fisuras internas. La falta de identidad, de esa identidad tribal, ancestral, de la que no tengo conocimiento, finalmente la encontré en estas páginas. De modo que hoy sí tengo una historia, mi propia historia. Sólo hace falta correr el tupido velo”. 

“Creo que ella, al principio, tenía una posición bastante ingenua de lo que estaba haciendo literariamente hablando, se sorprendía de los comentarios que le hacíamos algunos lectores sobre su manuscrito. Creo que eso le generó una libertad importante y pudo encontrar, prontamente, el tono del libro, que me parece que es uno de sus mayores aciertos”, dice García-Huidobro. 

A pesar de aquella ingenuidad literaria, luego convertiría eso en una serie de estrategias narrativas muy sorprendentes, donde cruzaría su narración más personal con la vida que su padre desplegó en sus diarios. Siguiendo su biografía, sus viajes y los demonios literarios que nunca dejaron de acecharlo, Pilar Donoso también va reconstruyendo su propia vida a lo largo del libro, en una suerte de fuera de campo que se vuelve cada vez más complejo y poderoso en la medida que uno avanza en las páginas. Y que se vuelve más relevante incluso cuando uno vuelve a leer el libro y sólo se fija en ella, en esa trayectoria vital, ya despojada de la figura imponente del padre.

Pilar Donoso sabía perfectamente que todo lo revelado cubriría, en una primera instancia, la lectura de su libro, y estaba preparada para eso.

“Como hija, soy protagonista de muchas versiones noveladas de la memoria creativa de mi padre: soy mala, adorable, acusadora, ladrona, abnegada, asesina, ajena, protectora, cruel, generosa, lapidaria, madre y muchos roles más que se entremezclan en una relación amor-odio más allá de lo comprensible. Sigo pasando las páginas de los diarios y, por momentos, decido no continuar, pero se vuelve una necesidad: quiero saber más, meterme en esa mente atormentada por la paranoia y el miedo a ser descubierto”.

“Fue una recepción muy morbosa, algo que ella previó. Lo sopesó bastante, se demoró en terminar el libro, en publicarlo. Por eso también, y lo publicó temiendo que esa iba a ser la recepción. Y lo fue, y, claro, tuvo costos porque siempre hay personas que quedan heridas, los protagonistas, su familia”, explica García-Huidobro. 

Piensa en lo que escribe en esa primera página. Esa primera página que dice: “escribir este libro tuvo grandes consecuencias para mí, pérdidas irreparables y, seguramente, habrá más…”. 

Hubo consecuencias grandes, peleas familiares, fracturas irreparables y una muerte, su muerte voluntaria, casi dos años después de que apareciera el libro.

¿Cuáles fueron esas consecuencias? En una entrevista concedida a la periodista María Cristina Jurado para revista Ya, justo después de la publicación de Correr el tupido velo, la escritora no se ahorra detalles: “perdí mi matrimonio y mis hijos se fueron. Con Cristóbal -que es mi primo, y por eso nuestros niños se llaman Donoso Donoso- tuvimos una mala separación y estamos en medio de un juicio de divorcio. Muy duro. Pero, mirado desde hoy, yo los comprendo a ellos. Era imposible que me entendieran, porque no leían lo que yo estaba leyendo. Sólo sufrían. Todos mis descubrimientos, todo el dolor que me provocaron ciertos juicios de mi papá, el caos en mi casa, los silencios y la debilidad de mi mamá. La forma brutal con que me enteré de cosas”. 

“Ese libro me removió con una intensidad que me obligó a replantearme absolutamente todo. Quién era yo, cómo era mi vida, lo que había hecho hasta ahí. Me tuve que reconstruir como ser humano, y en esa reconstrucción no me reconocí ni yo ni mi pareja. Ellos sufrieron mucho, igual que yo. Lo veían desde afuera: sufrieron con la depresión que me provocó esa lectura -muchas veces fue tan fuerte que tuve que guardar los papeles, y después los retomaba-, cómo fui cambiando y cómo me convertí en una isla. Aunque, en verdad, siempre me he sentido una isla. Desde mi infancia”, agregó.

El 15 de noviembre de 2011 fue una de sus hijas quien la encontró muerta. Según reportó la prensa, la causa habría sido una intoxicación por medicamentos. Una muerte solitaria en su pieza de su departamento de Los Leones, en Providencia. Una pieza cerrada con llave a la que se pudo acceder sólo después del trabajo de un cerrajero. 

Tras ese hecho radical y feroz, imposible no volver a retroceder a 2009, cuando a propósito del lanzamiento de su libro, en Radio Cooperativa, Pilar Donoso reveló que “yo creo que (José Donoso) manipuló su visión de mí, esa es la pregunta que yo no puedo descubrir en sus diarios, creo que él estaba teñido de su propia ficción y todos éramos parte de sus personajes, él tenía un disfunción entre la realidad y su mundo interno delirante, y eso lo hacía ser creativo. Incluso hay una parte de un proyecto de una hija que descubre los diarios, que no conoce la historia (de su padre) y se suicida. Cuando leí eso dije: qué está haciendo, está proyectando lo que quiere que pase, está fabulando sobre lo que me puede pasar cuando los lea, pero no lo voy a saber. El se proyectaba más allá de su muerte con estos diarios y el resultado es descubrir un ser complejísimo”.

En marzo de 2010, Alejandro Zambra publicaría una columna en La Tercera titulada “La literatura de los hijos”. Sería un texto dedicado a Correr el tupido velo -una lectura atenta, cuidadosa, cercana-, pero también, sin querer, sería algo más: una idea que luego se convertiría en una suerte de categoría para entender toda una literatura, “la literatura de los hijos”, la literatura escrita por los que fueron niños durante la dictadura y que luego crecieron y escribieron sus propios libros, sus propias historias, más allá del protagonismo de sus padres en esos años oscuros de Chile. Es el libro de Pilar Donoso el que llevó a Zambra a pensar en esto, en esa idea que luego él desarrollaría en su novela Formas de volver a casa.

En la columna, él anota: “¿qué se hace con los libros escritos por el padre? ¿solamente leerlos y aceptarlos? La mera existencia de esas novelas es un llamado a escribir la historia propia”. 

Y luego añade: “¿debió Donoso guardarse esos papeles, quemarlos, editarlos? No lo sé. No sé muy bien qué pienso sobre esta historia. Por el momento, el libro de Pilar Donoso me interesa mucho más que las novelas de su padre. Lo digo sin ironía: quienes nacimos a comienzos de la dictadura crecimos buscando y contando la historia de nuestros padres y tardamos demasiado en comprender que también teníamos una historia propia. Tal vez por eso me parece bella la imagen de una mujer leyendo los cuadernos de su padre y anotando en los márgenes, por fin, los indicios de una historia propia”. 

“Es un libro que al momento de su publicación original se leyó muy de cerca de la historia a la que se refiere: la de la familia Donoso y su complejidad tan oscura a ratos”, explica Paz Balmaceda, editora de Alfaguara y de quien fue la idea de reeditarlo, pues era inencontrable en librerías.

“Me sorprende aún que gran parte de los comentarios del libro provenían de hombres, muchos cercanos al propio José Donoso, y que seguían refiriéndose a Pilar como “Pilarcita”, una niñita que de pronto se había “rebelado” contando secretos familiares. Hoy, diez años después, se lee desde otro lugar que sin duda es más justo hacia Pilar, y se merecía esta distancia con su recepción inicial, pues es un libro excepcional, tremendamente bien escrito. Los materiales que usa y cómo los trenza para contar una historia familiar que en muchos puntos es cualquier historia familiar es magistral”, añade.

Leer hoy Correr el tupido velo es entrar en un libro absolutamente distinto del que se leyó hace diez años. E inevitablemente acecha una pregunta que no tiene respuesta, pero que murmulla a lo largo de todo el libro: ¿qué hubiese escrito Pilar Donoso después de esto? Porque la sensación es esa, que aquí comenzaba una historia literaria, que este era el debut de una escritora que seguramente podía —y debía— entregar muchos y valiosos libros. Cecilia García-Huidobro recuerda que ella tenía otros proyectos, algunos apuntes que pensaba convertir en una historia o en muchas historias. 

Pero todo ese futuro ya no es más que ficción. 

Queda, al menos, este libro hermoso y terrible, que seguramente va a seguir siendo leído por los que vienen. Porque libros así no abundan en la literatura chilena. sml


Para despejar la paja del trigo, y para hacer una lectura con gran angular sobre la violencia feroz que ha sufrido el país desde el 18 de octubre pasado, el rol de la izquierda y las heridas abiertas que dejará el estallido social es esta conversación de LAS dos voces más lúcidas en materia de actualidad: Cristóbal Bellolio, doctor el Filosofia Política, y Max Colodro, sociólogo y filósofo. Un diálogo, apostamos, oportuno hoy y vigente cuando, en un tiempo más, haya que repasar la historia chilena del siglo XXI. 

Por Rita Cox / Fotografías: Sebastián Utreras.

Si me preguntaran por los mejores analistas políticos de Chile, uno de ellos sería Max Colodro. Pero fueron otras las razones que me llevaron a aceptar la invitación de SML para entrevistarlo. En medio de la crisis social más profunda que ha vivido el país en las últimas décadas, donde la violencia ha jugado un rol central, me parecía especialmente interesante conversar con un hombre que alguna vez abrigó los sueños utópicos del comunismo y poco a poco fue virando hacia las medias verdades del liberalismo. Pero son justamente esas medias verdades del liberalismo, con su rigor procedimental y el formalismo de sus medios, las que han sido asediadas a punta de convicción histórica y resolución generacional. De algún modo, pareciera, la utopía ha vuelto por sus fueros, a terminar un trabajo que fue interrumpido hace 46 años, cuando la familia de Max partió al exilio. 

Tú participaste en las Juventudes Comunistas, ¿no?

Sí, en la década de los 80. Del 83 al 90.

¿Qué edad tenías?

De los 16 a los 21-22.

Tradición familiar, porque tú viejo también estuvo en el Partido Comunista (PC).

Mi viejo participó en el gobierno de la Unidad Popular, mi mamá también, como militantes comunistas; por eso nos fuimos al exilio tras el golpe. Mi papá tenía una gerencia en el Banco Central y mi mamá trabajaba en la Secretaría de Distribución con el general Bachelet. Eran profesionales muy jóvenes.

Pero ambos se fueron.

Él incluso se fue antes. Pero no sentí que abandonara sus ideales. Yo también venía haciendo una crítica muy fuerte al PC, que empezó cuando insistieron en la lógica de la rebelión popular después del fracaso del atentado de Carrizal Bajo, en no querer mirar que el escenario se estaba moviendo claramente en la dirección del plebiscito. Yo resistí hasta el ’90. Mi papá es de los ex militantes comunistas que pasó al PPD, junto con Pato Hales, por ejemplo, en esa época.

¿Crees que hay alguna conexión entre el impulso insurreccional de esa generación, de romper las reglas que se consideran injustas, con lo que está ocurriendo ahora?

Le veo mucho más legitimidad social y cultural, incluso, a lo que está ocurriendo ahora. Lo del PC lo sentí una cosa un poco forzada, muy influenciada con lo que había ocurrido el año ‘79 en Nicaragua; y con el hecho de que los comandantes que se estaban formando en el extranjero para lo que terminó siendo el Frente Patriótico Manuel Rodríguez, estuvieron muy influenciados por la revolución nicaragüense. Lo que el PC estaba haciendo era una lectura muy poco objetiva de lo que estaba ocurriendo en Chile y de la viabilidad de su alternativa; de hecho, la historia demostró que la viabilidad era ninguna.

¿A qué te refieres con que la pulsión insurreccional tendría más legitimidad en el actual escenario?

El 70-80% del país se identifica con lo que está pasando, con el fundamento que hay detrás de esto; siento que esto es algo que responde a una cuestión mucho más objetiva, mucho más generalizada, masiva.

¿Es efectivamente la violencia “la partera de la historia”? ¿Es ese mecanismo que los liberales quisiéramos excluir del repertorio permisible, pero que vuelve a recordarnos cada cierto tiempo que eso no es posible?

Yo creo que efectivamente la violencia es parte de nuestra naturaleza. Hemos evolucionado por nuestra capacidad de imponernos por la fuerza a otras especies. Por lo tanto, la violencia es un factor evolutivo; el tema es cómo se ejerce la fuerza. Lo que nosotros hacemos como sociedad, después, es tratar de contener eso, de ponerle reglas, de normar, porque si sigue funcionando como funciona con el resto de las especies, seguimos siendo animales y no seres civilizados, no tenemos capacidad de desarrollar lo que Freud llama la cultura. Pero el fenómeno subyacente es que vamos a vivir condenados a lo que Freud llama “el malestar de la cultura”. El malestar de la cultura es la necesidad de tener que reprimir este tipo de pulsiones, las pulsiones sexuales por un lado, las pulsiones violentas y de dominio por el otro. 

…que de cuando en cuando salen a la superficie. 

…y que tarde o temprano hay circunstancias que gatillan que eso termine subiendo de nuevo a la superficie igual. 

Ok, pero esa es una constatación empírica. La pregunta es cómo se vincula con el plano normativo, con lo que debemos hacer, con lo que está justificado hacer. Mucha gente cree que la constatación empírica pasa de contrabando una justificación normativa. 

Yo no la estoy justificando, la estoy constatando; creo que es parte de la naturaleza –de la naturaleza humana- y que los seres humanos hacen un gran esfuerzo para reprimirla. En términos absolutamente ideales, uno debiera encontrar una manera de funcionar en torno a reglas, que son las reglas de la deliberación, de la racional, de lo que Habermas llama “el diálogo racionalidad”, ser capaz de poner sobre la mesa argumentos y discutir y llegar a acuerdos en función a argumentos. Pero en la vida real eso no ocurre nunca, a mi juicio. En la vida real lo que hay, en definitiva, es lógica de violencia y lógicas de poder que se imponen unas a otras, y que de alguna manera después se legitiman en función de relatos o discursos que cumplen la función de legitimar esa violencia. 

¿No es esa una derrota para el liberalismo?  

Sí. Yo creo que el liberalismo parte desde ciertos ideales que a mí me cuesta mucho asumir, estar de acuerdo con ellos, y ese es uno de ellos: la idea de que uno puede eventualmente aspirar a algún orden, donde no haya el imperio de la fuerza de uno sobre el otro, de la violencia como expresión.

Eres más agonista en ese sentido…

Claro. Y cuando uno mira la historia y cuando uno mira la propia lectura que uno hace de hechos históricos, uno siempre está justificando la violencia. Por ejemplo, ¿qué es lo que hacemos el 18 de septiembre? ¿qué es lo que hicieron nuestros padres de la patria? 

¿cómo resolvieron el tema de la tensión con España, del conflicto con España? Cuando le rendimos homenaje a la resistencia en el gueto de Varsovia, ¿qué es lo que estamos haciendo?

De acuerdo, pero si todos los orígenes o hitos fundacionales son violentos, entramos en un espiral donde yo justifico mi violencia de hoy porque tú me la infligiste antes…

Hay que asumir que hay condiciones extremas que te llevan a justificar la violencia. Puede ser la lucha por la independencia de Chile, puede ser la Segunda Guerra Mundial, puede ser el terrorismo…

Y luego los ganadores construyen un relato que justifica por qué en ese caso particular sí y en otros no. Pero esa violencia hace nacer una nueva norma, y la idea es que ahora juguemos con esa norma. 

