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Reportajes

Ayrton Senna

20 octubre, 2014

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Tiempo de lectura: 7 minutos

MUCHO SE DICE QUE AYRTON DA SILVA SENNA CONOCIÓ EN VIDA LO QUE ERA EL PARAÍSO. SUS TRIUNFOS, SU FORTUNA, SUS MUJERES Y SUS VIAJES LO COMPRUEBAN. PERO NO TODO ERA TAN BONITO COMO SE CUENTA. SENNA SE IBA PARA ADENTRO, SUFRÍA MUCHO LAS DERROTAS Y LAS INJUSTICIAS. “EL SISTEMA ME HA JODIDO MUCHO”, DIJO UNA VEZ. 
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Texto: Soledad Reyes del Villar  Fotos: Getty Images

1 de Mayo de 1994. En el circuito de Imola se fue uno de los automovilistas más grandes de todos los tiempos. Para muchos, el más grande. Fue un fin de semana trágico para el automovilismo internacional. Se corría el gran premio de San Marino.
El día anterior en las clasificatorias había muerto el piloto Roland Ratzenberger, en otra curva del mismo circuito. El impacto para todos sus compañeros fue tremendo. Sid Watkins, el legendario doctor de la Fórmula 1, cuenta que al ver a Senna tan afectado le preguntó por qué no abandonaba las pistas de una vez. La respuesta fue más que clara: “No puedo”. Jamás imaginó que menos de 24 horas después estaría asistiendo al propio Ayrton en su trance mortal. Perdió el control del auto y chocó contra un muro en la curva de Tamburello, a más de 300 kilómetros por hora. Una barra de suspensión atravesó su casco, perforándole el cráneo. Tal vez algo presentía. Siempre calentaba dando dos vueltas antes de empezar una carrera. Era su cábala. Ese día, inexplicablemente, dio tres.
En el helicóptero que lo llevó al Hospital Maggiore de Boloña estaba clínicamente muerto. Se fue pocas horas después. Brasil entero se paralizó. Ayrton Senna fue despedido con funerales de Estado, y se decretaron tres días de duelo nacional. Dos millones de personas lo acompañaron hasta el cementerio de Morumbí. No era para menos. “Es lo mejor que nos ha dado Brasil”, lloraba la gente en las calles. De eso han pasado 20 años. Y hasta el día de hoy los fanáticos siguen dejando flores en la maldita curva de Tamburello. Y los monumentos, premios y conmemoraciones abundan por Brasil.

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Hace tres años se estrenó el documental Senna. Muy recomendable, tiene buenas imágenes y testimonios menos conocidos sobre su vida. Es el único oficial, apoyado por la familia del piloto y por la fundación Ayrton Senna. Su director, el británico Asif Kapadia, consiguió material exclusivo y archivo inédito sobre algunas carreras. Juntoa su equ ipo, estuvo seis meses recopilando material, en Inglaterra, Francia, Brasil, Italia, Japón. Y se nota. Muestra al Senna hombre, no tan sólo al piloto. Porque los premios y logros de Senna son de sobra conocidos. Tres veces campeón de Fórmula 1 (1989, 1990 y 1991), la mayor cantidad de pole positions (65, hasta que un audaz Michael Schumacher lo sobrepasara, recién el año 2006), 41 victorias, 80 podios y casi 3 mil vueltas a circuitos.
Y también es de sobra conocido que en el automovilismo corren los millones a nivel internacional. Entre publicidad, auspicios, campeonatos y premios abundan los dólares. Los derechos para televisar las competencias son, y seguirán siendo, millonarios. Por lo mismo, hay muchos intereses de por medio. Y Ayrton Senna no dudaba un segundo en denunciar cuando “en las carreras había tanta política”, como dijo más de una vez.
Para nadie es un misterio su eterna rivalidad con Alain Prost. Cuando en 1988 Ayrton se integró al equipo McLaren, Prost ya era doble campeón mundial y, además, el líder indiscutido del equipo. Fue el propio francés quien insistió para que Senna se incorporara. “Era el piloto con más talento, y para mí el equipo era lo primero. Normalmente, cuando tomo una decisión no me arrepiento de ella, pero hoy veo que definitivamente me equivoqué esa vez”, dijo en una entrevista en 1998. Prost era metódico y competitivo, no dejaba nada al azar. El Profesor, le decían. Y el presidente de la FIA, el también francés Jean Marie Balestre, siempre actuaba en su favor. El documental lo deja muy en claro.
La relación se fue tornando cada vez más áspera, hasta que dejaron de hablarse.
Los medios hicieron de las suyas con esta fascinante rivalidad. Las declaraciones de Senna del estilo “Prost quiere guerra” o “él no intenta mejorar, piensa que atacar es más fácil, más cómodo”, eran el alimento de los comentaristas deportivos.
1989 fue un golpe duro para Ayrton. Chocó con Prost en plena competencia del circuito Suzuka, en Japón. Prost se bajó indignado de su auto y partió a hablar con los jueces. En cambio Senna logró reintegrarse a la carrera y llegó primero. Pero la FIA lo descalificó por su “manera irregular” de volver a la pista, con ayuda externa. Fue eliminado de la competencia, le suspendieron la licencia por seis meses y tuvo que pagar una multa de cien mil dólares. “Fui tratado como un criminal”, afirmó en la conferencia de prensa. Por su parte, Prost decidió retirarse de McLaren, para integrarse a Ferrari. No quería saber nada del piloto brasilero. “Me pone muy furioso”, declaró.