Uno debe aspirar a que sea esa nueva norma sea lo que prevalezca. 

¿Crees que esa pulsión violenta está más presente en los jóvenes que en los viejos?

Yo creo que sí, porque los jóvenes de hoy en día tienen menos convicciones respecto de la necesidad de la regla, de la normatividad. 

¿No es lo que algunos llaman anomia?

No necesariamente. Yo creo que a los jóvenes de hoy se les ha reforzado la idea de que los derechos y las aspiraciones por las que luchan permiten correr los límites de lo posible. Y dentro de esos límites están precisamente los límites de cómo se ejerce la autoridad, en primer lugar, dentro de la familia. Son jóvenes que miran a sus padres en función de relaciones más bien horizontales que verticales, donde los principios de autoridad están relativizados; y es algo que vemos en todos los ámbitos de la sociedad. Viene más bien de afuera hacia adentro, hacia la familia; y eso hace muy difícil que tú puedas convencer a los jóvenes de que las normas tengan un valor intrínseco y que el cumplimiento de las normas y de los límites, por lo tanto, es lo que permite que podamos vivir en comunidad. 

Pero los más viejos, que dicen rechazar la violencia según las encuestas, al mismo tiempo están a favor de la causa y parecen dispuestos a asumir ciertos costos, los costos que genera la violencia y que se asumen con la esperanza de un futuro mejor.

Así es, y ahí hay una gran inconsistencia. En este movimiento que se ha desencadenado en Chile, la relación entre la protesta pacífica y la protesta violenta es una relación íntima. Responden al mismo origen, al mismo fenómeno. No se puede decir: “yo apoyo un lado del fenómeno y rechazo el otro”. Es como decir “yo me voy a quedar con la moneda, pero rechazo una de las caras”. Si me quiero llevar la moneda al bolsillo, tengo que quedarme con las dos caras, no puedo llevarme sólo una cara.

Jodido. Los manifestantes pacíficos no aceptan hacerse cargo de la dimensión violenta. 

Si quieren ser consistente, tienen que hacerse cargo de esa dimensión. Por supuesto que ha habido manifestaciones pacíficas que no han tenido como desenlace la violencia, pero la probabilidad de que una manifestación pacífica termine en hechos de violencia, hoy día, es prácticamente uno. Todas las manifestaciones están terminando, o tienen en su entorno, acciones de violencia, que son parte de la misma expresión, a mi juicio.

Cuando tú estabas en la Jota, y estaba vivo el sueño insurreccional, la cara del adversario estaba súper clara: había que echar abajo el gobierno dictatorial, Pinochet era el enemigo. Pero parece que enemigo de hoy tiene muchas caras. No está enteramente claro contra qué, contra quién… ¿Crees que eso hace más complejo el procesamiento de lo que está ocurriendo? 

Yo creo que sí. Efectivamente hoy se está luchando contra algo que es mucho más abstracto, por decirlo de alguna manera. Los conceptos que uno escucha son conceptos que tienen un mayor nivel de abstracción. Hoy se pelea por cuestiones que tienen que ver con la naturaleza de un orden social, finalmente. En el caso de la dictadura, claro, había un orden social implícito, pero el tema de la dictadura por sí mismo y de lo que representaba y simbolizaba Pinochet por sí mismo, lo hacía mucho más tangible, lo encarnaba en un ser, en un personaje. Ahora, algo de eso he visto en este esfuerzo por convertir a Piñera en un dictador. Mucho de lo que observo es una especie de idealización que hace una nueva generación respecto de lo que fue la lucha contra la dictadura. En cierto modo, los ha llevado a ellos a sentir que necesitan su propio tirano, que necesitan su propio dictador que viole los derechos humanos y al cual poder derrocar.

Probablemente necesitamos de las certezas de cierto maniqueísmo moral, algo que nos permita asegurarnos que estamos del lado correcto.  

Sí. Algo de ese dispositivo ha operado en este escenario, que se plasma en la necesidad de convertir a Piñera en un dictador que viola los derechos humanos. Lo veo mucho en la generación que no vivió los traumas del quiebre de la democracia. Cuando converso con gente adulta, e incluso con gente adulta muy de izquierda, me dicen: “yo no quiero que renuncie Piñera, me parece que el costo de eso para la democracia es muy grande”. Pero los cabros más jóvenes piensan “este es un dictador que viola los derechos humanos”, y en consecuencia hay toda una épica en echarlo abajo. De alguna manera, lo siento muy asociado a una cierta idealización de lo que fue la lucha contra la dictadura, de parte de las nuevas generaciones, esa épica. 

Al comienzo me dijiste que creías que la profundidad del cambio que se exige hoy es mayor que el cambio que se exigía en dictadura, que era básicamente el fin del régimen. Yo habría pensado que no hubo fractura mayor que esa. Pero efectivamente parece que esta fractura tiene otras dimensiones y complejidades que superan el cambio de gobernante. 

Sí, yo creo que tiene una complejidad mayor. Por eso es más difícil encasillar bandos en categorías o lógicas dicotómicas, en la lógica maniquea. En la época de la dictadura el maniqueísmo era algo que pertenecía a la base de las cosas. Estaba siempre ahí. 

Había más consciencia de “mi bando es bueno y tu bando es malo” …

…y estabas en un contexto de Guerra Fría que ayudaba a eso. 

Chile en la dimensión universal

La dicotomía era global…

Claro. Pinochet y el imperialismo eran parte de lo mismo. La lucha contra la dictadura y la lucha por la revolución y el socialismo, eran parte de lo mismo. 

Algunos analistas creen que no hay nada raro en lo que está ocurriendo en Chile porque todo el mundo está igual y esa es la normalidad del siglo XXI. Que los chilenos seguíamos confiando en el fin de la historia como la combinación de democracia liberal y economía de mercado, cuando el resto ya se está moviendo de ahí. El progreso nos parecía lineal, pero allá afuera -especialmente desde el 2016, el año del Brexit y Trump- estaba quedando claro que no tiene nada de lineal. Pienso que tu generación y la mía, que no es de las más jóvenes ni de las viejas, compró la tesis del progreso lineal. Y bueno, después de 30 buenos años, parecía razonable comprarla. ¿Tienes también esa percepción de que, en el fondo, aquí nos estamos poniendo a tono con los tiempos?

Yo estoy de acuerdo, hay mucho de eso. Creo que lo que pasa en Chile, los problemas que están afectando a la población, son problemas que tienen una cierta dimensión universal, al menos en la sociedad occidental, desde el punto de vista de las aspiraciones, de las expectativas, del efecto que ha tenido en la cultura de las últimas décadas la sociedad de consumo. Uno puede estar de acuerdo o en desacuerdo con la tesis de Carlos Peña, o puede matizarla, pero, efectivamente, el cambio cultural más grande que ha vivido la sociedad chilena en los últimos años, es la democratización del consumo, no ha habido otro cambio cultural más grande. Y eso ha tenido una cantidad de derivadas en términos de expectativas, de fantasías, de miedos, de inseguridades… Yo creo en esa tesis. No es una tesis excluyente de otras. La tecnología y las redes sociales han sido un factor muy influyente; por otro lado, la globalización, la pérdida del sentido de identidad, el debilitamiento de las instituciones nacionales, del Estado, del principio de representación política que eso supone; todas esas cosas existen, todas son parte de esto. Pero también siento que aquí hay una decodificación de estos conflictos y estas tensiones, que inevitablemente nos remiten a la historia inconclusa asociada no sólo al régimen militar, sino incluso a lo que pasó antes. En Chile se agotó un orden, tremendamente estable y tradicional, que se basaba en una cuestión muy básica y central: la propiedad de la tierra; ese orden terminó en la década del 60 con la reforma agraria, después de eso no hemos sido capaces de encontrar una base material para generar un nuevo orden normativo. Hemos tenido desde revolución en libertad, vía chilena al socialismo, dictadura neoliberal, pensamos que habíamos logrado establecer mínimos comunes en la transición.

“Claro, y por eso también trata de instalar el fantasma de que estamos frente a un dictador que viola los derechos humanos. Porque las violaciones a los DDHH, en rigor, no dependen del exceso de un grupo de carabineros. La violación de los DDHH responde a una política sistemática destinada a violar los DDHH. No puedo afirmar que eso no esté pasando”.

¿Y no fue así? 

Al parecer, no. Parte importante del mundo de la izquierda sencillamente no pudo aceptar la alternancia en el poder. Vio surgir un monstruo de la tierra: a los partidarios de Pinochet ganando elecciones democráticamente y con mayoría absoluta. 

Los nunca bien ponderados “fachos pobres”. Pero ¿no demuestra eso, contra la izquierda, que el nuevo consenso estaba en la expansión del consumo? 

Esta crisis sugiere que desde los ‘60 hasta la fecha no hemos sido capaces de construir un nuevo contrato social que reemplace el orden tradicional. En eso estamos. La constatación de esto es que los dos ejes centrales de esta discusión sean Constitución y modelo.

¿Fue entonces una ilusión liberal considerar que este nuevo modelo se estaba legitimando a partir de la expansión del consumo, la búsqueda del estatus y el incremento de la autonomía individual? 

Sí. Lo que no fuimos capaces de anticipar durante la transición fue el efecto monstruoso que iba a tener para la izquierda ver a la derecha ganar elecciones en democracia. 

Pero la derecha ganó por el mundo social que construyó la Concertación…

Estoy de acuerdo. Pero cuando aparece ese monstruo es cuando la Concertación siente la necesidad histórica de desprenderse de los 20 años de la transición. Para deshacerse del monstruo, tira todo a la basura. Siento también que se impone una lógica que, al final del día, es profundamente dañina para la sociedad y para la democracia.

¿Cuál lógica?

La lógica de mirar esto como una venganza, el triunfo sobre la dictadura que no pudimos tener. Porque hay una cuestión muy básica en esta historia: el trauma de la centroizquierda con la transición se explica por el origen de la transición. Nosotros, en la década del 80, hicimos un esfuerzo descomunal con un costo humano gigantesco para derrocar a Pinochet, y no pudimos, esa es la realidad. Y tuvimos que aceptar jugar con las reglas del régimen, meternos en la lógica del plebiscito, con todo lo que eso implicaba: senadores designados, binominal, comandantes en jefe inamovibles, Pinochet al mando del Ejército por ocho años más…  o sea, el sapo que había que tragarse era muy grande. Y nos tuvimos que tragar ese sapo en función de una derrota y no de una victoria. Lo que hizo el triunfo del “No” fue encubrir y maquillar esa derrota, como si hubiera sido una victoria. Y lo que viene a aparecer finalmente el 2010, con el triunfo de la derecha, es que finalmente la centroizquierda mira su trayectoria del desde el ‘88 y dice: “eso nunca fue una victoria”. Por eso hay una parte importante de la izquierda que ahora sí quiere esa victoria, para partir de nuevo. Por lo mismo, lo primero que hace la centroizquierda a partir de 2010, apenas pierde el poder, es exigir cambio constitucional. Después de que Lagos nos dijera en 2005 que por fin teníamos una Constitución democrática.

Quizás, por eso en este episodio la izquierda ha sido tan ambigua y timorata a la hora de condenar la violencia y defender las instituciones. Se ha deshecho en contextualizaciones.

Claro, y por eso también trata de instalar el fantasma de que estamos frente a un dictador que viola los derechos humanos. Porque las violaciones a los DDHH, en rigor, no dependen del exceso de un grupo de carabineros. La violación de los DDHH responde a una política sistemática destinada a violar los DDHH. No puedo afirmar que eso no esté pasando. Estamos a la espera de los informes que confirmen eso. Pero cierta parte de la izquierda tenía un discurso prefabricado desde el primer día.

Si este análisis es correcto, entonces parece que estamos condenados a volver atrás. Todo lo que hacemos hoy lo justificamos a la luz de lo que quedó pendiente. 

En eso la centroizquierda es de una eficacia extraordinaria. Si miras la encuesta Cadem de hace cuatro semanas y ves las prioridades de la ciudadanía, ‘cambio constitucional’ no existe. En la encuesta de esta semana, ‘cambio constitucional’ está en la tercera prioridad. La izquierda tiene la capacidad de decodificar cosas que probablemente son pulsiones de diversa naturaleza y decir: “no, el tema es que todavía no resolvemos la legitimidad de la Constitución de Pinochet”. Como si eso explicara todos los problemas. Aunque no sepas con precisión por qué estás molesto, insatisfecho o encabronado, la izquierda te dice que en el fondo estás molesto, insatisfecho y encabronado porque todavía no podemos resolver el tema de la constitución de Pinochet.

¿Cómo lo has vivido tú, personalmente, desde el 18 de octubre en adelante? 

Me he sentido angustiado. He sentido cierta pena o ni siquiera ‘cierta’, una gran pena.

¿Pena por qué? En teoría, si es que efectivamente la izquierda está ajustando cuentas…

Es que yo no me siento parte de esas cuentas por ajustar, ese es el problema. Esas cuentas, en el fondo, son cuentas tramposas; son cuentas que se usan en función de deslegitimar que tu adversario tenga la legitimidad para estar en el poder.

¿Debiesen, en algún minuto, prescribir las cuentas políticas pendientes? 

La Concertación y la centroizquierda tienen que hacerse cargo de lo que fue la década de los 80, de las cosas que hizo bien y las cosas que hizo mal, y de los resultados de eso y de lo que logró hacer bien y mal después en la transición. No puedes vivir culpando solo a tus adversarios. Cuando la Universidad de Chile pierde con Colo Colo, no puede culpar sólo a Colo Colo. Tiene que culparse a sí misma también por no haber hecho lo que tenía que hacer en la cancha para no perder el partido. Cuando yo veo la historia de la lucha contra la dictadura y de las insuficiencias que hubo en la oposición, de las cuales mi ex partido fue responsable por insistir en una tesis completamente equivocada, que era impulsar la lucha armada en un país donde no estaban las condiciones para eso; aquello generó una profunda división en la oposición, la debilitó estructuralmente, y esa debilidad y esa diferencia dentro de la oposición, fue uno de los factores que explica por qué no se pudo derrotar a Pinochet en la década de los 80. Bueno, el PC tiene que hacerse una autocrítica respecto de eso. La izquierda tiene que hacerse una autocrítica respecto de eso, y no se la ha hecho nunca. 

Varios intelectuales de registro liberal, como Carlos Peña y Arturo Fontaine, fueron a decirle al Presidente que lo principal era recuperar el orden público.

Sí, Peña insistió mucho en esa tesis.

Por otro lado, está el emplazamiento a los liberales por no preocuparse de los abusos de la represión. Y bueno, la constatación de la ingenuidad liberal que pretende regular las formas de la protesta social. ¿De qué manera interpretas el desafío que esto supone para el pensamiento liberal? ¿Hay que reconocer que estábamos equivocados? 

A ver, yo creo que esta es una crisis que tiene causas súper objetivas. En términos de abuso, de injusticia, de inequidades; yo creo que aquí hay razones muy de fondo y muy justificadas para la expresión de un malestar con las características que hemos observado, incluso violentos. Pero a mí lo que me preocupa no son las causas del malestar, porque yo creo que esas causas serán abordadas por la sociedad de alguna manera u otra; en ese sentido, el golpe en los genitales que ha significado esta crisis, tiene mucho de positivo. Los malestares, en la medida que se expresan, inevitablemente generan en una sociedad que todavía funciona institucionalmente como la nuestra, la capacidad de reaccionar institucionalmente. Hay que hacerse cargo de lo que hay en el fondo del malestar.