El documental “Senna”, disponible en Netflix (2014), es el único oficial apoyado por la familia del piloto y por la Fundación Ayrton Senna.
LOS BRASILEROS LO IDOLATRAN.
SENNA ERA UNA ESPECIE DE LEYEN-
DA EN VIDA. SEMIDIOS, LE DECIÁN.
SUS TRIUNFOS SUBÍAN EL ÁNIMO A
400 MILLONES DE COMPATRIOTAS.
EN 1986, AL MISMO TIEMPO QUE
BRASIL ERA ELIMINADO DEL MUND-
DIAL DE FÚTBOL EN MÉXICO, SENNA
GANABA EL GRAN PREMIO DEL ESTE
EN EL CIRCUITO DE DETROIT. TUVO
LA BUENA IDEA DE LEVANTAR LA 
BANDERA BRASILEÑA AL LLEGAR A 
LA META, COSTUMBRE QUE NUNCA
MÁS ABANDONÓ.
El auto de Senna luego de chocar a 300 km. por hora en la curva de Tamburello. Una barra de suspensión atravesó su casco perforándole el cráneo. Hasta hoy los brasileños dejan velas en la “maldita” curva.

Ayrton nació en marzo de 1960, en Sao Paulo. Hijo de Milton da Silva y Neyde Senna, tuvo una infancia acomodada junto a sus hermanos Vivianne y Leandro. A los cuatro años sorprendía a los vecinos con su extrema habilidad en un auto a pedales que le había hecho su padre.
De ahí a los kartings hubo un corto paso. A los ocho años le ganaba a competidores que le doblaban la edad, y a los trece ganó su primera carrera en el circuito de Interlagos.
Ya a los 20 vivía en Inglaterra, completamente dedicado al automovilismo profesional. Fue en esa época cuando decidió adoptar el apellido de su madre, porque el suyo era complicado para los ingleses.