“La izquierda tiene una capacidad muy notable para poder administrar las desigualdades, las broncas, y para agitarlas después”. ¿Y el aspecto negativo? 

Que la decodificación hegemónica respecto de esta crisis nos lleva de nuevo a las deudas pendientes, al cobro de cuentas, que a su vez nos lleva a lo que hemos observado en estas últimas semanas con mucha evidencia: un nivel de odiosidad y un nivel de incapacidad de ponerse en el lugar del otro, de escuchar los argumentos del otro, de tratar de entender… Creo que algunos discursos que se han articulado para explicar esas pulsiones que responden a la injusticia, a la inequidad, al abuso, no les están haciendo bien a esas propias causas, al origen de los malestares. 

El mundo social que tú habitas, ¿tiene un diagnóstico similar o también ha experimentado algún tipo de fractura a partir de una lectura divergente? Me da la sensación de que a muchos les ha pasado esto último. 

Todos están viviendo fracturas emocionales, niveles de angustia enorme. No tengo ninguna duda de que lo que vamos a observar en los próximos meses –y que ya estamos observando- son crisis de pánico, insomnio, depresiones, aumento importantísimo en consumo de alcohol; la gente llega angustiada a su casa a las cinco o seis de la tarde a tomarse un trago, porque efectivamente están usando el alcohol como ansiolítico; es una cuestión muy generalizada. En eso hay efectivamente una fractura muy íntima en la gente, respecto a lo que está ocurriendo. A mí lo que me preocupa no es esa fractura, sino la decodificación que se está haciendo de la fractura, que parece ser: “Pinochet sigue siendo responsable de todo lo que somos. Jaime Guzmán y los Chicago Boys son los verdaderos responsables de esta situación”. 

Da la impresión de que a la izquierda le cuesta aceptar que gana cuando gana. Hoy tenemos prácticamente a todos los actores políticos hablando de una convención constituyente; hace unas pocas semanas esto habría sido impensable. Pero hay grupos que no aceptan su propia victoria. 

Sí, en eso la izquierda tiene una dificultad. Porque la izquierda es mesiánica y escatológica, por definición, religiosamente. Tiene esta idea de que los fines son puros, no resiste la idea de que esos fines pueden ser relativizados por la necesidad de los acuerdos, de los consensos, de tener que ceder, transar, negociar; de ir avanzando de a poco. 

Es complejo ser auténticamente demócrata en ese registro… 

Ese es uno de los problemas que tiene la izquierda desde su origen. La izquierda parece decir “estamos enojados con esta democracia porque fue inventada en dictadura, con una constitución impuesta a sangre y fuego; por eso relativizamos esta democracia e incluso avalamos la violencia”. Es, de otra forma, el mismo discurso que escuchábamos antes del golpe. Esta democracia es dictatorial, la que antes era burguesa. Y esa democracia se podía relativizar porque a fin de cuentas se trataba del orden burgués. Como era burguesa, había que echarla abajo e inventar una nueva.

A veces me parece que la principal diferencia entre el pensamiento de izquierda y el pensamiento liberal no radica en el tamaño del Estado sino en otra cosa: mientras la izquierda sacraliza el fin, los liberales sacralizan el procedimiento.  

Sin duda, y por eso a la izquierda le cuesta tanto aceptar sus propias victorias, porque en la política democrática los resultados siempre son parciales, y conllevan, por lo tanto, una cuota de frustración para una izquierda con lógica mesiánica y escatológica. Hay una izquierda que vive del puro romanticismo, del éxtasis permanente de estar siempre luchando por el fin, un fin que no va a llegar nunca, pero no importa. En ese empeño, la izquierda no puede ganar, pero tampoco puede perder. O sea, si pierde, su derrota se interpreta como una anomalía, un desvío de la historia. Entonces, cuando gana Piñera y la derecha saca mayoría absoluta, es una anomalía y, por lo tanto, lo que hay que hacer es eliminar la anomalía. No asumir que la alternancia en el poder es parte de la normalidad democrática. La tesis que se impone es que un triunfo de la derecha es una anomalía que hay que corregir. 

Entonces no es casualidad que los movimientos sociales se desplieguen cuando gobierna la derecha… 

No es casualidad. ¿Por qué durante 20 años el lucro en la educación no fue tema y se transforma en un tema automáticamente cuando gana la derecha? La izquierda no sólo lo aceptó, sino que lo promovió. La educación particular subvencionada con posibilidad de lucrar fue un invento de la Concertación. 

Bueno, y el copago, que consolidó la idea de que el tamaño de la billetera determina accesos a bienes y servicios diferenciados, entre ellos educación. 

Exactamente. Y eso ocurre en el año 93 con Arrate en el Ministerio de Educación. Ni siquiera el PC salió a reclamar, que estaba fuera de la coalición de gobierno. No era un tema hablar del lucro. Pero el lucro se vuelve inaceptable cuando finalmente el modelo vuelve a manos de sus propios dueños. Con el tema constitucional está pasando lo mismo. Se plantea la idea de que los problemas que enfrenta en la actualidad la sociedad chilena no tienen que ver con las complejidades de un mundo globalizado, diverso, con una crisis de los sistemas políticos, sino que la clave está en borrar toda la página y volver al origen. Porque el origen es Pinochet, su constitución y los Chicago Boys. Bastaría con reescribir eso y estamos. 

Eso explica la renuencia de ciertos sectores de la izquierda a hacer concesiones, en el entendido que esas concesiones volverán más adelante a perseguirlos como un espectro. 

Exactamente. Y si me permites unalcance: una de las cosas claves de mi crisis como comunista tuvo que ver, obviamente, con lo que significó la caída del muro de Berlín. Es una crisis que me pena en el corazón, que me duele todavía: el haberme descubierto en un determinado momento de mi vida –a los 20-22 años- luchando por cosas que eran casi idénticas a la dictadura de Pinochet.

¿Cómo así?

Yo luchaba por el socialismo, defendía a la Unión Soviética, a Cuba, a la RDA, a Bulgaria y a Checoslovaquia; es decir, tenía argumentos para justificar regímenes que en el fondo eran también dictaduras espantosas, donde se violaban los derechos humanos. 

Pero la izquierda podría decir que los fines de esas dictaduras eran nobles…

Pero si me quedo en esa lógica ¿qué me diferencia de la UDI que justifica una dictadura porque sus fines también son nobles?

Los extremos se tocan en ese sentido. Parece que en ambos casos el fin justifica los medios. Insisto que me parece ver ahí una distinción: la pureza de los fines del pensamiento utópico versus las garantías del procedimiento del pensamiento liberal. A los liberales les resulta relativamente indiferente para qué usas tu libertad de expresión o asociación. No juzga los fines. En cambio, a los autoritarismos de izquierda y de derecha no les es indiferente. 

Por eso justifican silenciar un medio de comunicación cuyo mensaje no se alinea con los fines nobles del régimen. 

Es que ahí ya siento que se ha pervertido el sentido básico de lo que es la regla democrática. Cuando Camila Vallejo defiende un sistema como el cubano, donde en la Universidad de La Habana no existe la posibilidad de generar una federación universitaria como la que ella encabezó en la Universidad de Chile, y no existe la posibilidad de que los estudiantes encabecen una marcha en contra del régimen cubano para demandar cosas que consideran legítimas, que fue lo que ella hizo cuando era dirigente estudiantil, y luego me dice que ese régimen es más democrático que el nuestro, donde ella sí pudo hacer todas esas cosas y no terminó ni presa ni muerta; entonces pienso que hay un concepto de base de lo que es una sociedad democrática que no compartimos. 

Ahora te quiero compartir mi frustración. Yo pensaba que nuestra generación era distinta a la de nuestros padres, que habíamos excluido la violencia política del repertorio, que éramos más bonobos que chimpancés, por usar una analogía de la primatología. Pero la polarización y la crispación del debate que hemos visto en las últimas semanas, de alguna manera me indica que creer eso era ingenuo. Hoy incluso soy escéptico de cualquier teoría lineal del progreso: no es obvio que esto vaya a terminar bien. 

Coincido. Puede terminar peor, precisamente en ese espacio, en el ámbito de la convivencia democrática. Aquí se han destruido supermercados y se han destruido estaciones de metro, pero lo más grave de lo que se ha destruido, son las bases de una cierta convivencia, de una cierta aceptación del otro; yo creo que eso es lo más difícil de reconstituir o de constituir, porque a lo mejor venimos a descubrir ahora de que realmente nunca estuvo constituido. De que nunca logramos constituir ese marco de convivencia democrática y que eso siempre se lograba atenuar en la medida que la izquierda gobernaba. La izquierda tiene una capacidad muy notable para poder administrar las desigualdades, las broncas, y para agitarlas después. Primero, para contenerlas, y después para usarlas, azuzarlas, reforzarlas; la izquierda tiene una capacidad extraordinaria de hacer eso. Y de decodificar y de imponer un discurso, un relato a los malestares, a los miedos, a las broncas de todo tipo. La derecha no tiene ninguna capacidad de hacer eso, es parte de su drama histórico. Entonces, ahora que recaímos, yo no sé si finalmente lograr un consenso constitucional nos va a zafar de eso, que siento como una herencia mucho más compleja. En lo sucesivo, cada vez que la izquierda pierda, va a encontrar otra cosa. Así como descubrió que el lucro era algo que nunca había sido durante los 20 años de la Concertación, va a descubrir un caballito de batalla y va a depositar ahí todas las rabias, frustraciones, angustias, etc.; va a encontrar otro, siempre va a poder encontrar otro. Y la derecha va a estar siempre contra el muro, siempre va a quedar contra el muro. Que esto le haya pasado a la derecha no es mala suerte. Mala suerte es un terremoto. Pero esta no es una catástrofe natural. SML


ES UN ENTREVISTADO DIFÍCIL, NO LE GUSTA TOMARSE FOTOS; NO QUIERE DESPERTAR ENVIDIAS Y PREFIERE PASAR PIOLA, HABLAR POCO DE SÍ MISMO Y DE SU ÉXITO. BAJITO, CON UN ESPAÑOL DE MARCADO ACENTO FRANCÉS, EL CREADOR Y DUEÑO DEL BACO SE AMPLÍA CON UNA NUEVA E INÉDITA PROPUESTA: ALIGOT, DONDE SE COME SÓLO UN PLATO, POR UN PRECIO ACOTADO, SIN PAGAR PROPINA, PERO SIN CHALAS NI SUDADERA. A LA ALTURA DE LA MESA.

Por: Ximena Torres Cautivo / Fotos: Carlos Ortega

Ingredientes

Un francés de tamaño pequeño en la flor de la edad, la cincuentena.Un local con 200 sillas, una carta estable y 14 años en el corazón de Providencia. Otro local también con 200 sillas, en El Golf, con cuatro meses y un solo plato. Un tercer local en Montevideo, Uruguay, con un año de funcionamiento. Igual al primero.

PREPARACIÓN

Fréderic Le Baux nació en París hace 55 años, pero su denominación de origen es la región de Aveyron, específicamente L’Aubrac, en el centro-sur de Francia. Una meseta volcánica, de inviernos marcados y crudos, con una niebla persistente que durante días impide mirarse la punta de la nariz y cuya principal actividad económica es la ganadería y, por ende, la producción de leche y sobre todo de queso de vaca fresco, el famoso Lagiole. La Vía Podiensis o Ruta de Puy cruza por ahí y es parte del Camino a Santiago de Compostela. En la Edad Media, cuando los peregrinos cansados y hambrientos preguntaban qué podían darles para comer, los campesinos y monjes de la zona les ofrecían liquod, voz antigua que significa “lo que hay”. Y lo que había era simplemente pan y queso. Con el descubrimiento de América y de la papa, el pan se reemplazó por papa, dando origen al platillo regional más famoso, el aligot, un puré con virutas de queso, que se integran y estiran como hebras, suavizado con crema. Es una cumbre de la culinaria francesa, que comparte con la fondue el origen humilde; nació como una comida para pobres, pero tuvo un rápido ascenso social y hoy es la estrella en fiestas y celebraciones, en matrimonios y almuerzos domingueros especiales. El nuevo restaurante de Le Beaux se llama Aligot, porque es un manjar que lo lleva a su infancia y le recuerda su tierra, pero también porque quiso innovar con un concepto inédito en Chile: un lugar ágil, de alta calidad, donde se pueda almorzar rápido, con un solo plato en su carta –el aligot, que puede ir con filete de vacuno o de pescado– y cuesta 13 mil pesos por persona, sin propina. Esto último es una característica revolucionaria, que el empresario gastronómico francés impuso hace ya cuatro años en su nave madre, el Baco, inaugurado en 2005, en su clásico local de la calle Ricardo Lyon, y que es el emprendimiento que le cambió la vida. En Francia, Le Beaux se dedicaba a la agricultura, después pasó a ser vendedor mayorista de frutas y verduras en la región de Bordeaux, famosa por sus tintos. Luego, al transporte y finalmente a la logística. “Ahí me relacioné con muchos operadores viticultores y me empecé a hacer cargo de su transporte y distribución. En 1996, decidí vender mi empresa y salir de Francia, porque sentía que era un país que cada día me correspondía menos”, dice críptico. Estudió opciones para empezar de nuevo en otras latitudes y se decidió por Chile, donde llegó con camas, petacas, su mujer y seis de sus ocho hijos. Y la concesión del terminal de carga del aeropuerto de Santiago. Así fue su aterrizaje en Chile en 1996. Dedicado a la “logistique”, como dice con su español afrancesado, aún lejos de lo que es su negocio actual. 

ETAPA DE COCCIÓN

Elegí Chile porque era un gran país y, pese a todo, sigue siendo un gran país –dice, dando a entender que el ambiente se ha ido enrareciendo y las cosas poniendo más complejas. 

¿Qué eres políticamente? 

Yo soy jesuita, educado por los jesuitas y muy orgulloso de serlo –responde, finalmente, a la hora de definirse, después de una larga vuelta que desarrollamos a partir del porqué dejó Francia: “Yo quería vivir en un país menos rígido y estructurado, donde se pudiera emprender y crear, y Chile ofrecía eso en 1996. Francia, por desgracia, evolucionó hacia donde temíamos que lo hiciera, cuando nos vinimos. Chile, en cambio, era un gran país y, pese a los cambios, sigue siendo un gran país que permite el emprendimiento. 

¿Eres un hombre de izquierda o de derecha?

La noción de izquierda o derecha es una burla política. Es marketing creado por los que quieren posicionarse bajo una etiqueta fácil, que no representa nada, porque no tiene una ideología detrás. Si entendemos ideología como la forma en que queremos organizar la sociedad, están el collectivisme y el capitalisme. Y para mí el capitalisme permite mucha más libertad, deja que cada uno pueda expresarse sin que otros pretendan administrarle su vida. El capitalisme es interesante cuando fluye y para mí su mayor riesgo, el peor parásito del capitalisme, es el capitalista. Enemigo del liberal actual presidente de Francia, Emmanuel Macron, Le Braux no se considera para nada un conservador, pero de la por hoy famosa Greta Thunberg opina: “para mí es una herramienta de marketing. Está bien que nos ocupemos de cuidar la sustentabilidad de nuestro planeta. Para mí es una tremenda tristeza que nuestros políticos no pesquen la importancia de este tema. En la última elección presidencial chilena no hubo ninguno que levantara esa bandera, ni uno solo tenía un programa ambientalista serio. A mí el tema me importa mucho”.

¿Y eso se refleja en Baco, en su carta, en su filosofía? ¿Tienes una propuesta orgánica?

Si alguna vez has comido en Baco, sabrás que la nuestra es una carta que valoriza el producto por sí mismo y eso aplica a toda nuestra cadena de producción, incluida la anterior a nuestra intervención. Nosotros no aceptamos tener descartes por cuestiones de presentación, aprovechamos todo. Tampoco tenemos recetas donde haya que reducir lo que vamos a consumir a un porcentaje demasiado bajo. Por cuestiones ambientalistas y de salud, no usamos aditivos, emulsionantes, colorantes, espesantes, activadores de gusto, antioxidantes, nada. Me podrán criticar porque importo productos de calidad cuando no encuentro los de calidad satisfactoria, por lo que significa en transporte, pero ahí privilegio al cliente. Utilizo poca carne, prefiero los pescados y mariscos. No creo en los extremos, no me gustaría una sociedad del futuro vegana, pero también abomino del mal concepto de servir platos enormes, excesivos. Yo soy muy sensible al derroche. A mí botar carne a la basura realmente me duele. Primero por respeto al animal que fue sacrificado en vano al hacer eso y luego por la tremenda pérdida en sí que eso representa. Yo pienso que se debe educar a la gente, sensibilizarla para que entienda el consumo de carne como un sabor y no como un ingrediente para llenarse hasta hartarse. Si podemos acostumbrarnos al placer de consumir un trozo de carne de 50 gramos y no 250, y más, como se usa, valorando el acompañamiento, daríamos un salto cultural y ambiental.  

¿Es verdad que odias el pollo chileno?

Odiar es una palabra muy fuerte. En mi carta no hay pollo y me encantaría, pero efectivamente no tenemos buen pollo en Chile. Recién están apareciendo algunas producciones de calidad. Un buen pollo en Francia es de seis meses de crianza, tiempo que permite a la carne desarrollarse, acá los pollos son de esa variedad que se llama broiler, una especie hybride completamente voraz que llega a su peso óptimo a las 5 semanas, ¡cuando es todavía una guagua! Si agregas a eso las carnes de pollo infiltradas o marinadas y, lo peor, el golpe de frío que se les da para su conservación. Están medio congelados, lo que hace que la membrana celular, se abra y es fatal. Acá hacen con el pollo todo lo que no se debe hacer.  

EMPLATADO Y PRESENTACIÓN

En 2005, Frederic Le Baux decidió hacer otro cambio radical: vendió la concesión que tenía en el aeropuerto de Santiago y, sin ser chef ni tener estudios de gastronomía, instaló un restaurante. 

¿Por qué el

cambio de rubro?

Nadie está feliz con la logística. Es un servicio necesario, pero caro, por el cual a nadie le gusta pagar. Yo era un gran consumidor de restaurantes por mi trabajo. Me gustaba ir a almorzar, a cenar. Así me fui entusiasmando por un negocio donde uno no fuera intermediario y el trato fuera directo con el cliente. Para mí la industria gastronómica es venta de felicidad y placer, y yo quería hacer eso: entregar momentos de felicidad de manera directa a las personas. 

¿Por qué lo llamaste Baco?

Dar con el nombre no fue fácil. No fue algo que cayera simple. Quería algo corto, llamativo y que se relacionara con el vino. El rey griego Dionisio tiene un nombre largo y difícil de escribir. Así pensamos en el dios de la fiesta y de la felicidad, Baco. Además, cada día me identifico o me parezco más a él, que partió como un angelito flaco y, poco a poco, se fue poniendo más redondo, igual que yo. Con los primeros siete años dedicados a recuperar la inversión, pero capitalizando en reputación y estabilidad entre una selecta y fidelísima clientela, Baco cumplió robustos 14. Sus marcas de fábrica son una carta de platos franceses tradicionales donde destacan el filete béarnaise, el confit de canard, el boeuf bourguignon, y el dulce final aportado por una de las mejores creme brulee del mercado; la novedad de ofrecer vino en copas, que vino a poner cordura a los escandalosos precios que cobraban los restaurantes nacionales por una botella –tres y hasta cuatro veces más que en supermercados y botillerías– y contribuyó a educar en la cata y el conocimiento vinícola a las nuevas generaciones; y el que no se deje propina, revolución cuyo lanzamiento coincidió con una figuración mediática no buscada: el miniescándalo del dress code. Fue hace tres veranos que Luis Larraín, el ex director de fundación Iguales, tuiteó que fue al Baco con sandalias y le trajeron un par de zapatos para que se cambiara antes de dejarlo entrar. Ardió la pradera digital, pero monsieur Le Beaux no agachó el moño frente al bullying en redes. Hoy insiste en su punto: “hay personas que salen a comer una vez al mes, se preparan, se lo toman en serio y lo hacen para comprar felicidad en un lugar grato, bien atendido, bien puesto, donde se respeta al otro en todo sentido, y las reglas son claras”. Si quieres comer con chalas y los pies entierrados, búscate otro lugar, es el mensaje. Lo mismo si andas con sudadera, jockey y hawaianas. Así de simple. “Aunque públicamente fui muy criticado, muchos clientes en forma directa me felicitaron”, dice, pasando del tema. Otra regla no de facha, pero sí de conducta es que en el Baco no hay wifi. Un letrero señala que aquí la conexión es personal, cara a cara, mirándose a los ojos.

MARIDAJE

¿Cuánto pesó en que eligieras Chile para vivir el que fuera un país productor de vino?

Poco. No sabía mucho del tema, pero hice mi aporte en materia de consumo nacional de vino. Cuando llegué en 1996, se producía para la exportación, ahora la cosa ha evolucionado bien y las personas han aprendido, saben. Yo soy de vinos ligeros, fáciles de tomar, como pinot noir, cinsault, syrah. Otra contribución nuestra en la materia es que cada dos semanas hacemos la selección para la carta de vinos y elegimos por calidad, por ningún otro criterio. El vino es un cepaje, una viña, un valle y una añada, y esto último cambia de cosecha en cosecha. En Chile, yo siempre dije que la demanda existe, lo que faltaba era la oferta; hoy esa oferta está y la gente sabe. No digo que los 18 millones de chilenos sean expertos, pero hay una buena masa crítica, lo que incluye a las mujeres. Me gusta cuando veo una mesa de puras mujeres donde están tomando bien, donde hay ideas. 

Yo pensaba que las mujeres eran de puro espumante. 

Yo siempre empujé el espumante. Cuando llegué a Chile, nadie tenía champagne por copa y era carísimo. Los dueños de restaurantes se quejaban de que no se vendía y no lo tenían por eso; yo les replicaba ¿cómo lo vas a vender si no lo tienes? Hoy ha bajado el costo de estos productos y, además, cada año el espumante chileno es mejor. Hoy vendemos mucho. 

¿Cuál es el mejor?

Un gran espumante es Azur. Tuve el privilegio de comprar una partida de magnum (botella de litro y medio, envasado a mano y muy apreciada por los coleccionistas) y puedo decir que es un espumante que compite de igual a igual con un buen champagne. Fanático de los mariscos y de los pescados, su primera opción, si de frutos del mar se trata son las machas y las ostras, “las chilenas son muy, muy buenas”, opina. Combinación perfecta para el mencionado Azur.  De otros “maridajes” exitosos prefiere no hablar.  Nos referimos a su largo matrimonio con la buenamoza Benedicte, madre de sus ocho hijos y encargada de asuntos administrativos de Baco. Tampoco habla demasiado de sus vástagos, a excepción de una referencia a la mayor, Sophie, quien es la responsable del restaurante Baco que abrieron hace un año en Montevideo. “Pensé que sería más fácil, pero en este rubro, siempre los primeros tres son a pérdida”, cuenta. Dominante, más bien serio que risueño, organizado y lleno de reglas, no parece un jefe fácil, pero llama la atención que, al hablar de sus 190 empleados, de los cuales 120 son del Baco de Lyon, 40 del Aligot y 30 del Baco de Montevideo, diga: “desde el momento en que alguien está en mi equipo es porque yo lo quiero”.  Por eso, quizás resalta tanto su idea de darles estabilidad y seguridad a través de un contrato con sueldo fijo y no del sistema de propinas.  “Yo les he dado la posibilidad de tener cuenta corriente, salud, crédito hipotecario, todo lo que tú y yo tenemos, en vez de vivir en la precariedad de las propinas. Uno en este negocio debe amar a su gente y apasionarse por la organización. Esas son las bases de un equipo que trabaja junto en momentos de gran estrés”, asegura. “La cocina de un restaurante es como una gran batalla, donde para que todo ande bien, debes tener todo organizado, sin errores. Todo mi sistema se basa en la confianza. Yo bajo, miro, me paseo, pero en mis restaurantes, el jefe de cocina o chef y el jefe de salón, son los generales. Ellos mandan; yo a ellos les entrego toda mi confianza”, finaliza. SML


LAS VUELTAS DE LA VIDA CREARON UN MATRIMONIO COLABORATIVO DE DOS ARTISTAS NOTABLES, QUE HA DURADO MÁS Y HA DADO FRUTOS MUCHO MÁS VIRTUOSOS QUE LA MAYORÍA DE LOS MATRIMONIOS TEXTUALES. ES EL CASO DE ANTONIO BANDERAS Y EL DIRECTOR PEDRO ALMODOVAR (DESCUBRIÓ AL JOVEN ACTOR CUANDO SE PRESENTABA EN EL TEATRO NACIONAL DE ESPAÑA), QUIENES HAN DADO VIDA A OBRAS MONUMENTALES DEL CINE CONTEMPORÁNEO: LA LEY DEL DESEO, MATADOR, ÁTAME Y MUJERES AL BORDE DE UN ATAQUE DE NERVIOS, INICIANDO UNA HISTORIA EN COMÚN QUE ES PARTE YA DE OTRA HISTORIA MUCHO MÁS GRANDE, LA GRAN HISTORIA DEL CINE. 

Banderas partió rumbo a Hollywood en 1991 sin saber una palabra de inglés, debutando con Los Reyes del Mambo. Se quedó en Los Angeles durante muchos años, trabajando en el cine norteamericano y contrayendo matrimonio con la actriz Melanie Griffith, mientras que, al mismo tiempo, se divorciaba de su primera mujer, la actriz española Ana Leza. Su segundo matrimonio duró hasta el 2014, fecha en que regresó a España. La pareja tuvo una hija, Stella del Carmen. Antes de radicarse definitivamente en su país natal, en 2011, Banderas se reunió nuevamente con su mentor, Pedro Almodovar para realizar La Piel Que Habito, interpretando a un cirujano plástico frío y cruel. En el plano personal, el 2014 inició una nueva relación con Nicole Kempel, una gerente de inversiones de origen holandés. La pareja se radicó en Málaga, la ciudad natal de Banderas. Fue allí donde Almodovar visitó a su amigo ofreciéndole el papel estelar en su nuevo filme Dolor y Gloria, una cinta de corte autobiográfico muy distinta a las anteriores. Antonio Banderas realizó, según la critica y el público, el mejor trabajo de su carrera profesional, al punto de ser elegido como el mejor actor en el pasado Festival de Cine de Cannes y pudiendo ahora nominarse a los Oscar y Globos de Oro.

¿Cuál fue su mayor desafio al protagonizar Dolor y Gloria?

Siempre es un desafio interpretar a alguien que existe. Y si esa persona es tu amigo, lo es aun más. Agrégale que la misma persona está detras de la cámara, y se convierte en un reto extraordinariamente complejo. Pero resultó ser una experiencia muy placentera, porque comencé a crear este personaje subconscientemente hace nueve años atrás. Y ocurrió cuando trabajé en La Piel que Habito, la primera película que volví a hacer con Pedro (Almodóvar) después de 22 años. En el intertanto, yo había trabajado en EEUU con muchos cineastas norteamericanos. Después de varios ensayos, Pedro me dijo que “todas esas cosas que aprendiste con los norteamericanos, a mi no me sirven”. Sus palabras hirieron mi amor propio, pero no lo confronté, aunque terminó siendo un rodaje bastante tenso, me refiero a una tension creativa. Porque seguíamos siendo muy buenos amigos. Y ahora, después de ver Dolor y Gloria, me dí cuenta que él fue capaz de sacar desde dentro de mí a un personaje que yo no sabía que existía, lo que me hizo reflexionar que yo necesitaba ser más humilde y de no resistir sus indicaciones como director.

¿Qué fue lo primero que le preguntaste?

Por qué quería hacer esta película en ese momento de su vida y por qué deseaba que yo interpretara su alter ego. Uno de los temas más emotivos de la cinta, es que se muestra la adicción y rehabilitación de Pedro y la relación con su madre. 

¿Qué instrucciones te dió?

Los actores nos alimentamos de nuestra propia vida, tratamos de entender a los personajes y qué parte de nuestra vida podemos usar para crearlos.  Yo tuve una experiencia hace dos años y medio, sufrí un ataque al corazón. Fue una bendición, una de las mejores vivencias que me han sucedido, porque me mostró de una manera muy fuerte lo que es más importante en la vida. Y me ayudó a eliminar lo que yo creía que era importante y lo que no lo era. Concluí que lo más valioso para mí era la familia, los amigos, y la máquina que me hizo convertirme en actor, contándole historias a otras personas. Sufrí el ataque en la mañana y me operaron esa misma noche, colocándome tres stent en la arteria coronaria. En el hospital me atendió una enfermera anciana, quien me hizo una pregunta bastante extraña: “¿cree en la cultura popular?” Le contesté sorprendido: “qué?”, y ella me respondió “¿por qué se dice te quiero con el corazón y no, te amo con mi cerebro o mis riñones?”. En ese momento le contesté que no sabía, que me lo explicara ella. Y así lo hizo, señalándome “porque el corazón es mucho más que un órgano encargado de enviar oxígeno al cuerpo, es una bodega de sentimientos. Y Antonio, te advierto que dentro de los próximos meses tu estarás muy triste”. Entonces le pregunté, “¿quieres decir deprimido?”, y me dice que “triste, pero saldrás de ello con una idea mucho mejor de quién eres y de cuál es tu papel en la vida”.

Y, ¿qué pasó?

Tal cual. Sucedió exactamente lo que me describió. Durante meses, reaccioné emocionalmente frente a todo, miraba una película y lloraba a mares, cualquier cosa me afectaba. Cuando rodabamos la película, Pedro lo detectó immediatamente aconsejándome que “no lo escondas, te conozco Antonio y tratarás de esconderlo, porque te quieres presentar frente al público todavía como un hombre atlético, como el tipo que siempre has sido, pero acepta que lo que te ocurrió es bueno para tu personaje, es una experiencia más que tuviste en tu vida”. Tenía razón, se trataba de la aceptación y que esta vez crearía mi personaje de una manera distinta. Y desde ese momento usé toda la experiencia que viví con mi ataque al corazón en su película.

¿Y hoy, qué opinas de la muerte?

Más allá del lugar común de que es la única certeza y que todo lo demás es relativo, cuando la ves tan cerca de ti como aquella mañana y realmente piensas que vas a morir y sientes que ese momento es perfecto, que es lo único perfecto en tu vida, y luchas contra ese sentimiento de querer partir, tratas de respirar, esperando a la ambulancia mientras resistes y resistes. Entonces te das cuenta que el dinero es algo intelectual y te dices “voy a comprar un teatro, algo que puedo tocar, subirme al escenario, ver a jóvenes llegar allí. La plata en el banco, ¿para qué sirve? 