Su primera Fórmula 1 la corrió en 1984. Prácticamente nadie lo conocía. Cuando se estaba acercando peligrosamente a Prost, los comisarios terminaron abruptamente la competencia por las malas condiciones climáticas y la poca visibilidad que había en la pista, según dijeron. Estaban en la vuelta 31, con cuatro segundos de diferencia. Para Ayrton, esto fue su primera gran injusticia. Pero siguió adelante. Y, por cierto, se hizo conocido en el mundo entero.
Al año siguiente, cuando su compañero Martin Donnelly sufrió un accidente que lo dejó fuera de las pistas para siempre, Senna dijo conmovido: “Me di cuenta que no abandonaría mi pasión. No estaba listo para abandonar, por más que temiese continuar”. Era muy competitivo. Corría para ganar, no para segundos lugares. “Cuando logras ganar, no puedes parar de intentarlo”, decía. Su talento era incomparable. Corría como los dioses, haciendo volar el auto en la pista. Con lluvia era más diestro todavía.
Los brasileros lo idolatraban. Senna era una especie de leyenda en vida. Semidiós, le decían. Sus triunfos subían el ánimo a 400 millones de compatriotas. En 1986, al mismo tiempo que Brasil era eliminado del Mundial de Fútbol en México, en cuartos de final por la selección francesa, Senna ganaba el Gran Premio del Este en el circuito de Detroit. Tuvo la buena idea de levantar la bandera brasileña al llegar a la meta, costumbre que nunca más abandonó.
Ayrton Senna también fue conocido por sus mujeres. Se casó una sola vez a los 21 años con Lilian Vasconcelos, su amiga de toda la vida. Juntos se fueron a Inglaterra, pero sólo estuvieron ocho meses. Él estaba empezando su carrera profesional, y ella se sentía inútil en la casa, sin siquiera hablar inglés. “Me anulé totalmente para apoyarlo. Ese fue mi gran error. Con el paso del tiempo, comencé a creer que mi presencia molestaba”, declaró tiempo después. De ahí en adelante se le achacan múltiples romances. Con Cindy Crawford, con Carol Alt, con Cristine Ferracciu, con Fernanda Barbosa, con Adriane Galisteu, con Elle Macpherson y con tantas más… Pueden ser rumores, aventuras pasajeras o amoríos de una noche. Quién sabe. Pero mujeres nunca le faltarían. Buenmozo como él solo, con ese estilo, esa fama y esa billetera, muchas daban lo que fuera por pasar un fin de semana en su mansión de
Anga do Reis. Algunas más turbias que otras. Como la modelo Edilaine Barros Gonçalves, más conocida como Marcella Prado.
Cuando nació su hija, en septiembre de 1993, ella proclamó a los cuatro vientos que el padre era Senna. Y él murió decidido a hacerse el examen de ADN. Ella siguió insistiendo, hasta que el año 2000 la familia del piloto, a pedido del Tribunal de Justicia de Rio de Janeiro, se hizo los exámenes de rigor. Como era de esperar, los resultados fueron negativos. Le quitaron el saludo para siempre.
Fue a Xuxa a quien trataron como a la viuda. Ella era muy famosa en Brasil, antes de conocer a Senna. No necesitaba de su nombre para promocionarse. Era independiente y muy rica. Tal vez por eso mismo su mediática relación no pudo prosperar. Porque la carrera de Ayrton estaba en Europa, y la de Xuxa en Brasil. Y ninguno de los dos estuvo dispuesto a renunciar a nada. “Así como él quería una persona que lo acompañase en los grandes premios, yo quería alguien que me acompañase a mis compromisos”, contó Xuxa tiempo después.
Senna fue un hombre humilde, virtud más bien escasa en el mundo del automovilismo. A los 31 años dijo que en la vida le faltaba mucho por aprender como ser humano, porque de piloto ya le quedaba poco. Quería ser padre y llevar a sus hijos a Disney, sueños que no alcanzaría a cumplir.
Dedicó buena parte de su tiempo y fortuna en ayudar a los niños más pobres de Brasil. Creyente convencido, la presencia de Dios la sintió siempre mientras corría. Incluso más de una vez confesó que llegó a verlo en plena carrera. Sus detractores se burlaban de su fe, diciendo que se creía inmortal. Claramente no lo era.
Y por mucho que él se empeñaba en decir que pocas personas lo conocían de verdad, eso a nadie le importaba. Era querido y admirado. Y dejaría un recuerdo imborrable en su país y en el mundo. Porque lo único cierto es que Ayrton Senna fue un ídolo por donde se le mire. No se sabe hasta cuándo los brasileros y el mundo seguirán llorando su partida. SML

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