1. Eva Cobo y Banderas en Matador, de Pedro Almodóvar, 1986.
2. Ganando la Palma de Oro del Festival de Cine de Cannes como el Mejor Actor, 2019. 3.Banderas y  Carmen Maura en Mujeres Al Borde de un Ataque de Nervios, de Pedro Almodóvar,1988.
4.Victoria Abril y Banderas en Átame, de Pedro Almodóvar, 1990.

Otra escena excepcional de Dolor y Gloria es el beso apasionado que intercambian con tu ex amante. ¿Te cuestan esas escenas?

Cada vez que he interpretado a un personaje, aunque sea secundario, me he comprometido a transformarme en una persona que no soy yo. No soy un héroe, e interpreté al Zorro. Desde que coprotagonicé La Ley del Deseo, una de las primeras películas dirigidas por Pedro, muchos se escandalizaron viendo dos hombres haciendo el amor.  Ese mismo público no se inmuta con escenas de extrema violencia, incluyendo la violencia en cintas infantiles, pero objetan esto. ¿Qué ocurre con nuestra moralidad? incluso cuando Dolor y Gloria se estrenó en Cannes, se escuchó una exclamacion en el teatro de 3.000 personas, cuando apareció la escena que mencionas (risas). Estaba simplemente representando a mi personaje y cada vez que encarno a un carácter gay, trato de hacerlo con gran dignidad y respeto, entendiendo que dos personas del mismo sexo se aman absolutamente. Por mi parte, no tengo ningun problema en hacerlo.

¿Para ti, fue más desafiante interpretar a Pedro Almodovar o a Picasso?

Tienen complicaciones distintas. Quizás interpretar a Picasso fue un buen entrenamiento para Pedro. Picasso fue más complicado porque era una historia mucho más biográfica, tuvimos que ir paso a paso, por suerte junto a productores quienes me dieron garantías de que toda la información en el guión era real.  En cambio, con Pedro, no todo lo que se ve en la película ocurrió en la realidad. Pero aún así, la cinta es más Pedro que Pedro. ¿Por qué? Porque en la vida, no sólo somos lo que decimos. También somos lo que nunca dijimos y queríamos decir. Y en el caso de Pedro, este filme, lo dice. Es acerca de cerrar circulos que dejamos abiertos en el pasado, de llegar a tener paz con tu familia, con tu madre, con tus amantes, con tus actores, es acerca de la reconciliacion. Y todos se identifican con esto, porque viajamos por la vida con una mochila de miserias y grandezas, dolores y glorias, todos nosotros. Por eso mismo, esta cinta afecta al público, es dura.  A Pedro le gusta, durante los ensayos, leer todos los parlamentos de sus actores, pero ahora cuando llego a la frase, “mamá, lo siento porque no soy el hijo que querías que fuera”, él no fue capaz de leerla. Y yo como actor, no pude tener mejor información emocional. Esta es mi octava película con él, pero nunca viví una experiencia tan compleja y profunda.

El próximo año cumples 60. ¿Cómo te sientes al respecto?

Me siento fabuloso, satisfecho con mi vida y las cosas que he logrado. Creo que lo mejor aún está por llegar, seguiré pensando igual hasta el día que muera. Soy un optimista patológico (risas).

¿Te gustaría que algún día otro actor te interpretara en una cinta?

Ante todo, no creo que tenga una historia que merezca contarse. Y como anécdota, mi hija nació el mismo día que Pedro Almodóvar, un 24 de septiembre. Hay muchos buenos actores, pero no sé si mi vida tiene suficientes vetas dramáticas que justifiquen llevarla a la pantalla.La infancia de Banderas fue apacible, sin drama. Vivía en una dictadura, pero no sabía de esas cosas. La manera como describe a la España de su niñez es la de un país anestesiado. No fue hasta que cumplió los 15 años y Franco murió, cuando tomó conciencia de lo que estaba ocurriendo y todas las cosas que habían sido reprimidas en su país.  “Paralelamente comencé a crecer como hombre, al mismo tiempo que España transitaba de la dictadura a una democracia. Pero tuve un padre y una madre que eran buenos, y un hermano que hasta el día de hoy es mi mejor amigo. Tengo recuerdos de una infancia feliz”, cuenta.

¿Cómo crees que esos días influyeron en la persona que eres hoy?

Creo que se produjo un esfuerzo colectivo en mi país de intentar perdonar todo lo que hicimos en el pasado. Surgió un grupo de políticos que eran muy buenos y que tuvieron la capacidad de negociar para salir adelante. Y hubo un esfuerzo social para sobreponerse y crear algo nuevo. 

¿Crees que estuviste a la altura de las expectativas de tus padres?

Mi madre fue una niña que creció durante la guerra. Era muy joven, tenía cinco años cuando comenzó la Guerra Civil Española. Vió horrores y creció con miedo. Por lo que su sueño para mi era la seguridad. Que trabajara en un banco, descansara sábados y domingos, y tuviera un mes de vacaciones al año. Que me casara, y tuviera un niño y una niña. Yo tenía mis propios sueños y la encaré. No seguí sus consejos. Años más tarde, recuerdo que cuando estrenamos Evita en Londres, mi papá y mamá estaban felices, esa es la imágen que tengo de ambos, caminando por la alfombra roja conmigo. Y llevaron con ellos mi éxito hasta el día de su muerte.

¿Cuáles son tus mayores intereses en esta etapa de tu vida?

A consecuencia de mi ataque cardíaco, me estoy enfocando en el teatro. Compre uno en el sur de España, un sueño que tenía antes de dejar Málaga. Es la manera más perfecta para arruinarme. Ríe y cuenta que está perdiendo mucha energía y dinero, y que lo inagura en noviembre. “Tenemos una alianza con una escuela privada de 600 estudiantes que estudian cine, baile y canto. Para mí es una satisfacción poder pasar mis experiencias a la nueva generación. Es una de las cosas más hermosas que han ocurrido en la vida, por lo que pienso dedicarle mucho tiempo a esta actividad”, asegura.

¿Participan tus amigos?

Los amigos que tengo son los mismos que tenía a los 15 años. Continuamos la relación y muchos ahora trabajan en mi teatro en distintas posiciones, no solamente artísticas, sino que también administrativas. Me gustaría que nuestra primera producción se vea en Nueva York y quiero que el público se fije en el talento de estos chicos de España.

¿Qué opinas de Hollywood?

Hollywood ya no es un lugar, es una marca. Ya no importa dónde se hagan las películas, el mundo cambió; hoy tenemos las plataformas como Netflix, Amazon, Hulu. Estos cambios son muy buenos para los actores, ya que genera mucho más trabajo. sml


Esa imagen es la portada de Experiencia, su autobiografía, y probablemente fue tomada en 1954, cuando su padre Kingsley Amis publicó Lucky Jim, considerada la novela más divertida del siglo XX. Martin quizás nunca será Sir Amis, como él. Y afortunadamente tampoco nunca llegará a beber tanto, y por eso a perderlo todo. Pero su vida es demasiada fama, demasiado dinero. ¡No se puede empezar desde tan arriba! En agosto cumplió 70 años y todavía es el enfant terrible de las letras británicas. Su hábitat es el éxito. Sus libros son para mayores de 18, sexo, violencia, lenguaje inapropiado. Ya no escandalizan tanto, pero Amis es un maximalista y en la última década, a partir de ciertos experimentos -no todos fallidos-, pasó a ser un sospechoso e incluso un impublicable. Escribió novelas airadas, como viajes sin retorno, fuera de la atmósfera. Los últimos años han sido difíciles, raros. Como si siempre estuviera huyendo, tiene casa en Inglaterra, Estados Unidos y Uruguay; y vive con jet lag. Seguido bien de cerca por críticos y detractores que auguran cada año su caída, su final.  Martin Amis se ha aproximado como nadie a esa línea donde empiezan los dragones. “Soy un experto en crear monstruos masculinos. Mi tema es la masculinidad. El problema de la inseguridad masculina es inseparable de la envidia masculina”, señala; y considera a Freud “un humorista”. Su hazaña inicial es que, si su padre Kingsley Amis obtuvo el premio Somerset Maugham por su primera novela, Lucky Jim; en 1973, a los 24 años, Martin recibió el premio Somerset Maugham por El libro de Rachel, su primera novela. Y verdaderamente, qué manera de empezar. El cuaderno de Rachel es la historia de un romance adolescente grandioso, ridículo y fastuoso. “Me está matando, lo de ser joven me está matando”, escribió.

CASI TODA LA NOVELA EBRIO

Y después de otras novelas, en 1988, fue el estallido de Dinero (1989). Tenía 38 años y el libro cayó mal sobre su generación, el llamado Dream Team inglés: Julian Barnes, Kazuo Ishiguro, Hanif Kurieishi, Graham Swift e Ian McEwan. Como diría él, “parecían tomar con gran esfuerzo esto de celebrar mi éxito”. El personaje de Dinero es John Self, publicista londinense, un tarado que se pasa casi toda la novela ebrio o con una resaca final. Contratado en Nueva York, impresiona a los nativos neoyorquinos con su farfullante acento inglés. Extrañamente, factura cientos de miles de dólares y conduce un auto llamado Fiasco; mientras Selina, su obsesión, su maliciosa mujer, lo engaña. El personaje no vive en un océano de felicidad. En un imposible partido de tenis, “me limité a correr y tirarme de un extremo a otro de la pista, tratando de salvar la vida de 80 kilos de genes proletarios, alcohol, comida rápida, chamuscado y asfixiado por combustibles de mala calidad, sin otra cosa que ofrecer que no fuera un drive y un revés de circunstancias”. Todo el tiempo tiene un dolor de muelas radioactivo. Consideremos también su otro dolor permanente:  el felpudo, como Self llama al humeante, poco pelo que le queda. 

SU OMNISCIENTE ROPA INTERIOR 

Tropezando con las alfombras de alta gama de los hoteles caros, descubre que “Dios es una mujer. ¡Miren a su alrededor! Pues claro que es una mujer”. En Inglaterra no se habla de dinero, el dinero en cierto modo apesta -nos recuerda-; en Estados Unidos, en cambio, el dinero se exhibe desesperadamente. Él no está contra el dinero, pero preferiría no hacerlo. La novela marca sus años dorados, y compone una trilogía con las esplendentes Campos de Londres (1989) y La Información (1995). Cada una es considerada su obra maestra. Por el John Self lo tacharon de machista, homofóbico, racista, derechista y arribista. “Sólo un estúpido confunde al protagonista con el autor”, dijo encantado. “Tendrían ustedes que ver la cantidad de dinero que nos pagamos los unos a los otros, lo poco que trabajamos, y lo tontos y subnormales que somos”, asegura Self. “Como si fuésemos dioses, o monos, o astronautas. Antes, todo el mundo estaba más o menos conforme con sentirse casi siempre muerto, ahora, todos quieren sentirse maravillosamente bien a cada momento”, agrega. “Pronto sonará el timbre y aparecerá mi Selina con sus ojos persas, su maletín de viaje, su cálida garganta, su omnisciente ropa interior, sus cicatrizadas muñecas, sus aromas de boudoir, y probablemente los aromas de otros hombres”, continúa. “Ojalá me hubieran enseñado orgullo, dignidad, y hasta un poco de francés”. 

VERANOS EN MALLORCA

A los 50 años publicó Experiencia, y su autobiografía no es un relato lineal, para alivio de las mentes modernas y millennials, y puede comenzar por cualquier parte. Total, la memoria funciona así. Casi todos sus libros son autobiográficos o egocéntricos, y ocurren en la línea paralela de su vida.Después de esa foto inaugural, fumando todo cool, apareció en Viento en las velas, una película de Alexander Mackendrik, actuando pésimo, de niño secuestrado por unos piratas. “Me verás, pero no me oirás”, explicaba riendo, porque tuvo un ataque de pánico escénico cuando tenía que decir sus líneas, y se quedó mudo. Su voz fue doblada por una niñita. “Yo tenía cinco años y estaba en las rodillas de los mejores escritores del mundo. Veraneaba en la casa de Robert Graves, en Mallorca”, recuerda. Venían de Swansea, Gales del Sur, un lugar de tal homogeneidad étnica que nunca había visto una persona negra. En Londres, en 1956, su padre lo llevó a conocer a un académico de Zimbabue. En el camino le explicó lo que le esperaba. “Tiene la cara negra -me dijo-. Es negro. Y siguió con su aleccionamiento. Cuando entré en el pequeño departamento me eché a llorar. Y no me anduve con rodeos: ¡Tiene la cara negra! ¡Es negro! Pues claro, dijo el profesor invitado cuando dejó de reírse. ¡Soy negro!”, rememora. Todavía no estaba listo para escribir Dinero. Señalaría después que “estuvimos viajando por el aire y el tiempo. Viajé por primera vez a Estados Unidos en 1958, y el país me gustó tanto, que me quedé casi un año”. Llegaron en el Queen Elizabeth y para el efecto, su hermano y él se cambiaron de nombre: él sería Marty, y Philip, más original, Nick Junior. 

PERO AHORA 

Ahora está en las librerías, El roce del tiempo, su más reciente libro de ensayos. Allí habla de Donald Trump -cómo no-; de la industria del porno de California reporteada in situ; de la reina de Inglaterra y de Maradona. Entonces hace un repaso obligatorio del delirante macho argentino. Y por supuesto de sus machos Alfa en materia literaria: su Saul Bellow -que a la muerte de Kingsley lo declaró hijo suyo-, su Vladimir Nabokov, y su Hitchens. “Con Christopher Hitchenks teníamos un matrimonio homosexual no consumado”, dijo cuando el autor de Dios no es bueno, murió. Era su mejor amigo. El roce del tiempo contiene la oferta de un Amis más inocente, más joven y menos del terror. Porque sus libros anteriores tienen zonas de violencia brutal, desde La flecha del tiempo (sobre Auschwitz, 1991), Perro Callejero (2003), a Koba El Temible (2005, sobre Stalin); o Lionel Asbo, el Estado de Inglaterra (2014), y La Zona de Interés (2015, más sobre los campos de concentración nazi).  “Si la ideología fuera una droga sería como la heroína, y la religión, la metadona”, analiza Amis, que no da tregua. Pero es probable que todo, y antes y después de todo, fue para caer al lago sin fondo de esa gran historia de amor tenebroso que sucede en el Gulag soviético -los campos de trabajos forzados, esclavitud para disidentes -, llamada La casa de los encuentros (2006).  Hay una frase escrita en el pecho de uno de los prisioneros rusos: “Podrás vivir, pero no amar”. La historia, contra todo pronóstico -porque partió siendo solamente una novela política- es puro corazón. 

AMIS 1 Y AMIS 2

“Todos necesitamos una buena carcajada de vez en cuando”, anota en La información. Ese humor descalabrante que es la marca de la casa, su amuleto, los modales de los Amis. Imposible olvidar que hay dos Amis: Kingsley y Martin, y a veces nadie se pone de acuerdo en si Amis es el hijo de Kingsley, o Kingsley el padre de Amis. Por ahora su expansión mundial nos da un atisbo de la risa maravillosa de estos dos capullos, estos gamberros, como dicen sus impasibles traductores españoles, que en medio de ataques de risa han llevado al castellano un idioma que se despliega y expone totalmente, infinitamente. No todos tenemos, o a lo mejor sí, a Shakespere y a Wilde en el ADN. Porque en cuanto al lenguaje, Martin es el padre de Kingsley, y de cualquiera. Imposible desconocerlo. Se dice que es el mayor estilista de su generación. Además, el mejor de su laborioso equipo: vade retro Mac Ewan. Cuando lo lees -toda esa brillantez formal, toda esa opulencia-, te das cuenta hasta qué punto el lenguaje es insuficiente. Martin es la continuación de Kignsley por otros medios. “Un compañero mío me preguntó con deferencia cuál de los libros suyos le recomendaba. Lucky Jim, respondí yo. Lo compró, y una noche entré en su cuarto y lo encontré vomitando en el baño, con lágrimas en las mejillas, recuperándose de un ataque de risa provocado por la novela”, declara.En su arriesgada vejez, 20 novelas después de su debut, Kingsley Amis escribió tres libros sobre el alcohol y sus ceremonias. Fue un especialista en resacas: era un valiente. Sir Kingsley Amis tomaba media botella de whisky y dos copas de vino al día, descontando las cervezas.Abandonado por su segunda esposa -la escritora Jane Howard, hace muy poco rehabilitada literariamente por el propio Martin- se volvió fóbico e incapaz de pasar una sola noche solo, hasta que su hijo escritor le consiguió una estadía final e indefinida, misericordiosa, en la casa de su madre y su tercer marido.  Él lo adoraba, a pesar de que él no terminó de leer Dinero: dijo que no pudo soportarlo. Sus comentarios habrían herido a un hijo más normal, menos fuerte. 

CENSURADO POR FIN

En los años 70 Martin era rabiosamente atractivo, y llegaba a redacción del Times, donde escribía sobre libros, con uniforme hippie, pelo largo, camisa floreada, botas tricolores (sic) cubiertas por apretados y acampanados jeans pata elefante. “La droga ideal para un escritor es la marihuana. No sirve para escribir, sino para volar”, aconseja hasta hoy. “Escribe borracho, edita sobrio”, decía un gran alcohólico como Ernest Hemingway. Estudió en Oxford, como Kingsley, y siempre se burló de su tono apitucado. El suyo es más natural. “En esa época estaba de moda ser fino”, contaba. Durmió finamente en el suelo, en cualquier parte, en los años 70. No con fines recreativos, sino experimentales. Asegura que sus personajes tiemblan cuando se les acerca, pero sus dos libros sobre el Holocausto fueron casi su perdición. Hasta los campos de concentración nazi alcanzó la tolerancia de críticos y lectores. Incluso de los editores: Gallimard se negó a publicar La zona de interés en Francia, y en Alemania hicieron otro tanto. Martin lo había hecho por fin. Lo censuraban.  A propósito de la caída del Muro de Berlín, Ivan Klima -subraya irónicamente el escritor- le dijo a Philip Roth: “Los paranoicos han mejorado, pero los neuróticos están empeorando”.

INFIDELIDADES PACTADAS

Se dice que las infidelidades -pactadas- terminaron con su matrimonio con Antonia Philips, madre de sus dos primeros hijos. Es una forma de resumirlo, pero en 1997 todo se juntó: la muerte de su padre, su separación escandalosa seguida de su matrimonio con la norteamericana Isabel Fonseca, y una pelea de escándalo con su amigo Julian Barnes. Foco de controversia, morbo e insultos, en 2011, Amis abandonó el campo (es decir Londres) llevando consigo un adelanto de 500 mil libras conseguidas por Andrew Wylie, alias El Chacal, el más peligroso de los representantes de escritores del mundo. Estaba rompiendo también con Pat Cavanahg, la mujer de Barnes, hasta entonces eficaz agente de los dos. El adelanto era por La Información, que terminó siendo una divertidísima novela sobre dos amigos escritores. Uno es el fracasado, el otro el bestseller. El ganador es de una tontería agotadora y una ceguera impresionante, y el perdedor, un tipo cargado de odio y de humor involuntario, que intenta una y otra vez matarlo, o por lo menos conseguir que un sicario le dé una paliza inhabilitante. Por supuesto, el que termina todo quebrado en el hospital es él. En un lanzamiento de libros en Estados Unidos, una mujer del público se acerca al escritor triunfante y le dice: “No todo el mundo te ama”. Eso mismo le dijeron al autor de La Información en una feria del libro en Los Ángeles, y se sintió realmente halagado. La frase era increíblemente útil para la novela. En el mercado editorial se dice que Amis está a la baja. Ahora se habla de un nuevo brit-pop literario, y uno de los grandes adelantos (como 250 mil euros) lo recibió una mujer: la premiadísima inglesa-jamaicana Zadie Smith, nacida en Londres en 1975. Y eso por unas pocas páginas del manuscrito de su novela Dientes blancos. Andrew Wylie no solo es un chacal, ha dicho Amis: “Wyle es un sepulturero”. Por la capacidad del agente norteamericano para hacerse con los derechos mundiales de los escritores muertos, entre ellos y bien especialmente, con los de la obra de Roberto Bolaño, pasados en un golpe de mesa desde la española Anagrama a la multinacional Random House Mondadori. Dinero, vil metal. Fue a partir de esa transferencia de energías, desde el corazón del Dream Team, que Amis pasó a vivir en un barrio inaccesible de Nueva York. De alguna manera allá no lo alcanzaría ese odio que aún no había conocido. Aparte, su actual esposa es una heredera millonaria, hija del gran escultor uruguayo Gonzalo Fonseca. Ella es escritora, y su primera novela trata de una infidelidad masculina. Cada uno tiene su estilo y su estudio -lo más alejados del otro posible-. Amis se declara “un feminista utópico”. Pero las feministas no lo quieren. Cuando Nueva York resultó demasiado pequeña para contenerlos, vivieron durante tres años –“los mejores de mi vida”- dice él, en José Ignacio, Punta del este. Pero Londres lo llamaba. Volvió cuando había pasado casi una década de la ola más alta del rechazo de sus amigos y de los pro nazis y los pro estalinistas. En medio de todo, sostiene una relación de amor y odio con el cine, y la adaptación de Campos de Londres con Ambar Head y un cameo de Johnny Deep, resultó en una película considerada un bodrio. 

CON LA REINA EN SU REGAZO

“Estoy a favor de la familia real en la realidad, pero en contra en la ficción”, ha dicho. Sir Kingsley Amis fue invitado varias veces a palacio, por la reina en persona. Le contó a su hijo que después de cada uno de esos encuentros con Isabel II “tenía sueños eróticos”.  “¿Qué ocurre en esos sueños eróticos?” preguntó. “Pues nada, ella está sentada en mi regazo, la siento, la toco, la beso…”, respondió. Uno de los personajes de Perro Callejero es el rey de Inglaterra, un supuesto Enrique IX acosado por un chantajista y por la prensa amarilla. Pero la incursión de Amis en Buckingham es sólo la de alguien que ha tomado un par de veces la mano (enguantada) de la muy anticuada y bastante simpática soberana. En esa novela hace una mezcla tipo DJ con un incómodo reportaje suyo sobre la pornografía, que aparece allí en ficción, siempre detalladamente, siempre atroz. “Ahora entiendo por qué a las mujeres no les gusta la pornografía”, concluye. “Creo que el sexo fallido, el fiasco sexual, es un tema literario perfectamente válido, pero el sexo exitoso no”, continúa. De los ingleses se ha dicho siempre que “tienen tan mala comida como buenos modales en la mesa. También mal sexo -escribe Miqui Otero-, eco de ese pasado victoriano en que hasta las piernas torneadas de la mesa del comedor se tapaban recatadamente con el mantel”. Por lo demás, los ingleses siempre han hablado mal de su país. En eso son muy poco chilenos. Pese a un conglomerado de carísimas operaciones dentales (“que han costado el rescate de un rey”), Martin Amis no muestra los dientes, por lo menos no literalmente. En una entrevista para El País, Ampar Moliner lo describió: “No se ha vestido para recibirnos, o tal vez sí. La clase alta inglesa a veces practica el dressing down, vestir de manera descuidada. Tiene los ojos muy azules, de un azul intenso de traje, aunque algo enrojecidos”. Los libros de Saul Bellow están por todas partes. Y él es un buen anfitrión. Ofrece té, café, cerveza. Toma cerveza. Está con jet lag. -¿Podría sonreír, señor Amis? -le pregunta un fotógrafo. -¿Para qué? -responde él. sml


PRIMERO NADADOR, LUEGO ACTOR, DESPUÉS MODELO DESCUBIERTO POR MARIO TESTINO Y HOY EMPRESARIO GASTRONÓMICO CON BASE EN ESTADOS UNIDOS Y SERIAS GANAS DE EXPANDIRSE A AMÉRICA LATINA. ESTE PERUANO DE 30 AÑOS, QUE SE HIZO VIRAL COCINANDO SIN POLERA, LE PONE POCAS O NINGUNA BARRERA A SU PULSIÓN POR PROBARSE EN DISTINTAS CANCHAS Y LO HACE CON ESTRATEGIA Y CUERPO DE ATLETA. AQUÍ, UNA CONVERSACIÓN QUE SE INICIÓ EN EL PASADO CARNAVAL DE RÍO, DONDE FRANCO NORIEGA DESFILÓ DISEÑOS DE JEAN PAUL GAULTIER, Y CONTINUÓ POR FONO SANTIAGO-NUEVA YORK, DONDE VIVE HACE AÑOS.

El recuerdo es nítido. La primera vez que vi a Franco Noriega fue un sábado por la tarde, días antes de que comenzara el Carnaval de Río. Yo estaba echada en una reposera del Copacabana Palace, con la mirada perdida en la piscina, cuando entre tanto cuerpo en traje de baño, uno destacaba por completo: el de un tipo alto, de rulos desordenados, brazos, pectorales y abdominales al descubierto y trabajados con dedicación, que con un short rojo, zapatillas, una mochila en la espalda y un skate en la mano atravesaba la escena para salir del hotel. “Estupendo”, pensé, y seguí en modo avión. No volví a mirarlo hasta dos días después cuando, por alguna razón que desconozco, una de mis hermanas, que sabía las razones de mi viaje a Brasil, me mandó un mensaje del estilo “mentira que estás con Franco Noriega” y una breve, pero contundente explicación de su “fama” continental, avivada por los videos en que cocina de torso desnudo; virales que llamaron la atención, incluso, de Ellen DeGeneres, que lo entrevistó en su show. Supe entonces que el tipo del skate era el modelo peruano elegido por el diseñador francés Jean Paul Gaultier para desfilar sus diseños en el sambódromo, motivo de mi estadía en Río. Los siguientes cinco días, el tipo del cuerpo esculpido por los dioses fue mi compañero de trabajo. Mismos desayunos, mismos almuerzos, mismas van para trasladarse de lado y lado. Mismo team. 

¿Cómo se hace para sentarse frente a un hombre descomunalmente atractivo y que ese ruido mental no contamine cada saludo, cada diálogo?

Franco Noriega lo hace fácil: es educadísimo y gracioso. Como ese compañero de colegio que siempre hace reír y a la vez escucha. Fue cuestión de tiempo para que en la terraza del mismo hotel, mientras desayunábamos, yo le preguntara por qué diablos en su plato había ocho huevos duros y aprovechara el vuelo para aclararle que los musculosos no son lo mío. Que un tipo de 30 años estaba fuera de mi radar. Que un modelo Dolce & Gabbana no me interesaba en los más mínimo. Rompió en carcajadas. 

Meses después, retomamos el diálogo y vía telefónica sostuvimos esta conversación Santiago-Nueva York, donde ha hecho su vida. 

Actor, modelo, chef, empresario. ¿Qué eres, finalmente? 

Me defino como una persona multifacética. Me mudé aquí, a Nueva York, para estudiar canto y actuación en la American Academy of Dramatics Arts, hace casi 12 años, y en este tiempo he ido aprovechando las oportunidades que se me han ido presentando en el camino. Llegué y se presentó la posibilidad de modelar. Mario Testino me “descubrió”. Es una carrera que me ha dado muchísimas cosas interesantes en mi vida, soy quien soy –en cierta manera- gracias a los años que vengo modelando. Después de un tiempo en eso, de haber trabajado para Calvin Klein, Dolce & Gabbana y Hugo Boss, llegó el momento en que se puso un poco monótono. Vengo de una familia de restoranteros. Mis papás tienen varias  cadenas de comida en Perú, entonces fue un poco natural para mí pasar a la gastronomía. Estudié en el French Culinary Institute, aquí en New York.

Antes de todo eso, fuiste nadador. 

Desde los 12 hasta los 17 fui nadador profesional y estuve en varias competencias internacionales. La natación, lo que aprendí de ella, ha sido fundamental en mi vida. Cuando eres atleta piensas en metas. Metas a corto y mediano plazo. Siempre tienes una meta que lleva a otra cosa más grande. Y ahora en mi vida, veo las cosas que hago con metas, constantemente estoy poniéndome dónde quiero llegar. La disciplina es otro tema. La natación es un deporte extremadamente voraz, que requiere muchísimo esfuerzo y, obviamente, una mentalidad muy fría, porque realmente las milésimas de segundo cuentan. He pasado por la natación, por el modelaje, por la comida y ahorita estoy en la música, una de mis pasiones y uno de los motivos por los que salí del Perú.

¿Qué te sigue conectando con Perú?

Mis orígenes en Perú y mi familia son de las cosas más lindas que tengo. Tuve la suerte de crecer en una familia muy consolidada. Mi familia es todo, lo sigue siendo. Tengo una hermana, Andrea, un año mayor, mi compañera de vida. Mis padres trabajaban muchísimo cuando éramos pequeños, estaban muy enfocados en hacer crecer el negocio familiar gastronómico y no estaban mucho en la casa. Estábamos con Andrea casi todo el día al cuidado de Delfina, que nos crió y a quien considero como mi madre. Tengo recuerdos muy lindos de nosotros siempre juntos, principalmente en la cocina, con Delfina cocinando. Con mis papás, en tanto, viajábamos muchísimo fuera del país y ese era el momento en que ellos podían realmente desconectarse y darnos su atención al 100%. En Lima mi vida era muy apegada al mar. Me encantaba correr en tabla. 

¿Te costó emigrar a Estados Unidos?

Es que cuando decidí salir del Perú ya había viajado muchísimo. Cuando nadaba,  todos los veranos -de enero a marzo- partía a algún lugar a entrenar. México, Argentina, Brasil, Estados Unidos, incluso estuve en Chile entrenando en el Estadio Italiano. Fue muy natural para mí tomar la decisión de buscar nuevos horizontes y nuevas propuestas. Y Nueva York era una ciudad que a mí me traía una ilusión muy grande. Todo lo que veía de NY siempre era muy cinematográfico. Es increíble, porque ya llevo aquí 12 años y sigo sintiendo lo mismo por esta ciudad. 

¿Cómo fue ese primer contacto con NY?

Fue increíble porque venía de estudiar Administración y Negocios Internacionales en la UPC de Perú y llegar a esta ciudad me cambió completamente el formato al  estar expuesto a tantas culturas y todos persiguiendo el arte. Dos años después conocí a Testino. 

Estudiaste actuación, pero no hiciste carrera en eso.

Decidí aprovechar la oportunidad del modelaje. Pero durante ese tiempo de formación como actor, pude conocer lo que significa la exploración, la exploración cuando uno va creciendo, en ese momento yo tenía 17-18 años, acababa de llegar, todavía era un teenager. Ese nivel de libertad que te da una ciudad como NY y estudiar una cerrera como Arte Dramático, que finalmente es tan libre y te abre la mente de tantas maneras, abre tus emociones y te puedes poner en diferentes papeles. 

Cuéntame de tu experiencia con Testino. 

Fue surreal. Lo conocí por una amiga de mi mamá. Me encontré con él un martes, en el Soho, me hizo unas polaroids, muy rápido, de frente, de costado, 3/4; y me dijo “seguimos en contacto”. Dos días después me llamó y me dijo: “Franco, te acabo de bookear para la campaña de Dolce & Gabana que es en Londres y tu avión sale mañana”. El viernes estaba viajando a Londres para hacer una campaña. 

¿Qué tal la vida de modelo en ese nivel?

El modelaje te abre las puertas de una manera impresionante, conoces lugares  impresionantes, los mejores hoteles y fiestas. 

¿Es distinto al circuito del modelaje femenino?

El mundo de modelaje de hombre, a diferencia del de la mujer, efectivamente es más limitado. Es por eso que decidí también buscar otros horizontes en la cocina. Las mujeres pueden llegar a ser súper modelos y los hombres realmente no. Puedes trabajar toda tu vida de modelo, la carrera es muy, muy larga, incluso más que la de la mujer, porque el hombre en verdad se pone mejor con el tiempo, pero no es tan bien pagada. Es más bien un trampolín para llegar a hacer otra cosa. 

¿Cómo te han caído las acusaciones de abuso contra Testino?

Sólo puedo hablar de mi experiencia con Mario, siempre de muchísimo respeto. Es un excelente fotógrafo. Creo que definitivamente el mundo de la moda necesita fotógrafos como Mario y lo extrañamos a morir. Las acusaciones que ha recibido por parte de otros modelos son cosas que realmente no puedo imaginar. Sé que él  es súper bromista y sensual a la hora de hablar, bromea mucho con el sexo y creo que es parte de esa picardía que hace que sus fotos sean tan provocativas, porque en pleno set siempre hay una especie de broma en torno a eso. Pero más allá de la broma, realmente no ha pasado. Espero que regrese muy pronto a la  moda, porque definitivamente se le extraña. 

¿Cómo fue tu paso desde la moda a la cocina?

Trabajé en Macy’s un tiempo, como director creativo de las líneas millenials, y luego, con ganas de hacer algo distinto e influenciado por la tradición de mi familia y también del Perú, estudié en el Internacional Culinary Center en el French Culinary Institute con la idea de abrir un restaurante. No sabía en ese momento cómo se llamaría, sí sabía que iba a ser un restaurant de comida peruana. En Perú cocinamos mucho con la brasa, una manera muy latina también de cocinar. Primero abrí Brasa y un día estaba caminando en el Lower East Side, en Manhattan, y vi un lugar pequeño, casi listo para abrir. Decidí entonces abrir Baby Brasa. Es un restaurante de sesenta mesas. Hacemos comida orgánica peruana.  No hay nada mejor que comer rico y saludable. Tiene también, un concepto joven, cool. 

Un antes y un después lo marca tu performance cocinando sin polera. 

¡Definitivamente! No hubo mucho brainstorming detrás. Estaba en mi casa, muy cómodo, muchísima gente siempre me decía “oye, Franco, qué comes para lucir así” y, en paralelo a estar abriendo el restorán, comencé a dar tips sobre mi sistema de alimentación. Me hizo sentido hacerlo sin camisa para que la gente pudiera ver que, efectivamente, si se come de esta manera, pueden obtener mis resultados. De tips, estos videos escalaron a virales y fue así que me invitaron a shows como el de Ellen DeGeneres. Eso marca algo muy interesante en mi carrera: la atención del público hacia ver un contenido nuevo, una propuesta diferente. 

Eres bien estricto en tu dieta. Cero alcohol, ocho claras de huevo al desayuno y harta restricción. ¿Vanidoso o saludable?

No hay mucha vanidad. Tomé muchísimo en un momento de mi vida, pero hace casi ya diez años que dije “no más alcohol”. A lo más me tomo de vez en cuando una copa de vino, pero no es que me encante la sensación que da el alcohol. Y bueno, las ocho claras de huevo, es mi desayuno porque tengo un metabolismo extremadamente acelerado, entonces comer tanto huevo en la mañana me da la oportunidad, primero, de llenarme; pero también hay cerca de seis gramos de proteína por huevo y ahí ya son casi 50 gramos de proteína en la mañana y súper limpia, libre de grasas. Es una súper forma de empezar el día. En un lugar como Río de Janeiro es perfecto: me levantaba en la mañana, me tomaba un jugo de frutas, las claras de huevo, y me iba en skate por toda la playa de Ipanema y Copacabana hasta Leme. Ese tipo de desayunos te carga para poder hacer un full día de ejercicios. 

Pero te reconoces guapo 

Gracias por el piropo, pero la verdad es que no lo pienso tanto. Es evidente que mi apariencia me ha abierto puertas, por supuesto; pero por otro lado, en la contraparte, hay este estereotipo que un chico guapo o una chica muy linda puede ser algo tonto o tonta, y creo que es a veces un poco tratar de probar que el estereotipo es incorrecto en mi caso. 

Estás viviendo un momento bien especial en NY: el #Metoo por un lado y Trump por el otro

El movimiento #Metoo le ha dado voz a muchísimas mujeres y hombres que se han sentido expuestos al acoso sexual en entornos profesionales. Es muy importante porque ha empoderado a muchísima gente y creo que en momentos como los de hoy, con un presidente como el que tenemos, que dice lo que quiere sin ningún tipo de censura, este movimiento es muy necesario para la humanidad. SML


Después de 8 meses de trabajo, el emblemático Hotel Termas de Chillán, encumbrado en plena cordillera de Ñuble, reabrió sus puertas en medio de la temporada de invierno. Quienes conocían el hotel se encontrarán una grata sorpresa: 113 habitaciones relucientes, un spa de tres pisos, la incorporación de un nuevo café, bar y restaurante completamente modernizados; todo con una decoración cuyo principal actor es la llamativa naturaleza de la zona. ICC Inmobiliaria, la empresa dueña del hotel y ligada al empresario Guillermo Harding, se propueso hacer de este lugar uno más acogedor, familiar y moderno, con espacios más íntimos y una identidad chilena única, pensada para que los visitantes puedan vivir una de las mejores experiencias de montaña que del país. El imponente bosque que rodea al hotel fue la inspiración para dar forma a su interior, que cuenta con materiales naturales, especialmente madera nativa, piedras del propio valle y cobre chileno para otorgar calidez a las áreas comunes. “Construir un diseño elemental, incorporando lo natural y abstrayéndose de sus morfologías para traer el paisaje al interior fue parte del objetivo, así como mimetizar la arquitectura con el entorno y lograr consistencia con el lugar. Fue esa la generatriz que inspiró el trabajo arquitectónico”, dice el arquitecto jefe del proyecto, Rodrigo Caldera. El interiorismo y decoración fue desarrollado simultáneamente con la arquitectura del proyecto, donde se trabajó de manera conjunta el concepto inicial. La decisión fue actuar en concordancia con la naturaleza y, además, añadir el rescate de artesanías identitarias de Chile. El conjunto le otorga al hotel una personalidad chilena cordillerana única en su clase. “Este es un hotel con denominación de origen chileno, que rescata la artesanía criolla para resignificarla con innovación y tecnologías”, finaliza Cuevas, arquitecto experto en interiorismo de hoteles y a cargo de la decoración del proyecto.   


Cuando la humanidad (que siempre es mucho decir) leyó El espía que surgió del frío, John Le Carré aún estaba en el Servicio de Inteligencia Británico. Había sido reclutado en Oxford, y todavía se llamaba David John Moore Cornwell. Era su primer año de súper ventas imparables y loca publicidad. Obviamente debió abandonar el Servicio. Era el principio de los años 60, y él tenía 32 años. Sólo tres décadas después habló de esa doble vida de su vida. Por supuesto, en el M15 y el M16 comenzó a ser “muy impopular”. Y los espías de la KGB comenzaron a leer sus novelas, en ese punto, en ese vortex donde la realidad deriva y alucina con la ficción. Le Carré es la Guerra Fría. Una gran estética en blanco y negro. Como las polaroids (que vuelven a estar de moda).

Toda la saga de Bond, James Bond, el agente 007, se basa en Le Carré. Los códigos de sus espías designan un sucio casting: en el Circus se habla de La Lavandería, Los Faroleros, La Competencia, Los Cazadores de Cabelleras. La Guerra Fría ya fue, pero sigue siendo bastante hot. Es una de las madres de todas las batallas. 

Sus agentes se portan “con penosa naturalidad”. En el fondo, todos son actores. Y bueno, La Lavandería significa una oficina encubierta, La Competencia es la CIA o la KGB, Los Faroleros son los extras pagados para vigilar y seguir personas, y Los Cazadores de Cabelleras, “los ejecutores”, los sicarios. Casi todos freelance. Todos canjeables si son de segunda mano.

En 1974, con El topo, novela de una brillantez extrema, puso sus indignadas cartas sobre la mesa y estuvo a punto de concluir que los dos bandos eran igual de malos. Quizás una diferencia a favor de su propio lado fuera que en Rusia hace demasiado frío. Y bueno, detesta Siberia con todas sus consecuencias.

Lo intrincado de sus tramas son clases avanzadas de lógica que demandan lectores de alto CI: para qué vamos a hacer las cosas fáciles si podemos hacerlas difíciles. Es que Le Carré te abre un mundo.

SI TÚ TE RESFRÍAS,

A MÍ ME DA PULMONÍA

Es decididamente, un mega autor: diez películas se basan en sus textos. Sus primeras novelas son la reducida, tozuda y ex imperial Inglaterra, contra las friolentas estepas rusas, el oro de Moscú, las fervientes matrioskas, el olor a ajo, el entonces incruzable Muro de Berlín. 

En 1963, en El espía que surgió del frío, regresaba el tipo, con el corazón roto y los pasaportes falsos del mundo detrás del muro. Del más allá de la Cortina de Hierro. Volvía listo para morir por alguna módica verdad que no era el amor, la política ni el dinero. Y al mismo tiempo era todo eso, resumido en la palabra ética.

Le Carré escribe sus novelas antes y después de la Perestroika. Durante un lote de tiempo abandonó a sus agentes secretos con permiso para matar y escribió otras cosas, pero en 2017 publicó El legado de los espías. Ahora tiene 87 años y al único que quiere complacer -y no siempre- es al lector. En cuanto al poder, él compara su trabajo con el de los buenos periodistas, y tiene su propia verdad. Uno tiende a pensar que entre su primer y segundo libro, los aparatos policiales secretos del mundo tuvieron que hacer fuertes ajustes. Habían sido desenmascarados en una operación de un solo hombre casi tan expansiva como la de Wikileaks.

Probablemente, todo el espionaje del siglo XX tuvo que reencriptarse, reprogramarse y comenzar de nuevo por completo. Un viraje en 180 grados, quizás. O quizás no. Después de todo sus novelas operan como manuales de ataque y fuga de un alcance planetario. 

O porque sus personajes tienen razón por las razones equivocadas. 

Como escritor, es un mago.

EL HUÉRFANO QUE LIMPIABA

ELEFANTES

Nacido en 1931 en Poole, Dorset, Inglaterra, todo en su vida empezó mal. Fue abandonado por su madre a los 5 años y criado por sus abuelos. Su padre era un delincuente. Un estafador de alto vuelo: confirmado.  “Mi padre era un sinvergüenza y mis abuelos eran personas muy respetables”. 

Por puro romanticismo, su primer trabajo fue limpiar elefantes, cuando se escapó de su casa a los 16 años. Fue profesor del dorado Eton College. Ingresó al cuerpo diplomático británico, y luego fue agente secreto de su Graciosa Majestad, casi una década. “Nunca revelaría nada de aquel tiempo”, advierte.  

Aunque sus novelas se ríen a gritos de esa frase. Se dice que su notorio enemigo fue Kim Philby, el doble agente británico al servicio de la Unión Soviética que lo delató a él y a decenas de sus compañeros. Su vida en episodios raros aparece y reaparece como un submarino en sus novelas. 

Casado dos veces, padre de tres hijos y un tímido incorregible -reseña el diario El Mundo, de España- huye de las cámaras de televisión y apenas da entrevistas. Rechaza los premios, los títulos y las distinciones, y opina de política con santa indignación.

“He sido huérfano, interno en el Gulag de la enseñanza británica, cristiano fallido, desgraciado, virgen durante demasiado tiempo, marido precoz, espía, amante desesperado con aventuras continuas y bastante idiotas. Supongo que maduré demasiado tarde”.

Como el Graham Greene de El americano impasible, y Nuestro hombre en La Habana (que francamente lo rebasa a mil por hora en belleza, cuando Le Carré iría, digamos, a 909), cree en los valores ingleses. Pero no es una Suiza ni un paraíso fiscal: él toma partido. Y su partido es el de sus antihéroes heridos, mal vestidos, cómicos, crónicamente prófugos. Su lado es Occidente y Whitehall, aunque con reparos. 

El Circus maneja multitud de informantes y agentes “comprados de segunda mano” e información supuestamente secreta para intercambiar con los rusos, o los chinos, o los japoneses, “en épocas de carestía”. A los tipos canjeables los mantienen “en el almacén”.

El acceso a la crueldad es ilimitado. 

“A diferencia de los europeos, los americanos piensan que una guerra sirve para algo. Y ellos han perdido (o no ganado) todas las guerras. La Segunda Guerra Mundial la ganaron los soviéticos, al coste de treinta millones de vidas”, afirma. 

LA FIRMA QUE HIZO LAS PIRÁMIDES

Le Carré es demasiado inteligente, y lo son sus apasionados y gélidos personajes y sus maquinaciones. En El topo -quizás su mejor novela, impensable sin El espía que vino del frío- el nudo de la historia, al principio parece ser el perdido, sumergido y desactivado ex agente inglés Jim Prideaux. Visto por el aristocrático agente que lo descubrió en la universidad para ser reclutado:

“Cualquier día iremos a verlo, ya que no pide más que estar en mi compañía o la de mis perversos y divinos amigos. En resumen, me ha nombrado su Mefistófeles particular, y estoy enormemente emocionado por tal honor. Mide unos dos metros y medio y parece construido por la misma firma que hizo las pirámides”.

Esa es una de las tres mil formas en que el escritor va dibujando su personaje, en un acercamiento progresivo que termina en gran close-up. El escritor argentino Ricardo Piglia plantea que todo cuento son dos cuentos: uno va en la línea de arriba, y el segundo en la línea de sombra, y hete ahí que al final, lo que emerge, es el secreto, es esa segunda historia. Se aplica perfecto a la novela de espías: al elusivo Jim Prideaux lo sigue lentamente, uno de los íconos de Le Carré: el ex agente George Smiley. ¿Para salvarlo? ¿Para desenmascarar al topo infiltrado desde hace años entre los ingleses?

En esa cacería del Topo se desplazan la novela y el lector, y el narrador jamás cederá la delantera, porque si algo sabe el británico es de tensión narrativa. ¿Quién es el fákin topo? ¿Habrá que recurrir, como en las novelas de Agatha Christie, a la teoría del mayordomo?

No. El hacedor de espías esconde las cosas donde se puedan ver bien.

EL PROBLEMA DEL AMOR    

Las bambalinas de esa serie -que es la trilogía de Smiley- son los emocionantes casinos clandestinos, los altos camiones cruzando las carreteras de la niebla inglesa, los bosques negros del invierno, los desalentados pubs de barrio bajo, la indestructible lógica tristona de Smiley, un tipo demasiado fino -tiene ni más ni menos que un Callot y un Van Mieris en su departamento- para su apariencia de hombre menudo, engordado, envuelto en un abrigo que le queda inmenso. 

Smiley “necesitaba tanta ayuda como un jabalí”, lo describe de un paraguazo. No había tenido infancia, como el escritor. Y, además, está enamorado sin retorno de una Ann que decididamente le pertenece, descubre, a otro hombre. -¿Cómo está Ann? ¿sigue estando como quiere? -le preguntan. Él responde: Sí, lo pasa bomba. 

Cuando “todo” Londres sabe que Ann “había vivido de un modo extremadamente alocado aceptando a cuantos demostraban desearla. A Smiley le constaba que Ann intentaba enterrar algo que la atormentaba. Pero Smiley no sabía qué hacer para llegar hasta ella”.  

“Cuando Ann lo abandonó, también lo abandonó la mujer de la limpieza. Y sólo Ann tenía la llave”. Cuando se entera de que ella y su nuevo amante están en Immingham, la cosa es: “¿Y qué diablos hacían en Immingham? ¡Por amor de Dios! ¿A quién se le ocurre tener una aventura amorosa en Immingham? ¿Y dónde se encontraba Immingham?”.

Absurdamente, la quiere. Es una tibieza que ha perdido y que lo separaba demasiado bien del mundo. Así que durante meses olvida que su propio Servicio tiene el conocimiento de configurar “redes de amantes” para desestabilizar o chantajear a cualquiera.  

COMO OLEADAS DE HUMO

Obligados de mala manera a una vida inexplicable, diestros en interrogar y en ser interrogados hablando poco, sus espías son más duros que un bistek barato, como diría él mismo. Y tan inciertos como las estructuras políticas que los sostienen. La apoteosis sería La casa Rusia, que filmaron Sean Connery y Michelle Pfeiffer en 1990.

Le Carré hace correr al atrapado lector tras él, y es un refinado constructor de lugares:  “Como oleadas de humo, la lluvia bajaba por la parda campiña de Quantock, cruzaba veloz los vacíos campos de cricket. O (la lluvia) tamborileaba sobre todas las cosas. O un tren pasó vacío de noche y dejó un vacío aún más grande”. 

O: “Era la casa más fea a varias millas a la redonda. Había sido construida por un millonario abstemio”.

Sobre todas las cosas, ese humor TAN inglés. La cocina, los empapelados y la decoración de interiores británicos pueden ser muy malos, pero su humor es imbatible.

Durante su juventud, el escritor había cruzado la puerta del mundo de los servicios secretos: conspiró en el sótano de la Guerra Fría. Sus espías de novela son reclutados en Oxford, como él mismo, hablan cuatro idiomas y el método deductivo (aparte del manejo de armas convencionales y no) es su trabajo sin horario. Suelen ser encantadores, arrasadores, y eso es parte del equipaje.  

“¡Pobrecitos, adiestrados para parar las olas del mar!”, suspira una ayudante del Circus, ese centro de todos esos centros. 

A partir de los 80, cuando el escritor cerró los asuntos de la KGB, aunque el mal tiempo continuara, se desplazó hacia un problema grave: el dinero. No cree que el dinero no huela, el non olet de la antigua fórmula romana. “En Rusia no existe el dinero limpio”, aseguraba en 2010. 

“Me fascinan los mecanismos del blanqueo del dinero”. En Panamá fue donde vio por primera vez un “hotel negro”. Era propiedad del narco Pablo Escobar. “Allí los llaman hoteles de la cocaína. Son enormes, pero nunca nadie pernocta en ellos. Están vacíos. Si uno llama, le dirán que están completos. Y cada semana sale un camión repleto de dinero supuestamente procedente de la gestión hotelera, rumbo a un banco para lavarlo convenientemente”.

“Cuanto antes entre el dinero negro en el círculo del dinero legítimo, mejor para el sistema, aunque proceda de las más horrendas fuentes”. 

De algún modo, muchas veces volverá sobre el tema de Rusia, sospechosa ahora de amononar el Brexit. “Rusia es un estado criminal”, declaró el año pasado. “Fueron de los zares blancos a los zares rojos y ahora están bajo los zares grises. Es una nación sin ninguna experiencia democrática”. 

Los rusos aman a su país y les aterroriza el caos, dirá. “El truco para gobernar a un gran país es convertirlo en víctima. Ya sea con ocasión de las Torres Gemelas o la amenaza chechena. Inventamos los enemigos que necesitamos”. 

Voilá. 

Y sus historias siempre en alguna parte, nos asaltarán con La Gran Escena Horrorosa, la parte incomestible. Esa parte que uno puede negarse a ver en el cine escondiéndose en la butaca del frente. Escenas de violencia inhumana que pueden pasar en Checoslovaquia, en Berlín o en Kenia (donde viajó el ya casi anciano Le Carré a documentarse para El Jardinero Fiel). O en Londres, en París, en Praga. El espía es ubicuo como los ángeles. Está respaldado por la moral de los ángeles, hasta que la pierde, él calcula que a la altura de los 40 años de edad, el tiempo estadístico de la desilusión. 

Lo suyo es mental: su héroe es un hombre de papel al que podemos oír pensar, y que -por un agudo sentido estético- tiene poco de la guapeza del agente 007 -con mención especial del último, Daniel Craig, ese bellísimo ruso.

Mientras tanto, su famosísimo Smiley aborrece los cigarrillos Camel, porque son norteamericanos. A ratos encuentra que los gringos y la Competencia están más a la derecha que Genghis Khan. Y lo cierto es que al Le Carré real también terminó cargándole Gran Bretaña, aunque sea inglés hasta los huesos. 

 “Después de publicar El Topo -contaba-, viajé al sudeste asiático y escribí El honorable colegial. Fue la primera vez que dije `tengo que mover el culo y salir de la Guerra Fría`. Comencé a interesarme en el postcolonialismo y en la situación de Chechenia y de Ingushetia, que utilicé en Nuestro juego”.

Hace ocho años publicó La canción de los misioneros, que sucede en El Congo. “Me gustan las historias de los que tienen menos posibilidades de triunfar, y El Congo es el mayor perdedor de todos. Es una absoluta tragedia”. Describía al país con no más de 50 kilómetros de carreteras asfaltadas, atravesadas por el furor criminal de los minerales, los diamantes y el oro. Más dinero sucio. Entonces, “había mucha cultura tribal y muchos enfrentamientos entre clanes, y una ausencia impresionante de todas las otras estructuras”. 

 “En las cinco horas que pasé en Bukavu, en Congo oriental, hubo dos disturbios. Era una situación en extremo inestable. Había mucha capacidad intelectual en el país, que se sentía como electricidad estática. Y personas maravillosas que de repente me preguntaban: ¿Qué opina de Camus?, con un marcado acento francés de Bélgica. De vuelta y después de trabajar en el libro durante nueve meses, un día encendí la televisión y vi cómo todo se desarrollaba en directo delante de mí”. 

NUESTRA BESTIAL ORGANIZACIÓN

“¿Desde cuándo la ambición es un pecado en nuestra bestial organización?”, se ríe uno de los jefes del Circus, en medio de un alto saque de tenis. A veces, en los vacíos entre uno y otro ataque, de una misión secreta a otra, los espías de sus novelas juegan a hablar como pieles rojas, quién sabe por qué. “AO, Gran Lobo Negro”, dicen, por ejemplo, para iniciar una conversación banal sobre la persistente sospecha de que Gran Tribu, Grandes Sistemas Occidentales, estar al borde de la quiebra. Desmoronándose un poco más siempre. 

Porque “la paz se ha vuelto una sucia palabra, ¿no?”, pregunta Le Carré desde una de sus penúltimas páginas. 

“La identidad del espía es tan parecida a la naturaleza del ser humano -ha dicho- que el lector no tiene dificultades en identificarse con él. Tenemos pensamientos secretos que no comunicamos a nadie, ni siquiera a quienes más amamos. Quizás precisamente porque los amamos. Nos ponemos máscaras, vestimos disfraces. Fingimos mucho en nuestra vida. En una novela de espías, el lector te acompañará, porque todos somos espías”. SML


AMOR A PRIMERA VISTA


Texto Francisca Pérez-Cotapos Fotos Pedro Roca y Axel StÜrken

Una bocanada de su aire salado. Ese que marino y engavionado anuncia la presencia de un mar que se presiente, pero que no llega ni llegará, bastó para saber que había llegado a puerto. Al puerto más fascinante y emblemático del norte de Europa, que casi tan antiguo como la ciudad misma, fuera fundado en 1182 y que es hoy el segundo puerto europeo más importante después de Rotterdam y noveno en el mundo.  

Hamburgo, ciudad de mil caras, ciudad de contrastes, donde lo sofisticado y lo sórdido parecen haber llegado a un sano acuerdo y conviven en perfecta armonía, donde lo único evidente es la elegancia y el agua que la rodea, su sobria, franca, rotunda y casi despiadada elegancia. Lo demás toca descubrirlo.

Cuna de Karl Lagerfeld y Jill Sander, la ciudad respira clase. Lo hacen sus construcciones, sus blancas villas art nouveau con estrechos jardines y embarcaderos privados, sus calles, parques, gentes y hasta sus autos, todos negros.

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CADA MINUTO EL OCÉANO RECIBE EL EQUIVALENTE A UN CAMIÓN DE BASURA DE PLÁSTICO EN EL MUNDO. PARA EL 2050, HABRÁ MÁS PLÁSTICO QUE PECES EN EL MAR. SE ACABAN DE ENCONTRAR RESTOS PLÁSTICOS EN EL LUGAR MÁS PROFUNDO DEL OCÉANO Y EN EL AGUA Y NIEVE RECIÉN CAÍDA EN LA ANTÁRTICA. “LA LUCHA CONTRA EL PLÁSTICO ES LA GRAN BATALLA MEDIOAMBIENTAL QUE ENFRENTA HOY LA HUMANIDAD”, ASEGURA GREENPEACE. ¿QUÉ SIGUE MÁS ALLÁ DE LA PROHIBICIÓN DE BOLSAS DE PLÁSTICO?


Texto Rodrigo Barría Fotos Biblioteca Greenpeace

En abril pasado, el estudio Human footprint in the abyss: 30 year records of deep-sea plastic debris dio a conocer un récord del que nadie podría sentirse orgulloso: el hallazgo de una bolsa plástica en la fosa de Las Marianas, ubicada al este de Filipinas, a 10.898 metros de profundidad, la parte más honda de los océanos del mundo.

“Que se haya confirmado la presencia de plástico en el punto más profundo de nuestros océanos revela que el tema requiere una solución urgente. Existe una responsabilidad corporativa que no se puede eludir. Necesitamos que la industria comience a liderar el cambio e implemente a la brevedad estrategias innovadoras para no seguir elaborando este material que ha terminado por invadir nuestros mares”, dice Soledad Acuña, coordinadora de la campaña antiplástico de Greenpeace en Chile.

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“MI ÚNICO PROBLEMA ES NO SER GENIAL. ESTOY EN LA SEGUNDA LIGA, NO ENTRE LOS DIOSES”, DIJO LA “MUJER MÁS BRILLANTE DE INGLATERRA” EN LOS AÑOS 80. LA MEJOR DISCÍPULA DE SHAKESPEARE Y DE WITTGENSTEIN, DAMA COMANDANTE DE LA ORDEN DEL IMPERIO BRITÁNICO, CASADA DURANTE CUARENTA Y CINCO AÑOS CON EL MISMO SEÑOR, JOHN BAYLEY, TUVO UNA VIDA DE NOVELA DE MURDOCH. MONÓGAMA PLATÓNICA, BISEXUAL, DIVERTIDA, ESCANDALOSA Y TAN FASCINANTE QUE EN SU PRIMER AÑO EN OXFORD RECIBIÓ SEIS PROPUESTAS DE MATRIMONIO. “YO SABÍA QUE ERA CAPAZ DE SEDUCIR A CUALQUIER HUMANO”. “IRIS, RECUERDOS IMBORRABLES”, DIRIGIDA POR RICHARD EYRE, CON KATE WINSLET Y JUDI DENCH SE FILMÓ DESPUÉS DE SU MUERTE SOBRE UN GUIÓN DEL VIUDO BAYLEY. QUE ESTUVO A PUNTO DE ROBARSE LA PELÍCULA.


Texto Mili Rodríguez Villouta

Tenía, como diría Oscar Wilde, “una de esas caras inglesas que vistas una vez se olvidan para siempre”. Pero también un encanto y una mirada rabiosa impactante. En sus novelas hay un reparto de alcohólicas, dandis, asesinos, promiscuidad a todo vuelo, amores locos. Y diálogos cómicos, fulminantes.

“Estaba ávida de movimiento, de acrobacia, de ruido”, dice de su juventud. Su primera novela, Bajo la red, comienza con un disparo en los despachos de Whitehall. Era 1954, al tiro fue un best seller y está anotada como una de las 100 grandes novelas del siglo XX. Murdoch tenía un efecto impredecible, un factor X: inmediatamente estableció contacto con un público que iba mucho más allá de los territorios mentales de Oxford, de donde ella venía. Iris había nacido en Dublín, en 1919, pero creció en Londres en calidad de niña prodigio. De madre cantante y padre funcionario, como si fuera una excéntrica Tenembaum, a los 13 años ya publicaba ensayos y obras de teatro.

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COMO NOS CAMBIA LA VIDA UN CHARQUITO DE AGUA. UN CHAPUZÓN, UN PIQUERO, UNA SIESTA POST PLAYA NO TIENEN PRECIO. PERO CLARO QUE DE POCO SIRVE UNA PISCINA O LOS MÁS DE CUATRO MIL KILÓMETROS DE COSTA CHILENA SI NO SE CUENTA CON LA INDUMENTARIA AD-HOC PARA APROVECHARLOS. Y OJO, QUE NO NOS REFERIMOS A CUALQUIER TAPARRABO; PORQUE NADAR, RETOZAR EL SOL O HACER ESCALOPA ES UN ARTE, Y COMO TODO ARTE, LA FORMA ES TAN IMPORTANTE COMO EL FONDO. 


Texto Richard Sharman Ilustración Ignacia Hofmann

El traje de baño es una especie de marcapasos de la moda. Abran cualquier álbum de fotos, revista o registro veraniego del pasado y podrán de inmediato identificar la década, o incluso el año en que se tomó tan solo pesquisando los trajes de baño de moda. ¿El traje de baño surfista?, muy 2000; ¿el preppy? muy 2010; ¿el preppy rallado?, muy 2013; ¿el corto-corto brillante? muy 70’, y así sucesivamente.  No obstante, podrán sin falta encontrar un infiltrado atemporal y desvergonzado, sea cual sea la década. Hablamos, por supuesto, del traje de baño con nariz. No hace falta mayor introducción que su nombre para de inmediato invocar la desafortunada imagen de algún familiar culpable de la trompa de lycra.

No se equivoquen: el traje de baño con nariz no es algo vintage, old school, setentero ni ‘de natación’. No, no. Es síntoma, únicamente, de total falta de empatía con el espectador. Un mal innecesario y una dosis fálica no solicitada.

La buena noticia es que evitarlo es sumamente sencillo, y no hay que sacrificar absolutamente nada de comodidad para lograrlo.

Si no quiere traje de baño tipo short, recurra al speedo tipo trunk que otorga movilidad, comodidad y además compasión con el prójimo.